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Full text of "Relacion del incendio de la Compañia acaecido el 8 de diciembre de 1863"

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DEL 8 DE DICIEMBRE DE 1863. 



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RELACION 



DEL 



lililí 1 LA GOMPADIA 

ACAECIDO EL 8 DE DICIEMBRE DE 1863, 

PRECEDIDA DE UNA RESEÑA HISTORICA SOBRE EL MISMO TEMPLO; 

ACOMPAÑADA DE IMPORTANTES DOCUMENTOS RELATIVOS AL INCENDIO, 



una nómina de los que perecieron en él, los censos oficiales formados hasta la fecha 
por orden de la intendencia de Santiago 



I UNA LAMINA LITOGRAFIADA 

QUE REPRESENTA LA IGLESIA EN EL ACTO DE INCENDIARSE. 



♦ M 



SANTIAGO. 

IMPRENTA DEL ¡FERROCARRIL, calle de la Bandera, núm. 39. 
HK = 1864 = 



ADVEKTENCIA. 



La presente publicación tiene por objeto satisfacer un 
deseo jeneral, sentido desde los primeros momentos de 
la catástrofe del ocho de diciembre. 

Ha sido ese acontecimiento tan funesto, de tan impor- 
tantes cuanto tristes resultados, que pasará a la posteri- 
dad atónita, aun, cuando considere sus pormenores. En 
este sentido la relación que hoi damos a luz, proporcio- 
nando los datos mas exactos que ha sido posible obte- 
ner, servirá, sin duda, sino como documento incontro- 
vertible, al menos como un punto de partida reconocida- 
mente exacto. 

Se ha cuidado especialmente de formar una relación 
cierta e imparcial de lo sucedido, i para este objeto se 
ha tomado por base todas las relaciones parciales pu- 
blicadas por la prensa, a propósito del grande aconteci- 
miento. 

Él censo de las víctimas del incendio, la parte mas 
interesante, sin duda, de este libro, ha merecido una es- 
pecial atención. Ademas de las listas rectificadas que se 
dieron a luz por la prensa, se contienen los cuadros ofi- 
ciales de las subdelegacionas que hasta la fecha han po- 



IV 

dido formarlos. Se puede, pues, asegurar que en esta par- 
te el presente libro merece la fe de los que lo consulten. 

Van agregados también al cuerpo de la obra algunos 
documentos, no tan interesantes como el suceso princi- 
pal, pero de gran valía para la historia. Todos ellos, es- 
meradamente correjidos, tienen un carácter de autenti- 
cidad incontrastable. 



RESEÑA HISTORICA 



La primera iglesia de la Compañía fue edificada, no en el sitio que 
ocupa la actual, sino en el centro de la manzana que los jesuitas se pro- 
curaron para su Colejio el año de 1593, 52 años después de la funda- 
ción de Santiago. 

Llegaron aquellos relijiosos a la capital en número de ocho, presidi- 
dos por el padre Baltazar de Piñas (que fué su primer provincial) el 
lúnes santo, 12 de abril de 1593, i se hospedaron en el convento de 
Santo Domingo. 

Pero apé ñas había pasado el dia de pascua, se reunió el pueblo, el 
cabildo i la clerecía para designar a los misioneros el sitio en que de- 
bían edificar su claustro i su iglesia. 

El sagaz Piñas declaró, sin embargo, en aquella reunión, que ni él 
ni sus compañeros querían gravar en lo menor al pueblo de Santiago, 
empobrecido por cuarenta años de guerra, i afirmó que el ánimo de la 
órden "era no tener lugar fijo en Chile sino recorrer todas las comar- 
cas." — "Esta conducta eminente nente política de los jesuitas, dice el his- 
toriador Eizaguirre (t. 1. ° paj, 99) les concilió aun en mas alto grado 
la benevolencia del pueblo." 

Pero éste no quiso aceptar por motivo alguno aquella manifestación 
de sincero o finjido desprendimiento. I luego al punto, cuenta el padre 
Alonso de Ovalle, uno de los primeros fundadores de la orden en Chile 
(páj. 337) diciendo i haciendo junttron entre todos la limosna que bas- 
tó para comprar una de las casas mas principales del lugar, una cuadra 
de la plaza i de la Catedral, a que el mismo dueño acudió con ochocien- 
tos pesos que remitió de su valor i aunque no costaron entonces mas 
de otros tres mil i seiscientos, se estimarían en tiempo de paz, según lo 
advierte la historia, en diez mil." 

Eaificóse, en consecuencia, en el solo espacio de seis semanas, una 
capilla provisoria en el centro del claustro, i se puso bajo la invocación 



— 2 — 

dé uña reliquia que los jesuítas habían traído consigo. Era esta la cabe- 
za de una de las Once mil vírjenes de Colonia, según los primitivos his- 
toriadores de la orden. ¡Fatídica ofrenda hecha al sitio del que debian 
volar al cielo de una sola vez tantas almas virjinales! 

Pero en aquel edificio se hizo en breve estrecho para la devoción de 
los fieles, pues el templo de los jesuítas, que monopolizaban casi total- 
mente la dirección de las conciencias por el confesonario i la predica- 
ción, se hizo desde el principio el favorito del público como lo fué ¡ai! 
hasta su última hora. 

En consecuencia, dos años después se echaron los cimientos de un 
nuevo templo en el lugar que hoi ^ocupan los escombros del que fué 
ayer el recinto de cita i de plegaria de todas las almas cristianas de la 
capital. 

Dos antiguos capitanes, sintiéndose ya viejos i áeaso arrepentidos de 
pasados yerros, juntaron su caudal i por escritura pública de 12 de 
octubre de 1595, lo endosaron a los jesuitas para edificar su iglesia. 
Llamábanse aquellos piadosos soldados Agustín Briseño i Andrés de 
Torquemadá, nombre, empero, que parece respirar el humo de las 
hogueras: 

Treiñtá i seis años duraron los trabajos dé erección dé este nuevo 
templo, que vino a ser el mejor de Chile, pues tomó parte en el fervor 
de todos los habitantes de Santiago (1). Habiéndose comenzado en 
1595, solo se terminó en 1631. "Fuése trabajando a toda costa (dice el 
jesuíta Olivares en su historia manuscrita de Chile, cap. 19), i se levan- 
tó una iglesia de cal i canto mui capaz i honrosa, cubierta con cinco pa- 
ños*, llena toda de artesones, primorosamente dispuestos. La capilla 
máyor quedó Con mucha capacidad, se levantó sobré cuatro robustas i 
bien proporcionadas columnas i cuatro arcos torales : se cubrió con una 
media naranja de madera, bien enlazada i ajustada, i firme al parecer 
de todos." 

Échase de ver por ésta descripción que la arquitectura de la Compa- 
ñía es la misma que ha prevalecido hasta su destrucción ; i en efecto 
en él grosero dibujo que de ella presenta al padre Ovalle en su histo- 
ria impresa, se ve la cúpula antigua i una torre alta i endeble eri el 
mismo sitio que ocupaba la única que estaba concluida en su frente. 

Aquella segunda i suntuosa iglesia de los jesuitas estaba destinada, 
sin embargo, a una existencia bien efímera, porque todo es aciago en su 
hiitoriá. 

Hacia apénas 16 años que habia sido consagrada, cuando fué arrasa- 



(1) "El hermano Miguel de Telena, cuenta el padre Ovalle (páj. 339 de su Histo- 
ria) uno de estos ocho fundadores de este eolejio (i murió después de haber trabaja- 
do muchos años en la iglesia que tenemos hoi de piedra, con grande edificación i 
ejemplo), me solia contar varias veces que aquellos vecinos antiguos tenian un modo 
de zelos, unos con otros, sobre quién favorecía mas a la Compañía, en tanto grado 
qu$ frfc ¿ttStfó c&<Jstufto de que ie acudiese primero que el otro ninguno." 



da desde sus cimientos por el espantoso terremoto del 13 de mayo de 
1627 que todavía conmemoramos. "El templo de la Compañía, dice el 
obispo Villarroel en su famosa carta al rei dando cuenta de aquella 
catástrofe, quedó asolado todo. Murió el padre José de C ordo va, mui 
humilde i mui gran obrero. La iglesia de estos padres, añade el prelado, 
costaria cien mil ducados.;? 

Pero ya los jesuitas habian echado en el país por la riqueza i el 
dominio espirituales raices demasiado profundas, para que las arrancase 
una sola catástrofe. Por esto su tercera iglesia, que es la que acaba de 
parecer por la cuarta vez, no hizo sino renacer mas vasta i mas suntuo- 
sa de sus escombros. 

Empleóse cerca de medio siglo, o gran parte ele la segunda mitad del 
siglo XVII, en reedificar la iglesia, pues aunque no tengamos sobre 
esto un dato fijo, la tardia manera como se ejecutaban aquellas obras nos 
autoriza para creer que solo en los primeros años del siglo pasado debió 
estar completamente habilitado el nuevo templo, con su inmensa torre 
en el frontispicio, sus bóvedas sepulcrales i su magnífico reloj, la obra 
maestra del arte chileno, que hoi sirve todavía al público en la torre de 
Santa Ana. 

Pero aun esta nueva i magnífica construcción, delante de la que 3a 
Catedral era solo un rancho pajizo, situado en un ángulo de la plaza i 
a distancia de dos cuadras (pues la actual iglesia Metropolitana, que 
solo está separada de la Compañía por unas pocas varas, solo fué cons- 
truida en la mitad del pasado siglo i parte del presente), tuvo también 
una existencia precaria. La fatalidad parece haber sido el! símbolo 
funesto que ha presidido a la erección de aquellas bóvedas que antes cu- 
brían un sótano de muertos, que cobijaron después las cenizas de tantas 
personas ilustres o queridas trasladadas a su pavimento del cementerio 
jeneral i que hoi parecen haber sepultado en mil fragmentos la alma 
entera de los chilenos! 

En la sériede terremotos que comenzó el 8 de julio de 1730 i que se 
prolongó durante dos angustiosos meses, la nueva iglesia fué completa- 
mente arruinada, aunque su fábrica no se vino al suelo como en 1647 e 
En el informe que levantó en una ocasión el obispo de Santiago i que 
publica Gray en los documentos de su historia (t. 2.° páj. 478) se cuen- 
tan con estas palabras los daños sufridos por el templo. "La iglesia de 
la Compañía, dice el obispo, era también de cal i canto i bóvedas de 
hermosa arquitectura, siendo la mesma planta que la de esse collegio 
imperial ; esta, es verdad, no se vino al suelo, mas han quedado tan 
desplomadas sus murallas i tan arruinados algunos arcos de sus bóvedas, 
la testera del altar mayor se descubre mas de una cuarta de desplome i 
lo mesmo ha padecido la fachada de su puerta principal, como también 
la torre, que no solo se gastará mucho dinero en deshacer lo que se halla 
inservible, sino que será necesaria la dirección de persona mui práctica 
para echar abaxo lo arrumado, para que se eviten los riesgos de los que 
trabaxaren." 



Háse creído equivocadamente que esta ¡segunda ruina fué causada 
por un incendio ; mas este error está desmentido por el documento que 
acabamos de citar i por las apariencias mismas que conservaba la iglesia 
ántes de ser devorada por las llamas en 1841. Si hubiese sido incendia- 
da hace un siglo, como se cree, la torre que se quemó en 1841 no 
habría tenido el aspecto vetusto que todos recordamos, i cuya fecha no 
podía ser sino anterior al siglo XVIII. 

Pero, a pesar de esto, la iglesia quedó en una condición peor que si 
hubiese sido destruida ; pues es seguro que en esa época los omnipo- 
tentes jesuitas la habrían reedificado por tercera vez con mayor mag- 
nificencia ; miéntras que ahora se limitaron a repararla sólidamente, 
dejándola con todas las imperfecciones arquitectónicas que la afeaban 
i que han contribuido no poco a la catástrofe que lamentamos. 

Habiendo quedado trizados o deshechos la mayor parte de los arcos 
de las dos naves laterales, se reforzaron éstos con murallas trans^ersa- 
les 5 a las que se dejó solo un pequeño arco, mas como pasadizo que 
como adorno. De aquí salió la série de estrechas i deslucidas capi- 
llas oscuras que formaban las naves de los costados, arrebatando a 
la iglesia su espacio, su simetría, i junto con la prespectiva, la vista 
a los fieles. Solo las dos capillas de la entrada conservaron su pri- 
mitiva bóveda, i de aquí viene que en cierto modo estuvieran aisladas 
de la iglesia i sus puertas sin cómodo acceso a ésta, pues formaban 
como dos cuerpos aislados. En el actual frontispicio de la iglesia que 
debió ser pintado en esa época, se lee medio borrada la cifra de CCLX 
(1760); pero el último no está lejible. Esta fecha debe ser la de la 
reparación de la iglesia después del terremoto de 1730. 

Desde entonces la Compañía dejó de ser un templo hermoso, o para 
hablar con mas exactitud, desde entonces aquella iglesia fatal no fué 
sino una ruina disfrazada. Hoi mismo cualquiera puede distinguir a la 
simple vista que las murallas transversales de las naves de los costados 
se han despegado de los arcos que sostenían, por la acción de dilatación 
del fuego i su subsiguiente enfriamiento. Las murallas madres de toda 
la iglesia, sacudidas ya por la acción de varios terremotos, de dos incen- 
dios i de las construcciones mismas que se han levantado sobre ellas, 
no pueden ménos de estar en estremo debilitadas e incapaces de resis- 
tir una nueva reparación. 

Las catástrofes de la Compañía no terminaron en sus deterioros de 
1730. No hicieron al contrario sino cambiar de lugar, i desde sus 
altares derribados pasaron a las celdas de sus sacerdotes. Todos cono- 
cen la espulsion de la Compañía de Jesús, hecha de una manera tan 
sijilosa como cruel por órdenes de Carlos III. A las tres de la mañana 
del 26 de agosto de 1767, mas de 400 sacerdotes fueron arrancados a 
sus claustros i embarcados para Europa, pereciendo de ellos mas de 60 
en un naufrajio del Cabo de Hornos. 

Desde entonces la iglesia de la Compañía quedó en el corazón de 
nuestro pueblo como un monumento solitario de horfandad i de duelo . 



No tenia ni culto, ni sacerdotes, ni fieles. Decíase por el vulgo que sus 
moradores al tiempo de ser espulsados de su recinto, la habian malde 
cido i pedido al cielo que la destinara a grandes castigos. Ai! lo que no 
era sino la voz de oscuros agoreros, la mano del Señor la ha convertido 
hoi en una tremenda profecia! 

Solo en los primeros años fie este siglo la Compañía, según tenemos 
entendido, comenzó a ser rehabilitada para el culto. 

El fervoroso clérigo don Manuel Vicuña se hizo su gratuito capellán 
i se consagró con tanto celo a las misiones que daba al pueblo, que me» 
recio el báculo ele Roma i el amor de todos sus conciudadanos. 

A contar de esa época, la Compañía se hizo el templo favorito de 
nuestra clerecía. 

Pero su mismo amparador tuvo el desconsuelo de verlo convertido 
en cenizas antes de haber desaparecido él mismo de la escena del mun- 
do. ¿Quién no recuerda todavía el espantoso incendio del 31 de mayo 
de 1841, que redujo a escombros ele maderos encendidos la iglesia que 
hoi no es sino un escombro de huesos humanos? 

He aquí como un corresponsal del mismo diario {Mercurio del 3 de 
junio de 1841), para cuyas enlutadas columnas escribimos hoi apresu- 
radamente estas líneas, cuenta aquella calamidad : 

"Como a las diez de la noche, dice, uno de los superiores del Insti- 
tuto creyó sentir humo en su habitación, que está contigua a la capilla 
de la iglesia, i temiendo la existencia del fuego, se dirijió a ésta para 
averiguar su oríjen ; mas al abrirla se convenció, por la inmensa canti- 
dad de humo que remolineaba en su interior, que el fuego habia pren- 
dido dentro de la iglesia. 

Con la ayuda del sacristán, abrió una de las puertas, adonde se aba- 
lanzaron las llamas que devoraban el techo mucho tiempo hacia por la 
estension que ocupaba. Las llamas corrian en todas direcciones i mui 
pronto se apoderaron de la inmensa torre de madera que coronaba el 
frontispicio. 

"No hemos presenciado jamas espectáculo mas imponente i mas pa~ 
vorosob? 

El celo público se despertó, sin embargo, en presencia de esta catás- 
trofe con un celo tan ardiente para llevar a cabo la reedificación de la 
iglesia, que solo puede compararse al unánime clamor que hoi se alza 
al cielo para pedir¡ su demolición (1). I esta diferencia de impresiones 
no puede ser mas justa ni mas natural. En el primer incendio de la 
Compañía solo se habian quemado las imájenes de lienzo i madera que 
adornaban los altares favoritos del público devoto. Hoi lo que se ha 
quemado es un fragmento de cada hogar, se ha quemado un trozo de 
cada corazón, se ha quemado en una pira mas horrible que la de todas 



(1) Según el Mercurio del 9 de junio de 1841, en la primer semana después del in- 
cendio se reunieron 30,000 pesos para la reedificación de la iglesia. 



— 6 — 

nuestras batallas la sangre de los chilenos. Por eso la esclamacion de 
todos los labios es abajo! abajo esas funestas murallas, porque ningunos 
ojos querrían ya contemplar aquel sitio que no es siquiera una tumba 
de seres queridos sino el aparato del suplicio horrendo que nos arrebato 
tan caras vidas. 

La reconstrucción de la iglesia de la Compañía por la cuarta vez es 
un hecho contemporáneo al que todos hemos asistido i que no nece- 
sitamos recordar. No deja de ser, sin embargo, una coincidencia sin- 
gular la de que este último incendio haya tenido lugar en los momen- 
tos en que se ocupaban muchos obreros de hacer reparaciones i pintar 
toda la obra de madera del templo. Hacia solo unos pocos dias que 
habiamos visto los andamios que habían servido para pintar la encum- 
brada claraboj^a del templo. Pudiera decirse que el destino habia con- 
sentido en que se engalanase aquel edificio fatal para desplomarse para 
siempre sobre las vidas de sus fieles. 

¿Se reedificará ahora la Compañía por la quinta vez? 

Esto es lo que resolverán los que tengan corazón de hombres i fe 
de cristianos, en vista de lo que todos saben i de lo que apuntamos a 
la lijera en este imperfecto bosquejo (1). 



(1) Esta relación es tomada del Mercurio del 12 de diciembre de 1863. 



RELACION 



DEL INCENDIO DE LA COMPAÑIA 

EL 8 DE DICIEMBRE DE 1863. 



Miércoles 9 de diciembre de 1863» 

No hai memoria en Chile de un hecho mas horriblemente trájicp. 
Se nos erizan los cabellos cuando recordamos la espantosa catástrofe 
que hoi tiene sumidas en el luto a centenares de familias. La ciudad 
entera no se da cuenta aun de tan horrible desgracia. 

A las siete de la tarde de ayer el templo de la Compañía contenía 
en su recinto mas de dos mil almas. La iglesia estaba alumbrada por 
mas de 7,000 luces, ; imprudencia sin ejemplo ! Principiaba la fun- 
ción cuando se declaró el fuego. No sabemos precisamente cuál fué 
su oríjeh ; pero la versión mas común lo atribuye a la ruptura de un 
gran quemador de gas líquido colocado cerca del altar mayor, al que 
comunicó el fuego con rapidez nunca vista. 

La concurrencia, amagada por el fuego, principió a huir. Las puer- 
tas no eran sin embargo suficientes para darle paso. El terror inven- 
cible en esos casos se habia apoderado de todos ; las puertas se obs- 
truyeron completamente. Una mitad, unas dos terceras partes de la 
concurrencia habia alcanzado a salir ; el resto se agolpaba a los Ju- 
gares en donde se veia salida. Cuerpo sobre cuerpo, se formaba una 
muralla compacta i numerosa. Habia mujeres que resistían el peso de 
diez o doce, otras tendidas encima, a lo largo, a lo atravesado, en to- 
das direcciones. Era materialmente imposible desprender una perso- 
na de esa masa compacta i horripilante. Los mas desgarradores lamen- 
tos se oian del interior de la iglesia. 

Mientras tanto, el fuego habia llegado a la cúpula i tomado propor- 
ciones inmensas. En cinco minutos la cúpula despedía bocanadas de 
fuego por cada uno de sus respiraderos. En un momento mas ? no era 



mas que un inmenso castillo de fuego i las llamas se comunicaban por 
la techumbre. 

Siguió entonces un cuadro desgarrador. La concurrencia continua- 
ba agolpándose a las puertas i las puertas no permitían la salida. Cin- 
cuenta brazos formidables no bastaban a desprender una infeliz de 
aquel montón que ya principiaba a recibir los trozos de madera in- 
cendiados que se desprendían del entablado. 

Presenciamos ese momento, pero renunciamos a describirlo! ...... 

Media hora después ¡ h! jamas habríamos creido ser testigos de una 
escena mas espantosa! se no* figuraba estar bajo la impresión de una 
horrible pesadilla! Desgraciadamente era la espantosa realidad que se 
manifestaba a nuestros ojos con toda su deformidad. 

Media hora después, toda la estension comprendida entre la puerta 
principal i el presbiterio, cubierta de jente, casi todas infelices mu- 
jeres, arclia como un estenso lago de fuego. Las llamas se elevaban 
media vara sobre las cabezas. ¡Oh! aquello no es posible que haya 
tenido precedente! Centenares de personas ardían como trozos de ma- 
dera comprimidos por una fuerza irresistible! 

Veíamos desde la puerta moverse los brazos pidiendo ausilio; los 
gritos de las víctimas resonaban a dos cuadras de distancia. Madres 
que abrazaban a sus hijas, i escondían entre la multitud su cabellera 
convertida en fuego. Hijas que miraban a sus madres salvadas, incli- 
nando su cabeza con la resignación del mártir! Las infelices no tenían 
siquiera la facultad de moverse, desligaban sus manos para despe- 
dazarse el rostro en medio de la mas espantosa desesperación. Si se hu- 
biera hundido la iglesia en esos momentos, cuántos sufrimientos es- 
pantosas no se habría evitado! 

El fuego llegaba a las puertas. Se hacia esfuerzos sobrehumanos 
para deshacer la masa de jente que se había aumentado en ellas. La 
fatalidad era maldita. Por cada 15 minutos se conseguía salvar una per- 
sona, pero cada minuto eran diez vidas perdidas irremediablemente, i 
pérdidas en qué situación! A dos varas de la puerta! Hombres robus- 
tos i fornidos vimos perecer, arrimados a unas de las puertas. Sus fuer- 
zas eran insuficientes para deshacerle de !a multitud. 

Los árboles de la plazuela fueron cortados por las raices i, tomados 
del tronco, se estendió su ramaje encima de las infelices que sentian ya 
las llamas sobre sus cabezas. Un instante i, las ramas se habían con- 
vertido en ceniza. Se tiraba del tronco i las infelices quedaban con los 
ganchos ardiendo entre sus manos. 

El fuego dominó la puerta piincipal. La gritería cesó en un mo- 
mento. Entre una masa densa de llamas se distinguían cabezas que se 
inclinaban convertidas en tizones, cuerpos que se movían impercepti- 
blemente i se desplomaban en seguida. La multitud de las puertas 
estaba inmovilizada. Estátuas negras arrodilladas conservaban su posi~ 
cion, pues el movimiento les había sido imposible 

Todo había concluido ya. Eran las ocho de la noche j el fuego, do- 



_ 9 — 

minando las alturas de la iglesia, invadía los campanarios. Un cuarto de 
hora bastó para que la torre de la derecha desapareciera convertida en 
ceniza del espacio que minutos antes desafiaba con arrogancia. Un mo- 
mento después, i el campanario habia corrido igual suerte. 

Las casas de la vecindad estaban atestadas de cadáveres. Mujeres 
quemadas hasta la mitad, niños ahogados i que parecian aun respirar 
el aire de la noche, señoras respetables horriblemente maltratadas. ¡Qué 
de lamentos llegaban hasta el alma, por la3 calles i por las casas! Cuán- 
tos, enloquecidos por el pesar, querian precipitarse infructuosamente en 
las llamas para salvar a los que era ya imposible distinguir de los es- 
combros. 

Los carretones de la policía condujeron mas de cincuenta muertos i 
heridos al hospital o al cuerpo de policía. Era la parte de las víctimas 
que se habia conseguido estraer de la iglesia. Las que perecieron den- 
tro se calculan en QUINIENTAS! Algunos hacen subir el número 
hasta MIL! 

¿ Quién ha cerrado sus párpados tranquilos aun ? Toda la población 
ha pasado la noche en vela. El espanto se pinta aun en todos los sem- 
blantes. No hai casa, no hai familia donde no reine la mas cruel inquie- 
tud. Desgraciados! Todos han perdido, quién un padre, quién un her- 
mano, quién un fiel servidor! 

La catástrofe ha sido horrible. Es preciso haberla presenciado para 
comprenderla en toda su estension. Bien hubiéramos querido, sin em- 
bargo, no haber sido nosotros del número de los testigos. Un recuerdo 
doloroso se nos presentará por todos los dias de nuestra vida. La im- 
presión es indeleznable! 

Centenares de familias buscan todavía a sus miembros entre los es- 
combros, en el hospital, en la policía. Centenares de personas respeta- 
bles, de matronas ilustres, de tiernas jóvenes no han vuelto aun a sus 
hogares! Centenares de moribundos no abandonarán el terror que los 
posee sino cuando hayan abandonado también la vida que les es impo- 
sible conservar. 

¡Oh qué triste espectáculo ofrece la población! Ni cómo disipar el 
dolor, ni la incertidumbre mil veces mas terrible que la muerte! Tras- 
currirán años de años, pasarán siglos i Santiago conservará la memo- 
ria de tan espantosa desgracia. 

No sabemos detalles ni es posible saberlos en el momento de la con- 
fusión. 

Hemos visitado a última hora el lugar de la catástrofe. Hacinamien- 
tos de cadáveres informes en los huecos de las puertas ; largas hileras 
de cuerpos, de pié, perfectamente carbonizados conservan su actitud. 
Fijos todavía los ojos en el cielo, parecen implorar aun la misericor- 
dia de Dios. 

El incendio principió i terminó en la iglesia. El estrago es, sin em- 
bargo, tan enorme que equivaldría a la ruina de la mitad de la po- 
blación! 



2 



— 10 — 

Humeantes aun los cadáveres, bajo la impresión del pánico horrible 
que domina la población, es preciso convencerse de los inconvenientes 
de las funciones nocturnas de iglesia, si se quiere evitar la repetición 
de catástrofes como la que deploramos. 

Las funciones de iglesia no son necesarias para la noche. Que se 
eviten! es el grito unánime de las jentes. 

El templo de la Compañía debió ser edificado i reedificado con el 
sello de su desgracia. Que se demuelan sus murallas, que su sitio, pu- 
rificado de tan horrenda catástrofe, sirva para el uso público. Tampo- 
co hace falta una iglesia en el centro de la población i contigua a la 
metropolitana. 

{Ferrocarril.} 

Una de esas desgracias que de tarde en tarde visitan a los pueblos i 
los cubren de eterno duelo ha tenido lugar el mártes, dia de Purísima, 
en la que fué la iglesia de la Compañía de la capital. Un hermoso 
templo reducido a cenizas, muchos centenares de preciosas vidas sacri- 
ficadas, mil familias sin deudos, la ciudad toda anegada en lágrimas : he 
aquí el cuadro que nos ofrece Santiago desde la nefasta noche del dia 8 
de diciembre, terrible aniversario esta vez de otra catástrofe sangrienta: 
la de Longomilla. 

Siendo el dia de Purísima el último de la festividad del Mes de María f 
la mas popular i la mas concurrida de nuestras festividades, millares 
de devotas se agruparon esa noche para asistir a la función final que de- 
bía ser mas suntuosa que las anteriores. A las seis de la tarde era tal 
el número de la jente, que las espaciosas gradas de la iglesia i parte de la 
plazuela, como nosotros mismos lo observamos, estaban literalmente 
cuajadas de mujeres de mantón que porfiaban frenéticamente por entrar 
al templo, donde'ya a esa hora no cabia una persona. 

Pocos minutos ántes de las siete i cuando la función relijiosa iba a 
comenzar, se encendían las últimas luces del presbiterio, i por una fata- 
lidad casi inconcebible, el gas recientemente colocado en la media luna 
trasparente de lienzo i madera que servia de pedestal a una colosal i ma- 
jen de la Purísima, comenzó a incendiar una de las estremidades de 
aquel aparato. Un hombre se precipitó sobre la naciente llama i logró 
sofocarla, pero por un retroceso funesto, el gas, comprimido sin duda 
por el esfuerzo, fué a reventar con mas vigor en el otro estremo de la 
fatal media luna. En el acto se pronunció una fuerte llama. Los hom- 
bres que cubrían el presbiterio se precipitaron a la sacristía gritando 
¡agua! ¡agua! mientras que las devotas, que ocupaban las naves, se 
levantaban en tropel dando espantosos alaridos i pidiendo misericordia. 

El fuego se comunicó con una celeridad asombrosa al retablo de ma- 
dera i lienzo que se apoyaba sobre la muralla posterior de la iglesia, 
formando el último fondo de la nave central, i de aquí, atraído por la 



— 11 — 

corriente de aire que siempre circula entre el entablado superior i el 
techo, recorrrió de un vuelo toda la iglesia. En pocos minutos el cielo de 
ésta era unafnube de fuego. 

Los hombres, entre tanto, habían logrado salvar, particularmente los 
que ocupaban el presbiterio, i las mujeres habian conseguido desalojar 
la mitad de la iglesia, en medio de la confusión mas espantosa. 

Pero el mismo tropel de la jente, las personas que calan accidentadas, 
la obstrucción de los ampulosos trajes i la ansia misma por ganar la ca- 
lle, formaron al fin una barrera insuperable en las dos únicas puertas 
que por una fatal imprudencia daban acceso al aire libre hacia la pla- 
zuela i hacia el pequeño patio del costado accidental de la iglesia. 

Aquel obstáculo era la barrera de la muerte! 

I lo que nos parecia mas desesperante era que, teniendo la salvación 
de la vida al alcance de nuestros brazos, era imposible salvar una sola 
de las víctimas hacinadas una sobre otra en los mismos umbrales. Ape- 
nas los hombres jenerosos que se consagraron a rescatar algunas vidas 
a riesgo de las suyas asían de los brazos o de la ropa a alguna de las 
personas derribadas, las que estaban inmediatas a éstas, desesperadas 
por el terror i la proximidad del fuego, se tomaban, a su vez, de la vic- 
tima que iba a salvarse, i así era imposible casi desprender una sola de 
aquellas infelices i deshacer aquel nudo de horrores. El fuego hizo, sin 
embargo, en breve lo que no pudo hacer le humanidad ; i el paso de la 
iglesia consumida no estuvo franco sino cuando aquel espeso montón de 
hermosas vidas fué solo un puñado de cenizas. 

La catástrofe, no lo disimulemos, ha sido horrible. A las doce de la 
noche visitamos los escombros humeantes del funesto templo, ya con- 
vertido en un silencioso osario, i a la luz de un farol iban apareciendo a 
cada paso grupos horribles de cadáveres carbonizados que conservaban 
todavía la actitud suplicante o desesperada de su horrible martirio. 

Pero no exaj eremos el mal ni f culpemos tampoco a nadie de ser su cau- 
sa. Hai acontecimientos superiores a la previsión del hombre i superio- 
res también a su responsabilidad. Ha habido imprudencia ; el culto se 
ha convertido entre nosotros en una vertijinosa manía ; la feria de la 
novedad ha reemplazado a la adoración cristiana; i merced a los alicientes 
de un fanatismo fomentado por otros fanatismos, el pueblo devoto asiste 
con una especie de furor a estas funciones cuyo lujo se mide por la can- 
tidad de luces, es decir, la cantidad de peligros, que se hacen arder ca- 
da noche. 

Es preciso, pues, que tan terrible lección en algo nos aproveche! ISTo 
mas culto nocturno! No mas desórdenes, no mas inmoralidad! no mas 
esas cargazones tales de jente fanatizada que iba a la pecha de las igle- 
sias de moda, i que creia alcanzar así un mérito para con la relijion, 
cuando solo se hacia reo de una triste irreverencia. 

Ciérrense desde ahora mismo por un decreto supremo todas las igle- 
sias desde que desaparezca la luz del dia, salvaguardia de todo orden, 
de toda seguridad i en especial de la moral pública, mil veces compro- 



12 — 

metida en cuadros repugnantes que están en noticia de todos i forman, 
especialmente en estas grandes festividades, objeto de charla o de escán- 
dalo para las j entes honradas. 

Intervenga la autoridad local en la policía de las iglesias, respecto de 
su construcción i de los aparatos de su alumbrado. ¿En qué iglesia, no 
hai por lo menos una vez al año, amagos de incendio, en razón del uso 
imprudente de luces sobre nubes de gasa o andamies de cartón pintado? 
Díctense reglamentos que eviten la confusión, el exceso de asistentes,, 
que se mantengan las facilidades necesarias para la espedita desocupa- 
ción de cada iglesia, que haya aun, ventilación, seguridad, culto, en fin, 
según las prácticas civilizadas de todas las naciones, no según estas 
atroces manías devotas a que se deja arrastrar nuestra sociedad feme- 
nina. Si hai algo que deba reglamentarse con enerjía, es el fanatismo, 
la mas enérjica de las pasiones. 

Demuelan también desde sus cimientos ese funesto templo, que fe= 
lizmente es una propiedad del Estado, i que sus murallas dos veces en 
el espacio de veinte años cubiertas del ollin de catástrofes que han lle- 
vado el luto a toda la nación, no estén recordando a cada familia una 
víctima, a cada transeúnte el horror de estos recuerdos. 

Nos abstenemos de dar nombres i detalles sobre hechos tan aciagos. 
Confiamos mucho en que la exageración natural de las primeras impre- 
siones tenga gran parte en el duelo público i en el número de víctimas 
("muchas ai! caras!) que se suponen sacrificadas. 

Entre tanto, con el corazón henchido de justas aflicciones, envia- 
mos a todo el pais, a la humanidad entera el pésame de tan gran dolor* 

Dios lo acoja en su misericordia i del dolor de todos haga un leve 
consuelo para los que lloran una madre o una esposa! 



Toda la capital está muda de dolor i de angustia. Lamenta la mas 
horrible, la mas indescriptible catástrofe que Santiago, que Chile haya 
sufrido jamas. Nuestro corazón traspasado nos quita los ánimos para dar 
cuenta de tanta desgracia. Probemos a hacerlo, aunque la pluma se nos 
caiga de las manos. 

Un incendio horroroso ha devorado completamente en pocas horas 
el vasto templo de la Compañía, sepultando bajo sus escombros de 
500 a 800 personas que han perecido abrasadas por el fuego mas voraz. 

Principió como a las siete de la tarde por el altar mayor i, según 
la voz mas jeneral, desvie la media luna de gas que habia cerca i a los 
piés de la imájen de la Vírjen Purísima. De allí en un decir Jesús 
se elevaron las llamas ai techo i pasaron con aterrante rapidez a la 
gran cúpula de la iglesia que fué la primera parte del templo que la 
población de la capital vio incendiarse. En esos momentos de terror, 
de desesperación, de indecible confusión, las mujeres todas se lanzaron 
atropellándose a las puertas laterales de la iglesia i a la principal que 
da a la plazuela. Terminado ayer el mes de María, en cuyos dias el tem- 



— 13 ■— 

pío habia estado excesivamente iluminado como jamas lo había sido 
templo alguno, quedaba anoche una función de trisajio con plática. 
Desde las tres de la tarde empezó a llenarse la iglesia de jente de- 
vota, hasta el punto que habiendo allí como dos mil personas, no habia 
espacio para una sola persona mas sin exajeracion. Todo este inmenso 
jentío sintió un ruido que hizo, sin duda, el gas al empezar a incen- 
diar el templo, i luego vio sobre sus cabezas una gran conflagración. 
Imajínese cuál seria el pavor, ese pavor que en muchas personas em- 
barga toda acción, el tumulto, las caidas i los atropellamientos de los 
que corrían exhalando los ayes mas doloridos i los gritos mas espanto- 
sos. Todos dicen que el fuego, a pesar de la rapidez con que se fué 
enseñorean do de la iglesia, dio tiempo mas que suficiente para que 
hubiesen escapado todos si hombres hubiesen sido, i lo dio también a 
las mujeres para que se librasen todas sanas i salvas; pero todas co- 
rrieron a un tiempo, se atrepellaron cayendo unas sobre otras i enre- 
dadas en los vestidos i mantos i en las crinolinas, i se aferraron de tal 
modo entre sí, que las de adelante no pudieron avanzar un paso 
porque las de atrás las retenian con las ansias de la muerte por salir 
primero que aquellas talvez. Formaban de esta manera una cadena 
ten fuertemente unida que cuando algunos caballeros i hombres del 
pueblo entraron en los primeros momentos a sacar algunas mujeres 
atajadas cerca de las puertas, fué preciso muchas veces que cuatro o 
seis hombres sacaran a una con mucha dificultad. 

Las llamas í el humo envolvieron luego a las infelices que que- 
daban adentro forcejeando por salir afuera. "¡A mí, a mí, sáqueme 
a mí!" eran algunas de las voces penetrantes que se percibían desde 
afuera en medio de la gritería mas aterrante i atronadora. Algunas 
mujeres de las que estaban mas inmediatas a las puertas logra- 
ron salir; otras pudieron hacerse pedazos las vestiduras para des- 
prenderse i arrancar de aquella espantosa hoguera, i otras i casi todas 
salían quemadas i desmayadas por los hombres que les tendían las ma- 
nos desde afuera bien desnudas i el pelo quemado. Dos hubo que cu- 
brieron su desnudez coa capotes. Veíase con indecible horror olear por 
dentro las personas apiñadas, unas abrazadas, otras en actitud piadosa 
i suplicante, como implorando la misericordia de Dios, unas de rodillas, 
otras paradas, otras tendiendo las manos : ¡estaban quemadas! Junto 
a las puertas laterales habia pelotones o montes de jente quemada que 
las obstruían. La mayor parte de las que sacaron a mano están cadáve- 
res, así como también unas pocas que sacaron a lazo. 

Arrancados los árboles de la plazuela, los introdujeron desde el este- 
rior a los que estaban hacinados en las puertas, para que se aferraran 
de las ramas, porque el fuego i el calor impedían aproximarse, pero solo 
sacaron dos mujeres de esta suerte, hechas cadáveres. Bien pronto se 
vió a la viva luz de las llamas el espectáculo mas horrendo : aquel jen- 
tío era un espeso bosque de cráneos carbonizados. El que esto veia 
apénas, se retiraba horrorizado i con el corazón profundamente herido 



— 14 — - 

de angustia. Era aquel el verdadero infierno de Miguel Anjel, el cua- 
dro mas pavoroso i mas desgarrador que se puede imajinar. 

Se calcula en 500 las personas que lian perecido víctimas de las lla- 
mas; en este número se comprenden cincuenta hombres que quedaron 
abrasados en sus bancas sin haber podido dar un paso talvez. Esas 
almas, purificadas por los mas crueles tormentos, habrán recibido del 
Altísimo la corona del martirio. 

Entre tanto, por fuera todo era confusión : los parientes i amigos de 
las personas que habian ido esa tarde a la iglesia estaban poseidos de 
la mas honda desesperación. 

El fuego invadió luego toda la iglesia : un viento Sur hacia caer 
multitud de chispas sobre la hermosa casa de don J osé Rafael Echeve- 
rría en cuyas piezas de esquina estaba la Librería- Ajencia del Mer- 
curio. Las bombas de la policía, del teatro i de la artillería eran malas, 
insuficientes i peor servidas. ¡Ah! cuánta necesidad hubo en esos mo- 
mentos de una asociación como la de los bomberos de Valparaíso. 
Corría viento Sur. Cuando el fuego prendió en la torre de la esquina 
de la iglesia, torrentes de chispas i carbones encendidos cayeron sobre 
el tejado de la casa del Sr. Echeverría. Todos decian que se quemaría 
esa casa, sobre todo cuando vieron caer sobre una de las puertas de la 
Librería del Mercurio dándole un fuertísimo golpe, un gran madero 
circundado de llamas, del cual un pedazo penetró por las vidrieras al 
interior, según a todos les pareció. El Sr. Echeverría persistió e hizo 
bien, en no abrir puerta alguna de la librería ni de su casa. A esta 
medida salvadora se juntó la de echar repetidos chorros de agua sobre 
los tejados i el esterior del edificio. Preciso es advertir que el punto 
de calle mas estrecho que hai en Santiago es el que forman la esquina 
de la iglesia de la Compañía i la de la Librería. Habrá una distancia 
como de diez varas entre ambas. 

El desplome repentino de la torre sobre la casa referida, que se te- 
mió, no tuvo lugar : pero, no obstante, la casa i librería salvaron mila- 
grosamente, e igualmente la manzana entera i la iglesia Catedral que 
han corrido mucho peligro. 

El Presidente de la República, el Intendente i otras autoridades 
se hallaron allí presentes, tomando parte en el dolor público por tan 
espantosa catástrofe. 

La Biblioteca i Museo Nacional, que se hallaba mui cerca de la 
iglesia de la Compañía, han salvado también por una feliz casualidad. 
No habia elementos ni para estinguir el incendio de una pequeña casi- 
ta; ¡qué mas para tan inmensa conflagración que iluminó por unos 
momentos a toda la ciudad! 

En carretones han sido trasportados muchos cadáveres carbonizados. 
Junto al nuevo Congreso hai un horrible montón de quemados en cu- 
yos rostros es imposible hallar el rastro de alguna persona. 

Inmenso fué el agolpamiento de jente que habia en las calles adya- 
centes i cerca del incendio. {Mercurio.) 



Santiago está bajo la terrible impresión del incendio ocurrido anoche, 
que ha venido a sembrar la desolación i el espanto en todos sus habi- 
tantes. 

Ño se tiene boca i oído sino para los horrorosos pormenores i para 
las lamentables pérdidas de las voraces llamas que, con dolor i con ver- 
güenza de nuestras imprevisoras autoridades i familias, se enseñorea- 
ron anoche del templo de la Compañía, i allí consumieron o sofocaron a 
un crecido número de personas. 

Quizás el terror lo abulta ; i quizás también muchas de las personas 
que se lloran muertas, están, a influjos del susto i del espanto, solo per- 
didas, o enfermas en el refujio que les proporcionara la casualidad o la 
amistad ; pero la desgracia es grande, i aun cuando no sea conocida 
todavía con toda exactitud, es una de las mayores i mas funestas que 
hayamos esperimentado. 

A las siete de la noche i cuando empezaba la función a que concu- 
rrió ayer aun mas jente, por ser la última, se declaró el incendio, según 
se asegura, principiando por el lado izquierdo del altar mayor. 

Después, todo fué confusión, pavor, desgracias i lamentos que nadie 
podria describir i que todavía forman en nuestra ciudad una atmósfera 
dé duelo. 

Dolorosa i terrible es la situación de nuestra capital ; pero ni el dolor 
ni el asombro ni la tribulación debe impedirnos parar mientes así en 
las funestísimas e irreparables desgracias del incendio de anoche como 
en sus causas, i sobre todo, en los motivos por los cuales ese aconteci- 
miento, que, en Valparaiso, por ejemplo, se habría reducido cuando 
mas, a lamina de un edificio, ha ocasionado en Santiago, una horroro- 
sa catástrofe, comparable, si no en su estension, en su carácter, con 
alguna de las peores que recuerda la historia de nuestros paises. 

La imprevisión primero i después la impotencia proviniente de in- 
curia o de indolencia, han sido las verdaderas causas del desgraciadísimo 
suceso que se lamenta. 

A nadie en particular pretendemos hacer responsable ; pero si los 
templos, si las horas de función, si la concurrencia hubiesen estado, co- 
mo debian estarlo, sometidos a racionales i necesarias prescripciones 
de policía, el incendio, que muchos temian, no habría tenido lugar ; i 
si no hubiese habido carencia total de recursos, de hombres diestros i 
de disposiciones para combatir las llamas i salvar a las personas, aun 
después de declarado el incendio, las desgracias que lamentamos no ha- 
brian sobrevenido : porque el atolondramiento i el pánico orijinados 
por el fuego, en los espectadores i principalmente en las infelices per- 
sonas que estaban en el templo, no se habrían pronunciado i nuestra 
sociedad no habría tenido el indecible martirio de sentir i conocer que 
habia medios para salvar a las dolientes víctimas i de verse obligada a 
confesarse impotente quedando inmóvil, con el alma desgarrada, en 
presencia del mas horroroso de los espectáculos : un horno en que ar- 
dían seres humanos, conocidos, respetados, queridos i cuyos j estos des- 



— 16 — i 

esperados i cuyos dolientes alaridos deben quedar eternamente graba- 
dos en nuestra mente i nuestra memoria como un reproche i casi como 
un remordimiento. 

Las leyes de la prudencia i de la razón, las condiciones de la previ- 
sión, tan deplorablemente olvidadas o despreciadas ántes i durante el 
incendio de anoche, ya que los concurrentes i los directores de las 
funciones de ig'esía no saben respetarlas, deben serles enseñadas e im- 
puestas por las autoridades. ¿Se hará en adelante? 

En presencia de tan horrendo espectáculo i escuchando todavía los 
lamentos de los deudos i amigos dolientes, no hai calma suficiente para 
hacer reflexiones, ni para formular proyectos que sean bastantes a im- 
pedir la repetición de iguales sucesos ; pero lo doloroso i lo terrible de 
la impresión que embarga casi el ejercicio de las facultades, debe ser- 
virnos de advertencia i de consejo para que, desde ahora, se tomen las 
medidas de policía necesarias i se crien o fomenten instituciones bené- 
ficas, indispensables i salvadoras como la de bomberos de Valparaíso 
cuya falta, en medio del estupor i el terror de anoche, deploraban casi 
todos. 

No insistiremos mas, dejando a nuestros lectores que ellos, oyendo 
la voz de sus sentimientos heridos de un modo tan profundo si no tan 
imprevisto, concluyan i formulen lo que está en la mente i los deseos de 
todos : la estirpacion de sucesos semejantes, por medio de prudentes i 
justas medidas de policía i de seguridad. 

Del horno horroroso en que han ardido el respeto, el cariño, las es- 
peranzas de tantos de nuestros conciudadanos es necesario que se saque 
una enseñanza que nunca se se olvide ; i que el horrible presente que ha 
llevado al hogar de las familias de Santiago el inesperado huésped del 
horror i la desolación, sea una indicación i una garantía para el por- 
venir. 

Lo que no hemos sabido impedir anoche, es posible i es necesario que 
sepamos impedirlo en adelante ; i a las autoridades i a los habitantes 
de Santiago toca el tomar las medidas necesarias para que nuestra ciu- 
dad no vuelva a hundirse en el inmenso duelo en que ahora está hun- 
dida. 

[Voz de Chile.) 

— i .wirg gsa^gM^a ¿lid i ■ 

La ciudad entera permanece todavía sumida en la mas espantosa 
desesperación. La tercera parte de las casas de la población mantiene 
sus puertas cerradas en señal de luto. No hai familia en que no se 
deplore la pérdida de uno o mas de sus miembros. 

Ayer se creia que el número de víctimas no pasaba de quinientas ; 
¡hoi la claridad de la mañana ha manifestado toda la estension del ho- 
rrible estrago ! Las bóvedas de la Compañía contienen en su recinto 
mas de 800 cadáveres descubiertos, i todavía loe escombros cubren gran 
número de esqueletos. 



— 17 — 

Hemos visitado el teatro de la catástrofe. Hacinamientos de cadáve- 
res a medio quemar cubren toda la estension comprendida entre la 
puerta principal i el pulpito, por la nave del medio. No hai menos de 
quinientos cadáveres en tan pequeña estension. Casi todos carboniza- 
dos, no dejan rastro siquiera de sus semblantes. En el fondo algunos 
asfixiados que no alcanzaron a recibir el fuego. 

Las naves laterales también están cubiertas de esqueletos, pero el 
espectáculo que allí se presenta a la vista es aterrante. Grupos de cin- 
cuenta personas, perfectamente quemadas, conservan en sus semblantes 
el rastro de la mas terrible de las agonías. La mayor parte se encuen- 
tra bajo la muralla espesa de los arcos. Los infelices se refujiaron allí 
para escapar a los tizones encendidos que se desprendían de la techum- 
bre. 

Siguiendo la dirección del arco se encuentran de pié, cerca de la 
puerta lateral que dá a la calle de la Bandera, unas cincuenta per- 
sonas, muchas de ellas con sus semblantes intactos, quemados sí por 
el fuego, de pié, guardando perfectamente su posición. Hai ancianos 
animados que se apoyan aun en sus bastones, mujeres desesperadas que 
parecen dirijir sus clamores al cielo, niños inocentes, abrazados del seno 
de sus madres, grupos horripilantes que se despedazan. Las articula- 
ciones desprendidas, los nervios señalados en sus brazos parecen luchar 
todavía contra el fuego devorador. 

Un poco hácia fuera, a media vara de distancia de la calle, en el um- 
bral mismo, montones horribles de cadáveres. 

En los pasadizos esteriores de la iglesia multitud de cadáveres, los 
unos estraidos de la iglesia, la mayor parte caidos en el lugar mismo. 

; Oh ! La escena es horripilante. Los empleados de la policía se ocu- 
pan en estraer los muertos. Cada palada, cada golpe de barreta descu- 
bre un cuerpo, bajo de ese, otro cuerpo, i todavía en mayor profundidad 
gran número de cadáveres. 

En los umbrales de la puerta principal no es preciso la exhumación : 
los cadáveres carbonizados se muestran por centenares, acumulados de 
tal manera que pudiera creerse se habian amontonado de propósito. Sin 
embargo, nadie los ha tocado aun. 

Las murallas del templo desplomadas, ennegrecidas por el humo, un 
olor nausebundo insoportable, los lamentos de los que han conseguido 
penetrar hasta el lugar, en busca de alguna víctima, todos estos porme- 
nores desgarran el alma. Instintivamente se retira uno de tan horroroso 
espectáculo. 

El incendio principió a las siete de la tarde. Mas de dos mil almas 
ocupaban el recinto de la iglesia en que se celebraba la última función 
del mes de María. 

Se principiaba la distribución. Casi todas las luces, hasta el número 
de 7,000, estaban ya encendidas. La iglesia, adornada de flores de 
mano, de trapos inflamables, se prestaba admirablemente a un incendio 
espantoso. 

3 



~ 18 — 

Un sacristán se ocupaba en prender los últimos quemadores de gas 
en el altar mayor. A los pies de una pintura que representaba a la Vír- 
jen, habia una media luna de fuego, compuesta de muchos quemadores. 
El sacristán acercó su mecha encendida para prenderla i la aplicó a uno 
de los quemadores. 

El quemador recibia en ese momento toda la fuerza del gas i la lla- 
ma subió a media vara de altura. Se incendiaron algunos trapos del 
altar, de los trapos subió el fuego a la madera, de la madera a, la te- 
chumbre. Todo esto pasaba en un momento. Es fácil esplicarlo : habia 
en el altar mayor mas de dos mil luces que tocaban hasta las vigas de 
la enmaderación. 

En un instante, el fuego subió a la hermosa cúpula de la iglesia. La 
confusión fué horrible en esos momentos. Toda la concurrencia se 
agolpaba a las puertas principales. La que cae a la calle de la Bandera 
estaba a medio abrir, i sucedió lo que debia suceder. En medio del es- 
panto, se tropezaba, se caía, se desmayaba en los umbrales. 

Las que venian adelante cayeron. Las que les seguian, comprimidas 
también por el peso de la muchedumbre, cayeron igualmente. En un 
minuto, las puertas laterales estaban completamente obstruidas, se ha- 
bia formado en ellas una masa compacta de cuerpos humanos. Todos 
gritaban, los lamentos resonaban a inmensa distancia. 

Las llamas invadian los altares de las murallas laterales, i los techos 
principiaban a desprenderse en tizones ardiendo, que comunicaban las 
llamas a los vestidos ; de los vestidos salia el fuego a las cabezas, i la 
concurrencia comenzaba a sufrir el fuego. 

Presenciábamos el incendio desde una de las puertas de la iglesia. 
Oh! el espectáculo era atroz. En los umbrales mismos era imposible 
la salvación. Cien brazos hercúleos se dirijian unánimes a uno de los 
infelices. Se forcejaba, se gritaba, pero la salvación era imposible ; los 
cuerpos se destrozaban, mas no salian del montón. 

El fuego, mientras tanto, dominaba la cúpula que desaparecía del es- 
pacio> hundiéndose con espantosa detonación. Las llamas cubrían com- 
pletamente la techumbre de la iglesia i las tablas encendidas, despren- 
diéndose de lo alto, caian sobre las infelices mujeres. En un instante la 
iglesia no se comprendia. Por una parte el techo de fuego, lloviendo 
fuego sobre el pavimento cubierto de personas, los altares que caian, 
los gritos desesperantes que conmovían hasta las entrañas. Por otra, la 
horrible confusión en las salidas. 

Media hora de esfuerzos sobrehumanos apenas bastaban para salvar 
a uno de tantos infelices. El fuego cundía mientras tanto e invadía las 
cabelleras 

Las llamas subían a dos varas del pavimento j no eran los escombros 
los que las producían, era la concurrencia que se incendiaba. Por un 
momento, creimos divisar el infierno con todos sus horrores. Individuos 
que gritaban, se sacudían, mesaban sus cabellos entre las llamas, se des- 
pedazaban el rostro i se desplomaban en seguida. Mujeres que no te- 



— 19 -~ 

nian la facultad de moverse en aquellos aciagos instantes aparecían como 
por medio de una visión óptica primero blancas i hermosas, en seguida 
macilentas, un instante después con la cabellera ardiendo, i un momen- 
to en seguida carbonizadas, parecian estatuas sin movimiento. 

Un instante hubo en que toda la estension comprendida entre la 
puerta principal i el presbiterio se había convertido en una estensa ho- 
guera. ¡Horroroso espectáculo! Se divisaba grupos sin movimiento 
que apenas se conocía eran compuestos de seres humanos. Se veia lu- 
chas espantosas entre la muerte i la vida, luchas de hombres, de muje- 
res, de niños, alumbrados por el siniestro resplandor de las llamas que 
los consumían. 

Los árboles de la plazuela inmediata fueron arrancados por su raiz, 
a fin de protejer con su follaje las cabezas de centenares de víctimas 
que daban aun señales de vida. Se introducía el ramaje i mil brazos es- 
tendidos lo detenían entre sus manos. Las ramas verdes se convertian 
en ramas de fuego. Salían los troncos pero convertidos en tizones. 

¡Todo se habia perdido! Las llamas dominaban las puertas i quinien- 
tos individuos lanzaban los últimos lamentos. En ese momento, la astu- 
cia de un campesino alcanzó a arrebatar a la muerte algunas víctimas. 
En medio de la confusión, acercó su caballo a las puertas i arrojó su 
lazo hácia el interior. El lazo era detenido por diez manos i el campe- 
sino, atándolo a su montura, se retiraba hácia afuera. Algunos infeli- 
ces alcanzaron su salvación por este medio. 

Se repetía por tercera o cuarta vez la operación cuando el lazo se 
cortó. No hubo quien lo renovase, ni habia tiempo para ello. Las lla- 
mas invadían las puertas i los que en ella se habían refujiado princi- 
piaban su agonía. 

Las campanas tocaban a muerto Anunciaban la agonia de cen- 
tenares de personas. Su eco lastimero confundido con los últimos gritos 
de la desesperación, causaba un horror invencible. Los testigos de la 
catástrofe corrían despavoridos 

El silencio mas profundo reinó entonces. Era el momento en que 
ochocientos o mil desgraciados entregaban su alma a Dios, mientras sus 
cuerpos poblaban la atmósfera en partículas nauseabundas que arrastra- 
ban las columnas de ennegrecido humo que subian hasta el cielo, o des- 
aparecían aplastadas bajo los escombros del edificio. 

De cuando en cuando, un grito lastimoso salía de en medio de las 
brasas, para morir en seguida ; era algún infeliz que apuraba todavía el 
sacrificio. 

El fuego, consumiendo el techo i la cúpula, encimó la torre de la 
derecha. Quince minutos habrian trascurrido i ya la torre no existia. 
El fuego invadió el campanario que no tardó en desplomarse con horri- 
ble estruendo. El fuego habia concluido ; la calle derecha i la calle 
atravesada estaban completamente cubiertas de fuego. Una bomba 
funcionaba en el edificio del Museo, a los pies de la iglesia ; otra en la 
sacristía de la iglesia metropolitana i la última en el esterior de la casa 



— 20 — 

del señor Echeverría, situada a cinco varas de distancia del teatro del 
incendio. 

Serian las diez de la noche i el peligro habia desaparecido. ¡Qué trisr 
te espectáculo ofrecia la población! Las casas de la vecindad estaban 
atestadas de cadáveres i moribundos. Catorce carretones perfectamente 
cubiertos fueron conducidos al hospital i al cuerpo de policía. 

El Ministro del Interior i el Intendente de la provincia dictaban las 
medidas mas apremiantes. Vimos también al Presidente de la Repúbli- 
ca i a los otros Ministros del despacho. 

La desesperación se pintaba en todos los semblantes. 

Familias enteras corrían por las calles, alumbradas todavía por las 
llamas, buscando a sus miembros perdidos. Desgraciados! no los habrían 
de encontrar ya sino entre los escombros^ mezclados con centenares de 
cadáveres informes. La duda, la horrible duda es a menudo mas espan- 
tosa que la misma realidad ! 

Los estragos son inmensos. ¿Quién no llora una hija, una madre, un 
hermano? La ciudad aterrada ha pasado la noche en vela ; grupos que 
corrían desesperados al hospital, a la policía i caian rendidos de fatiga 
en el camino. Mujeres desconsoladas, hombres enloquecidos por el pe- 
sar, en las casas i en las plazuelas. ¡Qué negro espectáculo! 

El penuúltimo incendio de la Compañía se refiere aun por sus testi- 
gos. El último se conservará en la memoria, miéntras exista la ciudad 
de Santiago. Este templo estaba señalado por el dedo de Dios, llevaba 
sobre su frente una maldición espantosa. Que se arrasen sus murallas 
carcomidas; que se purifique su suelo i no vuelva a levantarse en el 
mismo lugar otro templo. No deben conservar los hombres un monu- 
mento maldecido de Dios ! 

Hemos visto familias enteras consumidas por el fuego, multitud de 
jóvenes que parecen respirar, niños inocentes asfixiados. Hemos visto 
anoche a la población entera conduciendo cadáveres a medio quemar. 
Dentro de la iglesia, alumbraba todavía por las llamas i enrojecida 
por el calor, hemos visto largas hileras de cadáveres, de pié, con sus 
semblantes amenazadores i los puños crispados con la desesperación. 
Oh! hemos visto tanta miseria, que en vano pretenderíamos recordarla! 

En este momento se reconocen algunos cadáveres. La población an- 
siosa se acerca al teatro de las desgracias, circundado de guardias para 
permitir la estraccion de los muertos ; de otra manera, la operación se- 
ria interminable. 

A esta hora se ha perdido toda esperanza. Los que aun no han pa- 
recido, sucumbieron en el incendio. Rostros aflijidos, personas enluta- 
das se encuentran únicamente en las calles. Las puertas se cierran i al 
llanto de la incertidumbre sucede la desesperación del convencimiento. 

Se refieren circunstancias que erizan los cabellos. Hubo jentes, ¡esto 
es horrible ! que se ocuparon en poner a salvo santos de madera i orna- 
mentos de sacerdotes, miéntras sus semejantes parecían ahogados por 
las llamas ! Pero, afortunadamente, esos monstruos han sido contados,* 



— 21 — 

la jeneralidad del pueblo se ha portado con una bizarría admirable. 
Muchos desgraciados han perecido prestando sus auxilios a las vícti- 
mas. 

Se puede calcular la fuerza del incendio por la circunstancia de haber 
llegado trozos encendidos hasta el Mapocho, a seis cuadras de distancia, 

Los tribunales no han abierto sus audiencias, los ministerios no han 
despachado, el comercio ha cerrado sus puertas. 

Se trata de celebrad unas exequias fúnebres en el atrio del templo 
incendiado, i el Metropolitano ha dado las órdenes necesarias para que 
se lleven a efecto. 

También se trata de la demolición de los escombros i de formar un 
jardin, con un monumento en el sitio de la catástrofe. Las jentes insis- 
ten en que el lugar sea trasformado, apesar de los que harán esfuer- 
zos por reedificarlo. Don Francisco I. Ossa se ha inscrito con la can- 
tidad de 1,000 pesos para la realización del jardin. Se pedirá el terreno 
al Supremo Gobierno i una comisión de vecinos respetables tomará a 
su cargo el transformarlo. 

Algunos quemados han sido conducidos al hospital, donde se les 
atiende. La mayor parte nan sido trasladados a sus casas. Muchas per- 
sonas no vuelven aun en sí. 

(Patria). 



Anoche ha tenido lugar una de esas catástrofes espantosas i sin ejem- 
plo en nuestra historia, una catástrofe de esas que cubren de luto a una 
ciudad entera. ¡El mas suntuoso i concurrido de nuestros templos, la 
iglesia de la Compañía no es ya sino un montón de escombros i lo que 
es mas horrible todavía, bajo esos escombros han quedado sepultados 
después de haber sufrido la mas horrible de las muertes, la muerte 
del fuego, una gran parte de lo mas selecto de nuestra sociedad! Hé 
aquí lo que hemos podido averiguar de este espantable suceso : 

Era la última noche de la concurridísima función que se celebraba 
todos los años en ese templo con el nombre de mes de María, i esta 
circunstancia i el haberse esparcido la voz de que iba 2 predicar Mon- 
señor Eyzaguirre, habia hecho acudir desde temprano una mui numero- 
sa concurrencia. Como a las seis i tres cuartos de la tarde comenzó el 
fuego por la media luna de gas que estaba a los pies de la Vírjen en el 
altar mayor. En un instante incendióse el altar i subió el fuego hasta 
la cúpula. La masa compacta de jente se alzó entonces despavorida para 
dirijirse hácia la puerta : pero ¡ai cuántas no debian llegar hasta ella! 
La turbación, el terror i el espanto con que salian, hacia que donde 
una caia, cayesen ciento encima i que fuese imposible a las de adentro 
llegar a la puerta salvadora. A un paso de la puerta vióse entonces el 
espectáculo mas horrible que pudiera imajinarse, un espectáculo que 
parece todavía imposible i como un sueño i que sin embargo es una 
realidad que hemos presenciado con nuestros ojos. Comenzaron a des - 



— 22 ~ 

prenderse de la bóveda trozos de madera incendiados i comenzaron a su- 
frir las víctimas ademas del suplicio de la desesperación, i del calor inso- 
portable, el suplicio del fuego, porque comenzaron a incendiarse. Mien- 
tras tanto una multitud de hombres acercábase a las puertas a salvar a las 
víctimas ; pero sus esfuerzos si no infructuosos no pudieronsalvar sino a 
una parte mui pequeña. Entre los salvados hubo también muchos ca- 
dáveres, otros que ya han espirado i algunos horriblemente mutilados i 
casi fuera de toda esperanza. Habíase formado una muralla de señoras 
unas sobre otras, como hasta la altura de un hombre a poquísima dis- 
tancia de la puerta, de manera que era dificultosísimo arrancar a Una 
porque ademas del peso que tenia encima, todas las otras se tomaban 
de sus vestidos i no habia fuerzas suficiente para arrastrar *\on el enjam- 
bre que se estendia hasta lo interior del templo. Un peligro inminente 
amenazaba también a los que se aventuraban a dar un paso hácia aden- 
tro, porque en el acto todos los brazos se dirijian hácia ellos i felices 
entonces si conseguian volver hácia fuera. 

Comenzaba también a estenderse el fuego hácia la parte de la puerta 
i a caer tizones sobre los que permanecían aun, ofreciendo una última 
esperanza a las víctimas. Quebraron los arbolitos de la plazuela para 
hacer un último esfuerzo i los alargaron a las aflijidas para que se to- 
masen de ellos ; pero poco con ello se consiguió i presto tuvieron que 
renunciar a toda esperanza. 

Entonces llegó un instante que tendremos presente mientras viva- 
mos : entonces los hombres en la desesperación de no poder prestar nin- 
gún socorro apartaron sus ojos de ahí. Por entre las llamas se divisaba 
arderá una multitud de jente i luego esajente ardia también i ya no se 
divisaba. Cayeron de las cornisas de arriba los infelices que prendían 
las luces i que habiéndose subido por el altar no tuvieron por donde 
bajarse. Hundióse después la bóveda de aquel horno lleno de llamas 
humanas. 

Ya no pudieron sacarse sino algunos cadáveres. 

En un instante se habia ardido la soberbia cúpula i algunos minutos 
bastaron para que se hundiese encendida la torre de la derecha i el 
campanario de la izquierda. Imposible es fijar ni aun aproximativa- 
mente el número de víctimas, quienes las calculan en 600 quienes en 
800 i hasta hai quien las eleve hasta la cifra aterrante de 1500. ¡Mil 
quinientas víctimas i casi todas respetables señoras i tiernas niñas i 
muertas tan horriblemente tienen a Santiago consternado i cubierto 
de luto! Hai familias que han perecido sin quedar uno solo i casi no 
hai una sola casa en que no se llore por una madre, una hija, una her- 
mana o alguna pariente amiga o servidora, algunos hombres también 
han sido víctimas del fuego aunque en corto número. Cuando se incen- 
diaba la torre, dos infelices aparecieron a sus ventanas. Momentos 
después se arrojaron por ellas i hemos oido decir que uno se ha salvado 
casi por milagro. 

Nunca hemos sentido una impresión de terror semejante : los cabe- 



— 23 — . 

líos se erizaban i uno quedaba mudo i transido de espanto al con- 
siderar su impotencia i los progresos invencibles del fuego. 

Todos los datos que damos son, poco mas o menos exactus, pues ni es 
posible ni lo será hasta dentro de algunos dias conocer todos los deta- 
lles i el numero de víctimas. 

Felizmente, i esto debe consolar en su angustia a las familias que 
han sufrido tan dolorosa prueba, podemos abrigar la confianza de que 
la inmensa mayoría, de que talvez todas las que anoche sufrieron ta» 
horriblemente, gozan hoi de la vida que no se acabará jamas. 

Nunca se habia visto un número tan prodijioso de fieles acudir a 
recibir el pan de vida como en la mañana de ayer. 

Sus almas doblemente purificadas habrán volado al cielo. 

(Bien Público ) 



Diciembre 10. 

Santiago no es en este momento sino lágrimas. La consternación es-* 
tá en todos los hogares, el dolor en todos los corazones. ¿Quién no ha 
perdido algún ser querido? Todo el mundo parece bajo la presión de 
una atroz pesadilla. Tanto ser querido ayer lleno de vida, ayer ha- 
ciendo la esperanza i la felicidad de los suyos, i hoi desaparecido para 
siempre, sin dejar siquiera, en muchos casos, el consuelo, aunque amar- 
go, de encontrar su cadáver. Han desaparecido familias enteras. Las 
llamas nada han respetado : niños i ancianos, padres e hijos, todos han 
ido a caer en la sima de un mismo destino. Catástrofe sin ejemplo, 
catástrofe que encierra una terrible enseñanza que aguardamos que 
nuestra sociedad sepa aprovechar. 

Es preciso hacer desaparecer cuanto ántes los escombros humeantes 
que recuerdan la trajedia. No mas templo en aquel sitio. Un monu- 
mento, sí, un monumento que recuerde a Santiago la catástrofe i que 
sea una perpetua lección en mármol de los peligros de la exajeracion 
de ciertos sentimientos. 

Por eso aceptamos completamente el llamamiento que se hace al do r 
lor, al recuerdo i a la filantropía de Santiago en la siguiente invitación 
promovida por el señor don Francisco Ignacio de Ossa : 

" ¡ Elevemos un monumento de eterna recordación a las desgraciadas 
víctimas ! Un monumento que despierte las simpatías de las edades ve- 
nideras, cuyos votos se unirán a los nuestros en una cadena sin fin! 

" Solicitemos del gobierno el terreno que ocupaba la iglesia i des- 
truyamos sus muros. Libres de escombros se formará un jardin, en cu- 
yo centro se elevará un monumento de mármol blanco con inscripcio- 
nes que recuerden el fatal suceso que justamente lloramos, colocando al 
derredor de todo el espacio del templo una sólida verja de fierro que 
impida a los indiferentes profanar con su planta ese lugar por tantos 
motivos venerado! Una comisión de personas inteligentes llevará adelan- 



_ 24 — ; • 

te nuestro pensamiento que suplicamos a todos aceptar como el único 
espiatorio, i que representa dignamente el profundo dolor que nos 
agovia. 

"Me asocio i me suscribo con ps. 1 3 000. 

"Francisco Ignacio de Ossa." 

Quién no llevará su continjente para la erección del santo monu- 
mento que se verá eternamente bendecido por las lágrimas de los que 
viven i por la protección de los ánjeles que, mártires de su fe, han vo- 
lado al cielo! 

He aquí otra invitación no menos noble que la anterior, que se nos 
ha dirijido i sobre la cual llamamos la atención : 

"MANOS A LA OBEA, NO PERDAMOS TIEMPO." 

"Sino podemos salvar ya a los que han perecido, libremos al menos 

de una muerte desesperada a alguno de los infortunados vivos 

¡Cuántas madres quedan sin el apoyo de su único hijo! ¡Cuántas hijas 
e hijos sin el apoyo de sus padres! Qué calamidad! 

"Cristianos, nos ha llegado el triste momento de probar con obras 
nuestro corazón de tales. 

"Demos consuelo a esas infelices que harto lo necesitan. Mitigue- 
mos algún tanto el dolor que desgarra a esas desgraciadas, haciéndolas 
ver que cuentan con amigos que dividen con ellas sus pesares. Corra- 
mos a las casas de esas pobres i hágamoslas comprender que no serán 
solas en este mundo. Noble misión, que por cierto todos queremos de- 
sempeñar, pero ¿dónde nos dirijirémos? Estamos prontos a servir, pero 
a quién? cómo? dónde? 

"Para el efecto, señálese un punto central a donde deban dirijirse 
los que necesiten consuelos. Suscríbanse allí los que quieran prestar- 
los. Hombres, mujeres i niños, todos pueden hacer algo. ..... Mauos 

a la obra 

"Se señala como punto provisional la tienda del señor Abasólo, en 
el portal viejo. Pasen a inscribirse allí los filántropos. Los dolientes i 
los que sepan de alguna desgracia, avísenlo igualmente allí. Fácil se- 
rá de este modo formar una sociedad que organice el servicio i que 
sirva de centro de acción. 

"Uno que sufre como ¡os demás." 

Estamos ciertos que la caridad de nuestra capital no se desmentirá 
en esta ocasión. Hai tanta viuda, tanto huérfano, tantos desamparados 
que sufren i lloran! Quién rehusará estenderles la mano? 

Hoi como ayer insistimos en la necesidad de concluir con las fiestas 
de iglesia por la noche. Es preciso que se tome a este respecto una 
medida pronta i efectiva. Se trata de la vida de toda una población. 
Se trata de hacer imposibles hecatombes como la del mártes, que 



— 25 — 

horrorizan al cielo i a la tierra. Dios, para ser adorado, no necesita de 
los oropeles de la vanidad, solo necesita de corazones puros i sinceros. 
Goza mas con la oración del creyente que con las mil luces de que se 
llena su templo hasta hacerle una inmensa hoguera. Sepamos ser cris- 
tianos. Dios no gusta de las pompas de la vanidad : Dios solo gusta de 
las pompas del alma. 



Ha trascurrido un dia i la población de Santiago no sale aun de su 
estupor. 

La realidad ha traspasado con mucho el límite de lo presumible ; 
hasta ayer tarde se habian estraido de la Compañía mas de mil cuate, o- 
cientos cadáveres, que agregados a mas de doscientos recojidos ante- 
riormente, forman un total de mil seiscientas víctimas. El número 
pasará de dos mil. ¡Desgracia horrenda que no creemos haya tenido 
precedente en pais alguno del universo! 

Santiago amaneció ayer de luto : las familias que habian pasado la 
noche recorriendo la ciudad en busca de sus allegados, se trasladaban 
al lugar de la catástrofe para volver con la certidumbre de su desgra- 
cia. La iglesia había sido rodeada de guardias en todas direcciones, 
tanto para permitir la estraccion de los cadáveres como para evitar tu- 
multos sin objeto i que no contribuirian sino a hacer mas dificultosa la 
operación. 

La mitad de las casas de la ciudad se abrieron. En el resto faltaba 
el dueño, la hija, el hermano. Santiago tendrá sus puertas cerradas en 
señal de duelo por mucho tiempo. Su desgracia no es para menos : ha 
perdido una gran parte de sus hijos en el suceso mas espantoso de que 
se tenga memoria, i con las circunstancias mas horriblemente trá- 
jicas. 

¡Qué triste i qué desesperante debe ser morir ahogado por las llamas, 
respirando fuego! I cuán horrible no es ver desaparecer a media ciudad 
envuelta en las llamas de un incendio ! 

Si era horrible el espectáculo de la noche en el templo incendiado, 
mil veces mas horrible lo era en la mañana, cuando la luz matinal ma- 
nifestaba en sus verdaderas proporciones la realidad, con toda su horro- 
rosa desnudez. Murallas carcomidas por la acción del fuego, ennegre- 
cidas por el humo i amenazando desplomarse al menor movimiento ; 
techos humeantes que despedían su último respiro. De otro lado, mon- 
tones de cadáveres hacinados i ofreciendo un aspecto asqueroso i re- 
pelente, corrompidos ya i a medio quemar, obstruían todavía las entra- 
das guardando la posición que tuvieran al tiempo de morir. Rostros 
en que el dolor había dejado sus rastros apesar del fuego ; cuerpos ina- 
nimados que parecían amenazar con sus manos crispadas i las faccio- 
nes de la cara encojidas por el miedo i el horror. 

Este era el espectáculo que ofrecian las puertas de la iglesia. Mas 
al interior se veia grupos de hombres de pié, arrimados a la muralla 

4 



— 26 — 

i guareciéndose con su espesor, contra el fuego que se desprendía de las 
enmaderaciones. Ancianos que se apoyaban aun en sus bastones, cu- 
biertos de harapos, destruidos por el fuego i por el agua ; mujeres arro- 
dilladas en actitud suplicante i niños abrazados de su cuello, parecian 
a lo lejos estátuas de carbón en que sobraba el bello de lo horrible. A 
seis varas de la puerta lateral de la derecha se veia uno de esos grupos 
espantosos, formado por mas de ochenta cuerpos humanos clavados en 
la tierra, en la mas horrible confusión. Mas adentro, en diferentes 
puntos de la iglesia se observaban iguales grupos que infundían mayor 
temor. 

Nos cuesta trabajo recordar las innumerables escenas que hemos pre- 
senciado. 

Los empleados de la policía estaban encargados de la exhumación. 
Cada golpe de pala o barreta era un cadáver carbonizado que se des- 
cubría ; inmediatamente seguia otro, destrozado por el peso i a medio 
tostar ; en seguida otro aun, asfixiado. La serie era no interrumpida. 

Desde las primeras horas de la mañana hasta el caer cié la noche cien- 
to sesenta i cuatro carretonadas de cadáveres han sido conducidas al ce- 
menterio. Se habia tomado la precaución de destinar una fosa común a 
las víctimas del incendio. 

En el cementerio pasaba otra escena no menos triste que las primeras. 
Al llegar de cada carro una multitud de mujeres se agrupaba en torno 
para escudriñar los cadáveres i descubrir entre ellos a sus deudos. El 
trabajo era inútil : los cadáveres, muchos de ellos intactos, eran inco- 
nocibles. Uno que otro reconocido, ya por el vestido, ya por las fac- 
ciones medio destrozadas, fueron separados por sus deudos de la masa 
común. 

¡I la desesperación de las familias! Oh! eso es indescriptible, como 
la inquietud atroz de que ha sido presa la ciudad entera después del 
trájico acontecimiento. Hoi mismo aun se oyen los lamentos de cen- 
tenares de huérfanos, de centenares de hermanos que ayer crecían lle- 
nos de vida i lozanía i yacen hoi reducidos a un puñado de mal for- 
madas cenizas. 

Todo ha concluido ménos el llanto i la desolación jeneral. Hai fami- 
lias diezmadas i familias enteramente perdidas entre los escombros! 

Apenas se puede concebir el como haya podido realizarse tan espan- 
tosa catástrofe. Es necesario haber presenciado el suceso para com- 
prenderlo, i aun así se queda muí lejos de la realidad. Solo la impru- 
dencia i el descuido han podido producir el resultado que hoi lamentan 
cien mil almas adoloridas, que piden la compasión celeste para las víc- 
timas, en medio de su delirio. 

Los tribunales de justicia, los ministerios, todas las oficinas públi- 
cas han cerrado sus puertas, porque el espanto vive i vivirá todavía, 
intenso, como en el primer momento de la desgracia. La mayor parte 
del comercio se ha asociado también al luto jeneral. 

Hasta aquí llega la estension de la catástrofe. En cuanto a su orí- 



** 27 — 

jen, he aquí algunos pormenores cíe que carecíamos en el primer mo- 
mento. 

El templo no había sido aun enteramente iluminado. Un sacristán 
sé ocupaba de encender con su mecha los quemadores de una media 
luna situada en el altar mayor, a los pies de una imájen de la Vírjen. 
Abierto i encendido uno de los quemadores, la luz subió a media vara 
de altura. La llama se comunicó a varios adornos de flores, de allí pa- 
só al lienzo pintado i en un momento el altar no era mas que una ma- 
sa de fuego. 

Alguna guirnalda de flores de mano i cintas se estendia desde el 
altar mayor hasta la cúpula. Encendida a su vez, llegó el fuego hasta 
las alturas i la cúpula en otro instante se vio convertida en llamas. 
Entonces, i solo entonces la concurrencia buscó la salida, sobre todo 
la de las puertas principales. La esperanza de que se apagase el fue- 
go principiado i el deseo de continuar la función habían detenido a la 
multitud. Nadie había creído encontrar la tumba en ese lugar, ni mu- 
cho menos perecer abrasado por el fuego! 

La puerta de la calle de la Bandera estaba a medio abrir. 
Nada mas fácil que formarse el hacinamiento desgraciado a que debió 
sus enormes proporciones la horrible mortandad. Otro tanto sucedía en 
la puerta principal i otro tanto en la puerta lateral de la izquierda. 
Dominados por el pánico mas espantoso, los primeros fujitivos caían 
én los umbrales mismos ; seguía el tumulto de atrás i los que se acer- 
caban sin distinción sufrían la misma suerte. Las puertas quedaron 
perfectamente obstruidas. 

El mayor número de los que han podido salvarse lo han hecho por 
la sacristía. La concurrencia se dirijia preferentemente a las puertas 
principales i, detenida allí por el obstáculo, contribuía tan solo a robus- 
tecerlo. 

Encendida la cúpula, sus tizones principiaron a caer sobre la mu- 
chedumbre ; siguió el entablado i una lluvia de fuego intermitente 
principió a quemar los vestidos de los concurrentes. Entonces tuvieron 
lugar las escenas mas espantosas de desesperación. Individuos hubo 
que se arrojaron al medio de las llamas para sacar a sus padres o a sus 
hijos, i no volvieron a salir. 

Un arbitrio oportuno en tan angustiadas 1 circunstancias dio por 
un momento alguna esperanza. Un hombre del pueblo arrojó su lazo 
por una de las puertas i gran número de personas se asieron a él con 
toda sus fuerzas. Sobre a caballo i después de asegurado en la montu- 
ra, el campesino lo retiraba por en medio de la multitud. Así consi- 
guieron salvarse algunas personas. Repetida la operación, tal vez hu- 
biera evitado gran número de víctimas ; sin embargo el hado era fatal : 
la cuerda se rompió asida por mil brazos, i no hubo quien la reempla- 
zase por el momento. Tampoco era ya tiempo de hacerlo. Las llamas 
invadian las puertas i toda salvación era imposible. 

En los umbrales mismos han perecido centenares de personas, que- 



~ 28 ~ 



madas a la vista de un pueblo inmenso a quien dirijian sus brazos en 
ademan suplicante i que en esos momentos era impotente para salvar- 
las. En el interior de la iglesia la confusión era espantosa. El cielo i 
el pavimento arrojaban llamas inmensas, las del segundo alimentadas 
por cuerpos humanos. 

El campanario anunciaba a ese tiempo la horrible agonía de dos 
mil almas! Pocos momentos después ese mismo campanario había de 
hundirse con estruendo espantoso, dando fin a la parte mas desconso- 
ladora de tan atroz pesadilla. 

El incendio habia terminado. A los lastimeros gritos de las víctimas 
sucedia un silencio profundo que de tarde en tarde era interrumpido 
por el último suspiro de un moribundo. 

La iglesia, iluminada por sus murallas candentes i enrojecidas, era 
entonces cien veces mas aterrante que mientras se quemaban las in- 
felices víctimas. El ruido de las llamas acompañado del que producían 
los derrumbes de los techos i de las paredes solo alteraban la paz de 
aquel sitio tan tristemente famoso. Gran número de cuerpos ennegre- 
cidos, alzándose por entre los escombros, parecian haberse levantado 
del fondo de la tierra para mirar el horroroso espectáculo i volver otra 
vez a sus sepúlcros. Otros, inclinados sobre sí mismos parecian orar 
profundamente, despreciando los horrores que los cercaban. 

En la mañana de ayer las murallas humeaban todavía. Al espanto 
de los muertos habia sucedido la desesperación de los vivos, esa de- 
sesperación que todavía reina en todas las familias, en todas las habita- 
ciones, desde la opulenta mansión de los ricos hasta la choza miserable 
del hombre del pueblo. 

Se trata de la demolición completa del edificio, de su trasformacion en 
un jardin. Es la aspiración de todos, i las autoridades deben conceder- 
lo, aun cuando mas no sea que por satisfacer en cierto modo a tantos 
desgraciados que miran en él la hoguera de sus deudos. 

{Ferrocarril.) 



El oríjen del fuego está perfectamente averiguado. No habia cañería 
de gas carbónico en la iglesia, sino solo en la sacristía i una pieza lateral. 
La primera esplosion fué producida por una media luna de gas líquido 
que, después de encendida, se rompió derramando llamas sobre el altar. 

Las llamas pasaron al techo i del techo del presbiterio a la cúpula. 
Siguió entonces lo que comunicamos ayer en nuestra correspondencia. 

Hasta la hora en que escribimos se han estraido cerca de MIJL 
SEISCIENTOS cadáveres, según los partes de la policía. 

Casi todos los hombres se salvaron, pues estaban situados en un cos- 
tado de la iglesia, separado del resto por una verja. 

De las mujeres el mayor número de las salvadas escaparon por la 
sacristía. Hubiera salido mas si hombres indignos o empleados sin cora- 



— 29 — 

zon no hubiesen obstruido la puerta con algunos muebles, para salvar 
ornamentos i santos de palo. 

Muí pocos cadáveres han sido reconocidos; algunos se encuentran 
intactos, con sus vestidos completos, pero el semblante es inconocible. 
Por el vestido, por alhajas i otros distintivos, se ha podido reconocer 
un reducido número de cadáveres. El resto ha ido a una fosa común 
que el Ministerio del Interior mandó abrir oportunamente i que cin- 
cuenta peones se ocupaban ayer en cavar. 

Anoche humeaban aun las murallas del templo incendiado. El aspec- 
to de la población era aterrante; desde la plaza principal hasta los su- 
burbios reinaba el mas tenebroso silencio. Algunas guardias colocadas 
en la plazuela custodiaban todavia los escombros, cubiertos de cadáveres 
destrozados. 

El mayor número de los heridos ha muerto; los hospitales han per- 
manecido ocupados tan solo veinticuatro horas. Respecto de los enfermos 
asistidos por sus familias, se nos refiere a cada momento que alguien 
ha sucumbido al dolor. Casi todos habian perdido el juicio con el espec- 
táculo horrendo de la catástrofe. 

A las siete de la noche los empleados de la policía habian estraido 
MIL CUATROCIENTOS esqueletos de entre las ruinas. En el dia 
de hoi se han descubierto algunos mas, i ántes de la estraccion se ha- 
bía conducido a la policía un número considerable. 

Durante la escavacion de los escombros se ha encontrado gran can- 
tidad de alhajas, como relojes, anillos, pendientes i pulseras, como 
así mismo alguna cantidad de dinero i muchos devocionarios i alfom- 
bras. La mayor parte de esos útiles se encuentran en poder de la po- 
licía. 

El número de personas que no han parecido i cuyos nombres se 
conocen ya asciende a mas de 1,200. Ha habido casas en que no ha 
vuelto uno solo de sus habitantes. Sabemos de una en la calle de Santa- 
Rosa, en que no salvó la vida mas que un arrendatario: los propietarios 
en número de diez, perecieron todos en el incendio. 

La mortandad ha sido espantosa. La ciudad entera está enlutada,, 
porque el que no ha perdido a un hermano, a un padre o a un hijo, 
ha perdido por lo menos un pariente lejano. 

Algunas oficinas públicas se han abierto; gran parte han permaneci- 
do cerradas. El Congreso ha suspendido sus sesiones. 

Muchos han perecido salvando a sus semejantes. Un americano se 
hundió en las llamas haciendo esfuerzos por salvar a unas infelices 
mujeres que se ardian, i se cuentan diez o doce de esas víctimas de su 
buen corazón, entre ellas, un oficial de artillería que, se nos dice, pe- 
reció haciendo esfuerzos inauditos mientras las llamas se cernían sobre 
su cabeza. 

Don Enrique Meiggs, el señor Nelson, ministro americano, el señor 
Rand, secretario de la legación, espusieron constantemente su vida i 
consiguieron salvar a algunas personas. Estos, como muchos otros es- 



— 30 — 

tranjeros, merecen la mas profunda gratitud del pueblo por su noble 
comportamiento. 

Si tuviésemos que enumerar los actos de heroísmo que se verifica- 
ron al momento del incendio, no concluiríamos, de la misma manera que 
no concluiríamos tampoco si continuásemos refiriendo las escenas de 
horrible desesperación que todos presenciamos. 

Todo el dia de ayer i hasta la madrugada han jugado los telégrafos 
de Valparaíso i del Sur. Grupos déjente han pasado la noche en las 
oficinas de los pueblos del Sur esperando noticias de la capital. Era 
tanta la acumulación de telegramas venidos de todas direcciones, que se 
recibían con diez o doce horas de retardo, apesar del buen servicio de 
los repartidores. 

Hoi la calma principia a tomar el lugar de la desesperación. No se 
siente, al menos la horrible confusión de ayer, ni mucho menos la del 
dia de la desgracia. Ha llegado la hora en que la fatiga i el cansancio 
rinden al dolor. 

Con motivo del incendio se ha levantado una invitación al Supremo 
Gobierno para que se arrase el templo i se construya un jardín en su 
lugar. El señor don Francisco Ignacio Ossa se ha adherido a la idea, i 
se ha suscrito con 1,000 pesos. 

Se ha dirijido una invitación a todas las personas pudientes para for- 
mar una suscricion en favor de los huérfanos i desvalidos con motivo 
del incendio. 

El Metropolitano intenta hacer las exequias por los muertos en la 
misma iglesia de la catástrofe. La sociedad ha mirado mal esta idea ; 
porque talvez seria horrible reunir a los fieles en un lugar donde se 
reúnen tantos recuerdos terribles. 

A mas de las personas que ya hemos recomendado por su abnegación, 
deben contarse también los señores don Anjel Custodio Gallo i don 
Manuel Becabarren. 

Se ha invitado a la juventud de Santiago para formar compañías de 
bomberos. 

(Patria.) 

Cada hora que avanza léjos de traernos el mas lijero consuelo, des- 
cubre nuevos horrores i sumerje el espíritu en reliexiones cada vez mas 
dolorosas. La catástrofe del 8 de diciembre, como todos los grandes 
cataclismos, no se abre paso en la intelijencia i en el corazón de los hom- 
bres de un solo golpe, sino por grados, como para que podamos soportar 
el dolor i todo el peso de la desgracia, sin que nos hiera de muerte co- 
mo sucedería si desde el principio hubiéramos comprendido toda su es™ 
tensión. 

La fracción mas bella i mas inocente de esta gran familia que se 
llama Santiago ha muerto en la hoguera del 8 de diciembre. No es la 
pluma la que puede describrir el cuadro, no es ella quien puede 



— 31 — 

comunicar el reflejo del acontecimiento mas triste que recuerdan los 
anales de la humanidad. Las lágrimas, los jemidos, los alaridos de 
muerte que salian de las horrendas puertas de la Compañía, han dado 
a los que presenciaron ese espectáculo una idea imperfecta del dolor, 
de la desesperación i de la angustia. Solo la madre de familia que es- 
peró toda la noche del 8 inútilmente a sus hijas que dormían en la 
Compañía en medio de las llamas, solo ella que oyó cerrarse las puer- 
tas de su casa i miró arreglada i vacia la cama en que dormía la mitad 
de su corazón, podrá referir qué es eso que se llama incendio de la 
Compañía. Si: no disimulamos nuestra amargura, lloramos con los 
que lloran porque las lágrimas las ha dado Dios para dirijirnos a él 
sin ceremonias ni fórmulas en el momento de la tribulación; ellas son 
las oraciones mas sinceras i fervientes. Mas de dos mil mujeres, la 
mayor parte en el esplendor de la edad, mueren abrasadas por las lla- 
mas. Ninguna batalla desde la guerra de la independencia hasta el 
dia de hoi habia costado a Chile la pérdida de tantos hombres : estaba 
reservado al sexo débil, a la parte mas inofensiva e indefensa ser la 
víctima de la catástrofe mas estupenda e imponente. Ellas, la mayor 
parte tímidas i delicadas por su edad, por su fortuna i por su sexo, han 
perecido en un jénero de muerte cuya idea espanta a la imajinacion 
menos exaltada, ai hombre mas enérjico. 

¡Que el Señor tenga misericordia de ellas! Sí, así lo debemos creer; 
la mujer, i lo decimos con orgullo, la mujer chilena es en jeneral un 
ánjel en la tierra i lo será también en el cielo. Víctimas inocentes de 
su piedad apénas podemos recordar su temeraria imprudencia, solo nos 
queda para esas mártires el pesar i la profunda compasión. 

La lástima, la conmiseración; el luto universal solo reina en el co- 
razón de todos : en las calles no se oye la voz indiferente de nadie, 
solo se perciben jemidos, solo se ven caras tristes : sirva esto de algún 
consuelo a los que han perdido a las personas que mas han amado. San- 
tiago toda llora con ellas : las que visten luto no teman que las galas 
de nadie insulte su dolor ; sus jemidos encuentran eco en los corazo- 
nes de todos, porque la ciudad está de duelo por sus hijas. Nadie 
ha despertado indiferente en las mañanas del 9 i del 10 : la luz del sol 
haciendo despertar a los espíritus ha renovado el dolor i la conster- 
nación. 

Nosotros hemos visto la hoguera en que ardían a la vez 2,000 
personas; nosotros tenemos estampado en el cerebro i en la retina de 
los ojos ese purgatorio i ese infierno i oimos aun los gritos de miseri- 
cordia; pero no queremos hablar sobre esto. Aunque hubiéramos que- 
rido silenciar hasta el conjunto i no obstante conviene que todos pue- 
dan medir la profundidad del abismo. 

En las carnicerías de setiembre en la revolución francesa hubo aí 
menos el furor de la resistencia aunque impotente : hubo el calor de 
los odios i el fanatismo del deber, tanto en las víctimas como en los 
verdugos. En el terremoto de Mendoza el terror de todos, el estupor 



— 32 — 

de un fenómeno que hería umversalmente, haciendo que cada cual 
pensara en sí mismo mitigó la amargura, apagó la compasión por los 
demás. Lo mismo podemos decir de la sepultación de Herculano i 
Pompeya. 

En Santiago ha habido algo mas : la población entera ha tenido que 
contemplar en medio de la impotencia i la desesperación la hoguera 
en que ardian 2,000 mujeres. Imajinémonos por un momento lo que 
pasaba en el interior de ese incendio que aterraba a los que le miraban 
sin peligro. Los que presunciaron; el correr de mujeres i de hombres 
desolados que se internaban entre la multitud examinando los rostros 
i gritando en alta voz los nombres de las personas que buscaban, los 
desmayos, las carreras de hombres a caballo, la desesperación i el he- 
roísmo de los salvadores que se arrojaban a las llamas, pueden for- 
marse un idea pálida de la catástrofe ; pero echemos un velo sobre 
estos detalles. La herida está aun derramando sangre. 

Pensemos en los que viven, i aunque tarde tratemos de prevenir 
el mal. Nosotros que vemos en el incendio, solo un fenómeno físico, 
solo una catástrofe horrible de aquellas a que está sujeta la desgra- 
ciada prole de Adán, solo culpamos la obstinación i la imprudencia 
en hacinar cuatro mil personas con trajes engorrosos e inflamables en 
un templo que por su inmensa cantidad de gas estaba de antemano 
caldeado hasta el estremo de que la menor chispa hubiera producido 
la mas rápida conflagración. 

Personas bien informadas hacen subir el número de las luces a 
7,000 : casi todas las lámparas eran de ese fluido que se llama vul- 
garmente gas portátil ; así es que desde el principio del incendio, cayó 
sobre las infelices mujeres una lluvia de esa materia tan violentamen- 
te inflamable. 

Imprudencia funesta que no se disculpa ni con la necesidad ni con 
la ignorancia! 

Ademas, las puertas eran pocas i mui estrechas i el piso de ellas 
mui accidentado para que la salida de los que estaban adentro hu- 
biera podido efectuarse con la debida prontitud. Se pensó mucho en 
el lujo de la iglesia i mui poco en la salud i en la vida de tanta mujer 
inocente. 

A este respecto, hai algo que correjir, algo que hacer para el por- 
venir, la esperiencia ha sido cruel i debemos aprovecharla para que no 
todo sea perdido. 

Desde luego, la apertura de los templos en la noche es evidente- 
mente perjudicial a la salud i a la seguridad de los concurrentes: fue- 
ra de que introduce el desorden i desconcierto en el réjimen i orden 
interior del hogar doméstico. Hai otro jénero de consideraciones de mo- 
ralidad pública en que por ahora nos abstendremos de entrar. Por otra 
parte el pudor i pocos años de muchos lectores no son mui aparente 
para oir reflexiones que desgraciadamente son mui ciertas. 

Lamentamos también ese empeño tenaz, ese ahinco por convertir el 



— 33 — 



templo en im lugar esplendido i lujoso, esafiebre por tapizarlo de gas, 
rivalizando en el gusto i en el fausto con los lugares profanos. Ah! 
a este respecto cuanto no podríamos decir, pero desgraciadamente es 
necesario resignarse a dejar al tiempo i al progreso la demostración de 
verdades del evanjelio i de la filosofía, verdades que aun no las puede 
ni las quiere comprender cierta clase de personas mui influyentes en 
la sociedad. 

Llegará dia en que muchos abran los ojos i sacudiendo ese letargo, 
ese fatal encojimiento de espíritu, se atrevan a mirar frente a frente la 
verdad i a comparar la verdadera palabra, la verdadera moral de Dios 
con ciertas preocupaciones i errores que han subyugado a la fracción 
mas adorable i mas virtuosa de la sociedad. 

A este respecto no sé si debamos dar fé a lo que varias personas 
fidedignas nos han referido. Algunos pretenden que el misticismo exal- 
tado de algunos presbíteros, que a la sazón estaban en el templo, los 
indujo a cuidar de los ornamentos i demás objetos materiales del culto 
esterno, lo cual produjo un hacinamiento de objetos en una de las 
puertas laterales, dificultando así la salida ya mui obstruida por las 
murallas de mujeres aglomeradas que, según nosotros mismos hemos vis- 
to, llegaba aun ayer a mas de dos varas de altura. 

Aunque estamos enteramente persuadidos de que los hábitos reli- 
giosos de profesión i el misticismo producen alguna frialdad para con las 
criaturas perecederas, no queremos dar oidos a semejantes relatos por- 
que ello seria espantoso. 'JSTo obstante es indudable que en la plazuela 
de la Compañía no estuvieron como debieron estarlo los numerosos 
presbíteros que hai en Santiago para salvar a esas pobres mujeres que 
se quemaban en la misma casa a que ellos contribuían tanto a llamar- 
las. Habríamos deseado ver a los socerdotes en jeneral dando muestras 
de esa caridad que es natural suponerles, i que ellos, no los legos, hu- 
bieran sido los primeros héroes de la triste jornada del 8. En esta 
parte hemos sufrido una completa decepción. 

Pero alménos esperamos en que serán los primeros en proponer las 
medidas que conduzcan a evitar en lo sucesivo la repetición de una ca- 
lamidad tan espantosa. Confiamos en que el señor arzobispo, abando- 
nando siquiera por ahora, la tradición oficial de encerrarse en fórmulas 
frias i en preces por el alma de los muertos, se allane i aun coopere 
como el que mas a la prohibición de abrir las iglecias después de la en- 
trada del sol, como igualmente que dará las órdenes oportunas para que 
en adelante no haya en cada altar sino las dos luces de ordenanza al tiem- 
po de celebrarse el sacrificio de la misa. 

Dios quiera que todos se inspiren principalmente en las ideas que 
nacen de la compasión i la lástima, i que nadie, i mucho ménos los sa- 
cerdotes que están obligados a dar buenos ejemplos, se encastillen en el 
terreno egoísta de las inmunidades i atribuciones. Que delante de ese 
cementerio de la Compañía solo exista la humildad del corazón i el amor 

al prójimo! [Ferrocam 1 ,~] 

5 



~ 54 — 



Él dolor de la horrorosa hecatombe del 8 de diciembre oprime todavía: 
nuestro corazón, hasta el punto que no encontramos palabras con que 
espresar los sentimientos que nos dominan. ¡Pobre Santiago! ICiudad 
desventurada! ¿Quién le devolverá lo que ha perdido? ¿Quién reani- 
mará la fior de su sociedad, sorprendida por la mas horrenda e inespera- 
da muerte? Quién dará de nuevo vida a sus virtuosas matronas, a sus 
anjelicales i tiernas doncellas, que el fuego ha confundido, con su mortal 
abrazo, en un solo e informe cadáver? ¿Quién volverá a anudar los lazos 
de tanto amor, rotos de un golpe i en una sola hora? ¡Ah! No queda a 
Santiago i a la patria entera, que hace eco con su profundo i simpático 
dolor a los j émidos de angustia de su capital, sino un consuelo i un re- 
curso: el consuelo del llanto, el recurso de la resignación! 

La ciudad entera parecia haberse agolpado en aquel infausto dia, al 
templo i a la festividad favorita de sus mujeres. Los padres, los espo- 
sos i los hijos quedaban talvez descontentos e irritados en los hogares 
casi solitarios, miéntras las hijas, las esposas i Jas madres se dejaban 
arrastrar por los impulsos de una temeraria curiosidad, de una mal 
aconsejada devoción. El templo ostentaba toda la pompa del lujo. 
Manos imprudentes habian cubierto su techo i sus murallas de nu- 
bes de gasa i de vistosas galas, i en todo el vasto recinto ardian mi- 
llares de luces. Los directores de esta fiesta debian estar ufanos de 
su éxito; allí estaba a sus piés la flor de la población femenina de 
Santiago, inundados los bellos rostros en radiante luz, embriagadas las 
almas por la música i prontas para dejarse embriagar por la palabra del 
sacerdote! ¡Qué glorioso espectáculo !=De repente, como a la voz de 
un ánjel de muerte i de desolación, la escena cambia. No es ya una 
iluminación; es el incendio, rápido, voráz, irresistible. Gritos de alarma 
i de desesperación resuenan en los ámbitos del vasto templo; se quiere 
huir i es imposible; caen las primeras enredadas en esos malditos trajes 
que han inventado la vanidad i el mal gusto moderno, i las otras caen 
encima de ellas, hasta formar inmensas murallas, inmensas barreras 
humanas. Entre tanto, el gas estalla en los frájiles depósitos; las col- 
gaduras se encienden i toda la pompa del templo de lujo de Santiago 
sirve de alimento a las llamas, que no tardan en volverlo todo, edificios, 
altares, seres humanos, en una horrenda hoguera. Nadie puede arran- 
carse del abrazo indisoluble de la espantosa desgracia, i Santiago entero, 
que está a las puertas del templo, irresoluto atolondrado, impotente, 
es condenado a ver que sus madres, sus esposas i sus hijos, mas de dos 
millares de mujeres infelices, se retuercen desesperadas en un mar de 
fuego exhalan el alma en medio de penetrantes alaridos i desaparecen 
en Tas olas del incendio, convertidas en troncos ennegrecidos desfigura- 
dos i repugnantes! 

¿Qué hai en la historia del mundo, de mas trájico i de mas desespe- 
rante, que el infausto suceso de este dia? 

Nos parece que desde esta ciudad hemos asistido al borroso espectá- 
culo i hemos sentico en nuestras almas toda la desesperación impotente 



— 35 — 



*que ha debido atormentar a los que lo presenciaron, i creemos oír dis- 
tintamente el angustiado lamento de las víctimas. El dolor i la compa- 
sión de Chile entero responden como un eco a la desgracia sin nombre 
i sin límites de Santiago: ¡Pobre Santiago! Ciudad desventurada. 

Eesta saber ahora si la catástrofe de que ha sido teatro el templo de 
la Compañía, fué solo una desgracia inesperada i casual, de esas que de 
tiempo en tiempo visitan a las naciones i que parecen destinadas a probar 
su enerjía i su resistencia, o si encierra, por el contrario, alguna espe- 
riencia i alguna elección para nuestra sociedad. Eesta que sepan nues- 
tro pueblo i nuestro gobierno si el deber del momento es el olvido, o por 
el contrario, si el deber es la reflexión i la enmienda! 

Esperamos que no se nos hará la ofensa de creer que en estos mo- 
nietos de dolor i de respeto, en presencia de la tumba inmensa, abierta 
todavía, en donde reposa tanta virtud, tanta belleza, tanta juventud i 
tanta esperanza del hogar i de la patria chilena nos pase por el corazón 
el sentimieto de satifacer encones i suscitar antipatías contra hombres 
que no son de nuestra predilección. No. Sentimos sinceramente que 
solo ahora, delante de una catástrofe sin ejemplo, como la del 8 de di- 
ciembre, se comiense a darnos razón a los que siempre hemos opuesto 
una resistencia tan inútil como mal interpretada, a las desviaciones del 
sentimiento social i relijioso de nuestra sociedad. Pero, a la luz del omi- 
noso incendio que devoró la Compañía, ¿quién no ha abierto los ojos, 
quién no ha comprendido que Santiago caminaba por una via, en la 
cual debían salirle al encuentro males de todo jénero? La vida del alma, 
que se revela en el amor del hogar, en el cultivo del sentimiento i de 
laintelijencia, parecía muerta en nuestra sociedad. Se vivia con una vida 
puramente esterior; el lujo de los vestidos i de las habitaciones i el lujo 
on la casa de Dios, albergue de humildad, de modestia i de reverencia, 
en donde quiera que existen verdaderos sentimientos relijiosos, cundían 
en Santiago como una gangrena de su felicidad. Apelamos a la con- 
ciencia de los padres i de los>sposos: ;no es verdad que luchaban casi 
todos ellos, desde hace tiempo, con esfuerzos desesperados e infructuo- 
sos por contener la corriente de estas funestas exajer aciones? Era ea 
vano. El hogar quedaba vacío i triste; el hogar de las familias quedaban 
solitario. El corazón femenino estaba léjos de él? 

I como ningún principio o hábito antisocial puede desarrollarse im- 
punemente, los malos principios que se han introducido en la vida de 
nuestra sociedad han encontrado terribles i lój icos correctivos. La crisis 
financiera i labancarota en masa vinieron en pos del lujo i de la disi- 
pación imprudente de las rentas. El lujo relijioso i la fiebre del culto 
esterno nos trae ahora, en pos de anarquía doméstica la mas horrible 
catástrofe que rejistran los anales de la América. Pobre Santiago! Ciu- 
dad desventurada! Las manos del destino han caído sobre sus hombros 
rudas e implacables! 



(Patria^ 



— 8G — 



1 - Didemhrc. Mí 

Se repite í asegura jeneraimente que la autoridad esclesiástiea se pro- 
pone celebrar sufrajios'por las víctimas inocentes del horrible i espan- 
toso incendio de la Compañía én las mismas puertas del templo in- 
cendiado, i nos cuesta, sin embargo, creer que se tenga un propósito 
que revela tan grande olvido de los miramientos i consideracione de- 
bidas al dolor que aflije i angustia a millares de vecinos de Santiago. 

¿Qué se pretende al elejir para los sufrajios el mismo lugar de la 
horrenda muerte de las víctimas? Se quiere acaso hacer mas acerbo el 
dolor, se quiere añadir aflicción a aflicción? Los padres que han per- 
dido asus hijos, los hijos que han perdido a sus madres, el esposo que 
ha perdido a su esposa, la pobre anciana o el huérfano desvalido que 
ha perdido la mujer honrada e industriosa que le servia de apoyo, los 
deudos i amigos de las víctimas, se esforzarán sin duda en ira unir sus 
oraciones a la de la iglesia iva contristados i a tribulados irán a exacer- 
bar su dolor teniendo a la vista el mismo recinto en que personas que- 
ridas perecieron abrasadas por las llamas en pocos minutos? Gana al- 
go la piedad, el espíritu relijioso, con someter a esa dura prueba es- 
píritus trabajados por un sentimiento intenso? Gana algo el bien de las 
almas de las víctimas con que sus deudos i amigos dominen sus sen- 
timientos morales hasta con peligro de su salud? Hai ventaja para al- 
guien en que apuren bástalas haces el cáliz de la amargura que sabo- 
rean desde el martes. 

Imprudencias han dado lugar a esa horrible hecatombe de débi- 
les mujeres, que en pocos minutos han desaparecido abrasadas en 
una hoguera espantosa, í se quiere con nuevas imprudencias reagra- 
var la triste situación de los vivos. Se quiere hacer saborear a la po- 
blación de Santiago el hecho mas horroroso i de que talvez no sé pre- 
senta otro ejemplo en el mundo. 

Dudamos de que a los promotores de esa idea no se les ocurra, no sien- 
tan ellos en su corazón que personas que han perdido a sus madres, sus 
hijos, sus esposos, sus amigos i fieles servidores i que van con el espíri- 
tu lleno de angustia i dominados por el dolor, fomentados sus sentimien- 
tos por el lúgubre aparato de los funerales, podrán estar mirando el re- 
cinto del templo, tumba de millares de víctimas, sin sentir de nuevo des- 
trozado su corazón con peligro de su salud. Cuántos de los que allí asis- 
tan se imajinarán ver a la madre, a la esposa que les tienden los brazos 
en medio de las llamas, que les piden auxilio? cuántos ver arder en la 
hoguera a ésas personas queridas i espirar con desesperación en medio 
de las llamas? I esa exacerbación del dolor hasta ese grado la desean, la 
promueven, la buscan? s 

Por Dios, tened mas caridad con el que sufre, no os complazcáis con 
desgarrar mas todavía corazones lacerados, escuchad los sentimientos 
que en todo pecho laten i no amontonéis aflixion sobre afiixion. Dejad al 



neto lo que de suyo tiene de doloroso. Celebrad los sufrajios en los tem- 
plos i no enfrente de esas ruinas que causan horror i espanto al que ai 
mirarlas ve ía tumba de las víctimas del 8 de diciembre. 



Honras sobre los escombros aun humeantes de la catástrofe ¡qué 
horror! Tal es la esclamacion jeneral, la esclamacion de la humanidad 
i el buen sentido, en presencia del propósito que se atribuye al metro- 
politano. ~No es creibleqüe semejante idea haya albergado. El cristia- 
no, el hombre, el sacerdote no pueden 'menos de protestar en él contra 
un propósito que no nos atrevemos a calificar. ¿Se quiere que los que 
sufren, los que lloran a tantos seres queridos, los que tienen el corazón 
desgarrado, vayan a renovar de nuevo sus dolores, vayan a pisotear tal 
vez los restos de los seres amados? Quién se atrevería a hacerlo? Quién 
se acerca hoi al lugar de la catástrofe sin sacar de él angustiado el co- 
razón i triste el alma? Quién podrá elevar, en la calma de la fé, de la 
creencia, de la confianza en Dios, sus preces al Dios justo i grande, 
cuando todo lo estaría llamando hácia la tierra, hácia el recuerdo de 
los que perecieron, de sus angustias- de sus tormentos, de su agonía? 
Solo corazones, de piedra pueden haber concebido idea tan insensata. 

De no, corred a la casa de la madre, del esposo, del padre, del hijo, 
i preguntadles: ¿iréis a orar por los que habéis perdido en presencia 
de los escombros bajo los cuales se han encontrado sus cadáveres? I 
todos os dirán: Nó! eso es horrible! ÍTó! es preciso que no quede en 
aquellos sitios huella alguna de la catástrofe! Es preciso, es una cues- 
tión de humanidad i de deber arrasar esas paredes ya medio destruidas! 

No es posible que vuelva a alzarse templo alguno en aquel sitio. Tres 
incendios en ménos de un siglo tiieen mucho aun a las almas mas indi- 
ferentes i despreocupadas. Es fuerza convenir que hai sitios desgracia- 
dos i el templo de la Compañía es uno de ellos. Miéntras algo de ese 
templo quede, las heridas que su catástrofe ha habierto en todos los co- 
razones no pueden cerrarse. Las paredes que se bambolean i amenazan 
caer están diciendo que es necesario proceder cuanto ántes a su demo- 
lición. Ahí ya no hai sitio para sacerdotes verdaderamentes cristianos 
ni para hombres capaces de sentir. Concluida la misión de los sepultu- 
reros, debe principiar la de los demoledores. Tal es lo que mandan la 
humanidad i la seguridad pública. Esperamos que tan solemne manda- 
to no sea desoído. 

Igual esperanza abrigamos con respecto a las funciones de iglesia 
por la noche. Comprendemos que, en los primeros momentos, no haya 
podido tomarse medida alguna; pero ya es ahora de proceder a tomarlas, 
Sobretodo, desde que los templos, como era la esperanza de la mayo- 
ría, no se han cerrado espontáneamente, fuerza es, entonces, que la 
autoridad, que la lei, si es necesario, hagan oir sus mandatos. Basta de 
hecatombes! basta de fausto! caridad, fé, creencia pura i cincera es lo 
que Dios quiere i lo que debe llevarse a la casa de Dios. I esa santa 



— 38 — 



^a-sa no debe traer ningún recuerdo de dolor, porque cérea de Dios 
solo debe haber esperanza para todos, para todos consuelo. 

Demolición de la Compañía i templos tan solo alumbrados con la 
luz de Dios! 



( Ferrocarril) 



Diciembre 12. 



Santiago está de duelo. Una de esas conmociones profundas que, 
hacen época, que no se borran jamás de la memoria de los pueblos, 
porque dejan una hondísima huella de espanto i desolación, ha venido 
a vestirla con el crespón de un doloroso luto. Aun no puede el pensa- 
miento apartarse de ese cuadro horrible, cuya sola vista era ya no ho- 
rroroso tormento, i el corazón palpita todavía ajitado por esa impresión 
i los sentidos están aun embargados como en medio de una atmósfera 
de fuego. La imajinacion se siente herida i la conciencia se humilla an- 
te el poder misterioso de una inconcebible fatalidad. 

Por mas que uno se empeñe, por mas que la fantasía quiera dis- 
traer el horror de sus recuerdos en contemplaciones estrañas, es imposi- 
ble desprender el alma de ese círculo de espantosas impresiones que la 
aprisionan como anillos de tormento. El pensamiento está encadenado 
a eso horror i el cuerpo tiembla i se estremece todavía, porque aun 
resuenan en los oídos los ayes desgarradores i los jemidos, i los gritos 
de desesperación que se levantaban de todas partes^ como de una scla 
boca. 

Algo como la presión de una inmensa masa de plomo ha quedado po- 
sando sobre la capital i seguirá pesando todavía por mucho tiempo. La 
consternación i el espanto de aquella noche funesta no son de esás im- 
presiones pasajeras que desaparecen aun tiempo con el peligro. San- 
tiago permanece como la tierra después de un gran terremoto, o como 
las tierras vecinas a un volcan quedan después de una repentina esplo- 
sion. 

La sociedad está aun absorta $n el asombro de la reciente catástrofe, 
siente bullir en el aire la respiración ahogada que produce una dolo- 
rosa atribulación, cierra sus puertas en señal de duelo, i centenares de 
familias quedan vistiendo los ropajes del luto, que se estiende moral- 
mente mas allá del límite de las relaciones de parentesco. 

El terrible incendio del martes ha hecho de toda la población una 
sola familia que se siente herida en su parte mas d olorosa, i que solo 
busca ya su consuelo en las dulces inspiraciones de larelijion. 

Era el último dia en que se celebraba la purísima Concepción de 
María, función que el espíritu relijioso hacia relucir todas las noches 
con el brillo de cuatro mil luces repartidas en todos los ámbitos del 
templo, i que hacían olvidar con su deslumbrante resplandor la impru- 
dencia de ese lujo que tan caro ha venido a costar. En esa tarde, por 



— 39 — 



consiguiente, la concurrencia era mas numerosa que en las anteriores; 
el predicador en la exajeracion de su celo por darle mas pompa al cul- 
to que celebraba, con la asistencia de todas las devotas bijas de María, 
babia pedido que no faltase una sola la ultima nocbe. 

Iba a darse principio a la función; la mitad de las luces alumbraban 
ya el recinto sagrado que contenia una masa compacta dé jente esten- 
diéndose hasta la mitad de la plazuela. Cerca de tres mil almas espe- 
raban que la voz solemne del relijioso hiciese oír la palabra divina para 
elevar con ella sus oraciones. Acaso ya todas aquellas almas purifica- 
das en una fervorosa devoción se comunicaban con Dios en el miste- 
rio de la conciencia. I hasta el cándido niño con su alma , ignorante 
del bien i del mal, repetiría talvez con inocente unción, el rezo que 
oia salir dulce i tranquilo de los lábios de su madre, 

Pocos momentos ántes de la3 siete, para comenzar las ceremonias, 
un ayudante va a enceder las luces del altar mayor; una luz prendió 
con violencia i el fuego empieza a tomar cuerpo en los adornos de cinta 
í de flores del altar. Una conmoción estrafia cunde por todo el templo 
i algunas tímidas o previsoras escapan; pero la mayor parte, creyendo 
que aquello seria algunos de esos hechos insignifcantes i sin consecuen- 
cia que frecuentemente ocurre en nuestros templos, permanecen en 
sus lugares sin quererse mover. 

Un momento mas i el fuego sube al techo, i el terror, la turbación, 
el espanto, la desesperación, confunden a la multitud la atolondran i 
la salida se hace imposible por la misma aglomeración. 

El fuego toma proporciones jigantezcas; con una rapidez asombrosa 
se desliza por la bóveda del techo i se apodera de la cúpula; la llama 
chisporrotea, i arroja un fulgor siniestro, la madera cruje i el pánico 
se hace entonces jeneral. Algunos se desmayan, otros se atropellan i 
caen, i sobre estos vienen otros i otro, formando un compacto hacina- 
miento de cuerpos humanos en los arcos i en las puertas del templo . 
Los del sentro encuentran por todos lados barreras insuperables que 
hacen todavía mas espesas con sus efuerzos por romperlas. Una puer- 
ta que ofrece una salida se cierra por empuje de las masas que se 
precipitan por ella; otra no puede abrirse; ésta se llena de cuerpos en- 
redados entre sí; aquella es ya presa de las llamas. Oh! aquel momen- 
to fué espantoso! La iglesia se llena de humo, de un humo rojo i ar- 
diente que abrazaba la atmósfera i de todos los ámbitos del templo se 
oyon salir lamentos desesperantes, gritos desgarradores que parten el 
corazón del que los oye i no puede salvar a nadie. Los hijos llaman a 
sus madres, las madres a sus hijos, el hermano al hermano, desposo a 
la esposa, todos llaman al cielo en su socorro, i se forma allí un caos 
de horror, una confusión espantosa imposible de describir. 

Acude jente a las puertas a salvar a los que se pueda. Impotencia 
desesperante! El hacinamiento de los cuerpos amontonados impide la 
salvación; diez brazos sacan a una sola persona mientras en ese espa- 
cio de tiempo cien infelices exhalan el último grito de agonía. Se 



— 40 — 



echan cuerdas i el peso de la jente las rompe; se tienden árboles i el ca- 
lor los destroza en las manos mismas de los que se asen a ellos. I en- 
tre tanto un sinnúmero de bocas piden salvación i una infinidad de 
brazos se tienden hácia fuera buscando un punto de apoyo; i se ven 
allí los semblantes con una horrible espresion de espanto, iluminados 
por la luz rojiza del incendio, con los músculos contraidos por la de- 
sesperación, las manos crispadas por el dolor, con los ojos desencajados, 

implorando en medio délas llamas por un átomo de vida • Los 

alaridos siguen i las oraciones de la resignación se mezclan a los aves 
de la agonía i seres queridos que se ven alcanzados por el fuego se 
buscan i se estrechan para morir abrazados en las últimas efusiones de 
su cariño. Una madre tiende los brazos a su hijo que no puede salvar- 
la, un hermano arranca en los suyos a una hermana moribunda i una 
esposa llama a gritos al padre de sus hijos! I la fuerza de los brazos 
salvadores se agota en la impotencia de sus trabajos. 

I las llamas suben! la cúpula principal es una hoguera inmensa de 
humo i de fuego que arroja espesas bocanadas de llamas por todas sus 
ventanas, iluminando el espacio con una horrible claridad. Las arañas 
del techo comienzan a caer desprendidas i la cera i el gas prenden el 
incendio en las ropas de las personas, que quizás esperaban todavía la 
salvación. Un momento después el techo se despedaza i cae en tizones 
encendidos sobre todos los claros. Se vé entonces un horno inmenso 
en el que arden centenares de cuerpos humanos. Se vé un mar de 
eabezas i de brazos levantados ajitarse en un mar de llamas, sin mas 
ruido que el chisporroteo de las brasas i las maderas que se despren- 
den, por que los j émidos se habían apagado con el aliento contenido por 
la asfixia producida por el humo i el calor. 

Los contornos de afuera presentan un espectáculo si no tan horrible 
i aterrante, al ménos mui lastimoso i conmovedor. Millares de perso- 
nas se agrupan cerca del templo en busca de deudos queridos que no se 
encuentran. Todos -gritan i lloran, otros atruenan los oidos con la es 
pantosa carcajada de la locura; unos se golpean contra las murallas i 
otros se despedazan sus propias carnes se revuelcan en el suelo po- 
seídos de la mas terrible desesperación, unos corren desatentados i 
otros se abrazan a los que están cerca, bañándoles el seno con abun- 
dantes lágrimas; unos imploran la misericordia divina i otros contem- 
plan aquel cuadro de martirio i de esterminio con la estoica mirada del 
idiotismo. I las campanas de las iglesias ayudan con sus dobles fúne- 
bres la agonía de mas de dos mil víctimas que están pereciendo! I las 
llamas toman a cada momento un impulso mas devorador, esparciendo en 
torno una lluvia de fuego en qne algunos creían ver la copia del juicio 
universal. I siguen en las puertas los trabajos de salvación; pero casi 
todos los efuerzos son infructosos. Se consigue arrancar algunos de las 
aglomeración de cuerpos; pero salen ya moribundos o medio devorados 
por el fuego. Se tienden las manos; los desesperados se asen a ellas i 
algunos dejan sus brazos en esas manos que los quieren sacar. 



— 41 — 



Personas que se dejan llevar de su arrojo i su abnegación se acercan 
mas a las víctimas que se apoderan de todo su cuerpo, le impiden el 
movimiento i lo arrastran a perecer con ellas. Horrible estremo! Estar 
allí casi en contacto con los infelices que perecen, tocar sus manos, 
escuchaí sus desgarradores lamentos, verlos quemarse vivoSj arderse; 
los unos en los otros, i no poder salvarlos ni siquiera darles el mas 
lijero socorro, ni aun aliviar el horror de su martirio! Se hacen actos 
de heroísmo, pero los mas arrojados llegan a ser presa de las llamas 
que cunden mas i mas hasta apoderarse de las puertas i consumir en 
ellas la última esperanza! 

Espantoso! mil veces espatoso! 

Pocas son las que salvan. Algunas tienen sangre fria para pensar 
cual es el mayor inconveniente para salir i se desprenden de sus ves- 
tidos. 

Una señora ve la cofucion jeneral, se desnuda de sus ropas i con- 
sigue salvarse! pero le falta su hermana, cree oir sus gritos que la lla- 
man i se lanza de nuevo al interior; la encuentra, la desprende de los 
grupos i se salva de nuevo con su preciosa carga. 

Una señorita consigue también, salvarse, pero sus dos hermanas van 
a perecer; la$ divisa en el medio de un estrecho grupo, comprende 
su peligro; las llamas se acercan; i loca, desesperada, se precipita 
hacia dentro^ saca una i vuelve de nuevo para volver a salir con su 
hermana en los brazos. Todavía le quedan fuerzas i se coloca en la 
puerta ayudando a salir a las que están mas cerca: por fin el calor la 
sofoca, el cansancio la fatiga, la impresión i el terror la desvanecen i 
es preciso retirarla de la boca de aquel horno. 

Un hijo vé a su madre! su madre que lo mira con ojos suplicantes; 
que le tiende desesperada sus brazos, que lo llaman; la ve iluminada por 
las llamas que salen de sus propias ropas . $e arroja i lucha por lle- 
gar hasta ella! imposible! Hai un muro humano impenetrable; el calor 
lo sofoca, lo ahoga; la desesperación que le causa la vista de aquel ho- 
rrible cuadro lo hace perder los sentidos i cae sin aliento i apenas 

consiguen salvarlo los que se hallan mas cerca. 

Qh! Por qué no puede tenderse un velo que cubra con sus espesos 
pliegues el cuadro de orror de aquella noche funesta. 

Tratemos de respirar por un instante el aire fresco que traen las 
brisas del sur i de apartar nuestro ojos de aquella tristísima i desgarra- 
dora escena para fijarlos en esa admósfera tranquila i estrellada que pa- 
rece no querer enlutar su inmenso pabellón de azul i...... 4 ...... 

De unos apuntes de nuestro amigo Guillermo Mat% tomamos los pá- 
rrafos siguientes: 

Si durante el incendio de la tarde, todo habia sido gritos, desola- 
ción i espanto; si los siniestros tizones ardían derramando humosas lla- 
maradas en el ámbito de la iglesia, al mismo tiempo que en la plazue- 
la se agrupaba conmovido i ajitado un inmen«o jen-tío, a la una de la ma- 



_42í — 



ñaña el horrible aspecto del cuadro habia cambiado completamente. 
En la plazuela reinaba un mudo silencio, interrunpido apénas por el 
movimiento de los soldádos o por los pasos de uno que otro espectador 
melancólico que llegaba al lugar de la catástrofe, como se llega a un 
sitio de martirio. Ademas, nosotros que babiamos contemplado, con el 
alma desgarrada, las llamas de esa hoguera que devoraba cuerpos hu- 
manos, no nos podíamos convencer todavía del número de sus víctimas 
i fuimos allí a convencernos por nuestros propios ojos. Qué triste espec- 
táculo i que horrible realidad! Qué hacinamiento de cadáveres i de es- 
combros! Allí chispiaban A odavía los tizones sobre un montón de cuer- 
pos desnudos, mutilados, sin cabeza, sin piernas, sin brazos i con el dor- 
so del busto llegado o carbonizado! Mas allá un grupo de mujeres arro- 
dilladas i a las que la muerte habia sorprendido en la actitud supli- 
cante de la oración! Sus manos parecían buscar en el espacio el an- 
jel salvador que bajaría de los cíelos, i en sus rostros habia quedado 
estampada la última, sublime esprecion de la esperanza! Debajo de los 
arcos maciso de las naves laterales i huyendo de la lluvia de fuego 
que caia del techo de madera, centenares de infelices habían buscado 
un refujio; i estrechándose unas con otras en espantosa hilera, destro- 
zado el vestido, descubierto el seno, chasmuscado el cabello, retorcidos 
los brazos i acongojado el rostro, parecían grupos de estátuas inmó- 
viles esculpidas allí por la desesperación i el dolor. Madre que tendían 
los brazos a sus hijas, hijas que abrazaban a sus madres para morir 
juntas, amigas que se habían tomado de las manos, como para salvar- 
se; i en todos los ojos se veia las huellas de las lagrimas, i en todas las 
bocas los lábios entreabiertos, nos hacían creer que la última palabra 
de ellos habían sido de micericordia i desconsuelo. Era tan triste mo- 
rir para esas infelices! Muchas de ellas eran jóvenes, vírj enes puras, 

para quienes la vida era luz i esperanza! La inocencia perfumaba esas 
almas con el aroma de los ánjeles i los sentimientos exhalaban ese aro- 
ma, como exhala el suyo la rosa de primavera! I esa vida, esa inocen- 
cia, esa pureza anjelical, formaban el paraíso de un hogar, eran el re- 
gocijo de una familia, el íntimo consuelo de una madre viuda, el sue- 
ño encantador de sus noches de vijilia i la única esperanza i el único 
ser cariñoso que la halagaba con sus besos, que la enternecía o regoci- 
jaba con su amor! Una de esas pobres víctimas, mas jóvenes o mas vigo- 
rosa que las otras, habia logrado sobreponerse a ellas i cuando taivez 
cria abrirse paso por entre la multitud, habia quedado afixiada i como 
clavada en el ángulo de un arco, inclinada un tanto la frente; i por 
esta actitud, por la postura del cuerpo i hasta por su inefable belleza 
semejante, en un todo a la imájen de la melancolía velando el sepul- 
cro de una vírjen! Oh! nadie podrá -describir con palabras tan lastimo- 
so i solemne cuadro!...... 

«Si en un punto escenas tan diversas se presentaban a nuestra vista, 
en otro mas lejano, en el presbiterio, hácia el cual no podíamos acér- 
canos lo bastante, contemplábamos una escena confusa dramática i de 



— 43 — 



una verdad patente, horrible, estremecedora, i superior en colorido i 
grandeza a todas las orijinales escenas que la colosal fantasía de Mi- 
li u el x\ njelo pudo crear i eternizar en su cuadro del juicio final! Por 
ese lado hubo puertas que conducian a la salvación; hacia ese lado 
empujóse con estraordinario impulso la jente i allí fué, sin duda, la 
lucha mas terrible, mas larga i mas desesperada. Si en otras partes se 
levantaban las manos al cielo en signo de súplica, aquí, los músculos, 
ajitados por la enérjica violencia de aquel que vé la salvación de su 
vida tan cerca de su muerte, hablan dejado impresos en las fisonomías 
i en los ouerpos el ceño del esfuerzo i los jestos de la desesperación i 
de la mas honda anciedad. Ah! quién podrá decir lo que en ese instante 
han sufrido, luchando vigorosamente por desasirse de aquellos que loe 
oprimían i que les impedían llegar a la puerta de la vida i de la sal- 
vaoion! I este cuadro horrendo de desolación i de espanto, que hemos 
desorito a grande rasgos, pero que permanecerá para siempre graba- 
do en nuestra mente; esta sucesión de escenas dolorosas i estraordina- 
rias, que forman el conjunto de ese cuadro, se iluminaba vagamente 
por los resplandores de los consumidos tizones i^por el retejo de las 
paredes blancas, enrojecidas i calcinadas por el fuego. Hubo momentos 
en que creíamos estar en un cementerio en ruinas, rotas las lápidas 
por un violento terremoto, destapadas las fosas i arrojados afuera los 
cadáveres por el sacudimiento de la tierra; i todo esto alumbrado por 
la incierta i vaga claridad de una luna cadavérica! Si fuéramos a es- 
cribir todo lo que esos momentos sentimos, todo lo que pensamos, 
todo lo que sufrimos, seria necesario pedir a nuestros ojos lágrimas 
i a nuestro corazón j émidos; lágrimas i j émidos que irían a oaer i a 
resonar en otras almas, que han vertido ya abundantes lágrimas i cu- 
yos jemidos se escuchan todavía. Demos paz a esas víctimas i que esos 
escombros de martiro i de horror, desaparezcan por fin de nuestra vis- 
ta, alzándose en su lugar el monumento de la expiación i del re- 
cuerdo! 

En la mañana siguiente la población no volvía aun d© su estupor. 
Por todas partes se veian ojos llorosos, senblantés consternados, ojos 
que miraban con espanto, dolientes que se lamentaban, i una atmósfe- 
ra de horror cubría todavía este inmenso vacío de desolación. El cie- 
lo mismo cargado de densas nubes, i el aire tibio que soplaba en ráfa- 
gas momentáneas parecían acompañar el luto jeneral. 

Los escombros del templo incendiado, humeantes aun i doblemente 
tristes por su color sombrío i su imponente silencio, escondían en su 
recinto una multitud de cuadros que horrorizaban a la vista. El mar- 
tirio habia pasado, el inmenso sacrificio estaba consumado i solo que- 
daba allí, oprimiendo dolorosamente el corazón, el espectáculo mas 
horrible que puedan ver ojos humanos. Aquello producía vértigo. 

No mirémos a ese cuadro horripilante, apartémos nuestra vista de 
esos grupos de escombros i de restos humanos, hacinamientos confu- 
so de cuanto hai de triste, de amargo, de rechazante, de mas horrible- 



__ 44 — 



tóente doloroso. Cubrámoslo mas bien con el velo del cileneio i procu- 
remos llevar el consuelo de nuestro dolor al dolor de los que lloran. 
Confundamos nuestras almas en un sentimiento puro i carguemos to- 
dos el luto de nuestros amigos i de nuestros hermanos. 

No hai ahora indolencias que amarguen el pesar, ni galas que in- 
sulten el duelo, ni manos que se nieguen a enjugar las lágrimas del 
que sufre. Hai solamente un corazón que jime, una sola alma que se 
resigna, una sola boca que se lamenta. No puede haber indiferencia. 
Lá tristeza se respira en el aire lleno aun de suspiros i de lamentos, 
. La voz del dolor es también ahora una voz de súplica. De allá del 
fondo del cementerio, del corazón universal, del sitio de la catástrofe, 
de la última agonía de las víctimas de las entrañas de la población, del 
Cielo mismo, se levanta esa voz que grita clamando por la demolición 
<íe ios escombros. 

Demoled ese templo, no dejéis piedra sobre piedra, destruid los 
cimientos, renovad la tierra, borrad para siempre esa huella de tan tris- 
tes memorias. 

Ño deis oido a las impías reclamaciones de un fanastismo desespe- 
rado. El fanatismo no siente, no oye, no tiene familia, no tiene entra- 
ña!; no percibe un acento divino, una voz celeste que resuena en lo 
ñi&& hondo del corazón, mandando caer esas murallas! 

3§sa es la voz de Dios que no quiere insultar el dolor de sus hijos 
abriendo en su corazón una llaga imperecedera, teniendo continuamen- 
te ante sus ojos el instrumento del martirio. 

¿Quién irá allí a elevar su alma i su conciencia al Dios de la mise- 
ricordia, que encuentre el consuelo i la tranquilidad de la oración? La 
voz del sacerdote resonará como el alarido de los mártires, el humo 
del incienso semejará el humo de la hoguera, cada ladrillo del pavimen- 
to será ja losa de un sepulcro de cuyo fondo se alzará una voz indigna- 
da por la profanación de los recuerdos! 

Este sitio no quiere mas altares; no hai allí lugar para los sacerdo- 
tes. Quiere silencio para descansar i soledad para guardarse a sí mismo. 

En nombre de la humanidad demoler esas murallas! 

Que se forme allí un jardín; que vengan las flores a purificar ese 
lugar elevando al cielo, en su perfume, la plegaria muda de la creación. 
Que renazcan allí las plantas como las almas en la eternidad. 

Que el que fije allí sus ojos con el dolor de sus tristes recuerdos, 
tranquilice su aliña' en la. vista de las flores i consuele su corazón en la 
aspiración de su aroma! De todos modos siempre serán las fiores que 
nazcan en los bordes de una tumba, pero flores que alivian i consuelan! 

[Voz de Chile.'] 




— 45 — 



Damos en seguida la representación que han dirijido al intendente 
. ocho miembros de la municipalidad de Santiago, para que convoque a 
ésta a sesión estraordinaria, i la respuesta que a ella ha dado -el inten- 
dente ordenando la reunión para hoi a las doce del dia. 

Hé aquí el documento a que nos referimos: 

Señor Intendente: 

Los que suscriben, haciendo uso de la facultad que nos confiere la lei 
sobre organización i atribuciones de las municipalidades suplicamos a 
US. que atendida la urjencia que hai de tomar algunas providencias 
que en parte tiendan a evitar la repetición de desgracias como la acon- 
tecida el 8 del actual, se sirva convocar a la municipalidad a sesión es- 
traordinaria para mañana a la hora de costumbre o la que XJ S. tenga 
por conveniente, atendido el estado de su salud. Santiago diciembre 11 
de 1863. 

Antonio Vidal. — Miguel Davila. — Lorenzo Sazie. — Tomas. A. Mar- 
tínez. — Pedro V. Urzúa. — Cirilo Virjil. — Santiago Lindsay. — Ambrosio 
Modriguez. 



- Santiago, diciembre 11 de 1863. 

Cítese a la ilustre municipalidad a sesión estraordinaria para mañana 
12 del corriente a las 12 del dia. 

Bascuñan Guerrero. 

A'cada momento se hace mas urjente la demolición de las ruinas de 
la Compañía. Dos arcos han caido ya, i muchos otros amenazan seguir- 
los. Las medidas que la autoridad ha tomado para precaver nuevas des- 
gracias, no bastan. Esas altas paredes cuarteadas i bamboliantes sin 
nada que las sostenga, son un peligro público. Tras el incendio el hun- 
dimiento! es una perspectiva que provoca la indignación de todo el ve- 
cindario. 

¿No hai brazos par emprender la demolición? Ahí están todas las 
clases de nuestra sociedad dispuestas para tomar en ella parte. Basta 
con que se las diga: — Podéis demoler! para que unas cuantas horas 
hayan desaparecido aquellas paredes cuarteadas, ennegrecidas i vaci- 
lantes. 

^Anoche se reunieron en casa . de don Ignacio Javier Ossa, los 
miembros de la comicion nombrada para erijir un monumento que con- 
memore la catástrofe del 8 de diciembre, en lo que hoi son las ruinas de 
la Compañía/ 

Acordaron dirijir al gobierno una representación, a nombro del ve- 
cindario de Santiago, pidiendo el local que ocupaba el templo í cuyas 
ruinas se encargarán de demoler. En caso que el gobierno no se crea 



— 46 — 



autorizado para hacer la donación, le piden que solicite del Congreso 
que dicte una lei especial sobre la materia. 

Se ha nombrado, para elevar la representación, una comicion especial 
compuesta de los señores don Antonio Yaras i don Manuel Eenjifo. 

No dudamos que la representación sea atendida i obtenga lo que de- 
manda. 



— 47 — 



EL VERDADERO ORIJEN DEL FUEGO. 



Señores editores: 

En nombre de la empresa que tengo el honor de representar, me veo 
en la necesidad de hacer una esposicion, esplieando al párrafo que, con 
el título que encabeza estas líneas ha aparecido en la sección de he- 
chos diversas de vuestro diario de hoi, i para desvanecerla alarma que 
pudiera despertar en el público el rumor de que la esplosion del gas 
hidrójeno en la Compañía fué la principal causa del incendio. 

, En, ninguna parte de la iglesia que no estuviese separada de la con- 
currencia por gruesas murallas habia cañerías de gas hidrójeno ni que- 
madores que arrojasen luz. En la sacristía, en el corredor esterior i en 
un cuarto privado del presbítero Ugarte habia quemadores de gas 
hidrójeno, pero, como lo he dicho ya, todos esos lugares estaban ente- 
ramente separados de la iglesia i entre las cañerías, que permanecieron 
intactas, i la concurrencia habia cuando ménos alguna espesa muralla. 
Los quemadores de la pieza del Señor Ugarte situado en el ángulo 
S. E. de la iglesia i separados de las naves no habían sido encendidos 
i tantos éstos como los demás, no han causado esplosion alguna. 

El oríjen del rumor inverosímil i destituido de todo fundamento nace 
sin duda del hecho de haber comprado el señor Ugarte a la empresa 
del gas 1,200 globos pintados, que le sirvieron para formar lámparas i 
arañas provicionales a que se dio luz no con gas hidrójeno, sino con 
velas o parafina. 

Abrigo la convicción de que si el señor Ugarte hubiese establecido 
el alumbrado de gas hidrójeno en la iglesia, conforme a los planos que 
le presentó en 1858, la horrible catástrofe del mártes último, no solo 
no se habría realizado, sino que hubiera sido de todo punto imposible 
el incendio de la iglesia. 

Soi de Udes. 



Eduardo Hanson, injeniero 



DEMOLICION DE LA COMPAÑIA, 



Que los restos de la iglesia de la Compañía sean arrasados hasta los 
cimientos^ que con las erogaciones piadosas del vecindario se espar- 
zan flores sobre ese recinto consagrado por el martirio de tantas vírje- 
nes, de tantas castas esposas, de tantas matronas venerables— hé aquí 
el deseo de cuantos lloran sobre la horrible catástrofe, de cuantos bus- 
can en vano al ser querido que perdieron. 

La iglesia de la Compañía, repitámoslo de nuevo, debe ser arrasada 
hasta sus cimientos. Así lo exije el dolor público; así lo aconseja el 
interés de la relijion; así lo quiere Dios. Hasta una lei del Estado así 
lo manda también. 
Cese de una vez para no revivir jamas ese loco misticismo que susth 
i tuye él oropel de mundanos atavíos a las prácticas puras i sencillas del 
culto cristiano. Dios, que quiere ser adorado en espíritu i en verdad, no 
gusta de esos espectáculos brillantes que hablan a Los sentidos mas que 
al corazón; ni puede tampoco recibir con agrado homenajes en que, 
tocándose arrebato a los sentimientos relijiosos, se preparan hecatom- 
bes horribles de víctimas humanas. 

lío queremos hacer inculpaciones a nadie. Hai momentos en que el 
alma apénas tiene aliento para jemir. ¿Ni a quién podríamos inculpar 
tampoco? Culpables de ciega confianza hemos sido todos, así los que 
prepararon o consintieron imprevisoriamente las causas del mal, como 
los que no cuidaron de apartarse del peligro a que los arrastraba su 
piedad. 

Pero la lección era tremenda, i es menester que de una vez tomemos 
nota de ella para restablcer el culto de Dios en su sencilla majestad, 
en su prudente ejercicio. 

El Santo Concilio de Trento ha querido hacer de cada parroquia el 
centro de una comunidad cristiana; i por eso ha ordenado a los obispos 
que no consagren un solo sacerdote sin asignarle una iglesia parroquial 
en 'donde desempeñe todos lo# oficios de su ministerio. En vista de 
esta prescripción canónica, ¿cómo podrémos esplicarnos ese empeñoso 
afán de destruir la santa i conveniente federación de los cristianos, 
apartándolos de su centro natural i concentrándolos en tumultuoso tro- 
pel, merced al aliciente sistemado de un culto pomposo? 

Echad la vista sobre nuestras parroquias i apénas encontrareis en 
ellas otra cosa que las muestras de un triste desamparo. 

Esa iglesia cuyas lujosas arquerías han servido de tumba a dos mil 
de nuestros hermanos, era ya la única casa del Señor. Allí, i no en otra 
parte, tenían que recibir las piadosas mujeres la absolución de sus cul- 
pas; allí recibían también el pan eucarístico, i allí en fin estaban con- 
centrados todos los oropeles que podían dar al culto material esplendor. 



— 49 — 

Es menester que todo esto no vuelva a aparecer. Dios no puede que- 
rerlo, Dios no lo quiere ; i si es cierto que las grandes catástrofes que 
que aflijen a la humanidad pueden mirarse como signos de la voluntad 
divina, inclinemos la frente i creamos que seria impío reedificar la igle- 
sia déla Compañía después de SU TERCEK INCENDIO. 

Con asombro sabemos, sin embargo, que ese pensamiento encuentra 
quien lo ampare. Un mal entendido celo relijioso, contra el cual pro- 
testamos enérgicamente, aun cuando debamos respeto al móvil que lo 
impulsa, ha salido al frente del voto universal que pide la demolición, 
el arrasamiento del templo de la Compañía. ¿Será atendida por el go- 
bierno esa estraña pretensioD? No lo tememos ni por un momento. Su 
buen sentido, el clamor público, la lei misma no se lo permitirían. 

Si, la lei, porque cuando el piadoso reí Carlos III dispuso por una 
real cédula que se demoliese la Compañía, este supremo mandato no 
pudo llevarse a efecto solo por la circunstancia de ser mui costosa su 
ejecución. Hoi, ese inconveniente no subsiste, i la real cédula del mo- 
narca católico, lei del Estado como es, debe cumplirse estrictamente, sin 
dar oido a débiles condescendencias. 

Confiemos en ello. 



Se circulan voces que causan, con justicia, un marcado disgusto en 
la mayoría de la población. Hai quien afirma que la Compañía será 
reedificada, pues así lo quiere el metropolitano apoyado por dos de los 
ministros. 

¿Qué importaría el intentar semejante reedificación? Un reto al pais 
que desde la primera hora ha dicho, en Santiago, en Valparaíso i donde 
quiera que la noticia ha llegado: — ¡Que desaparezca la Compañía! 
Que no quede piedra sobre piedra de ese templo perseguido por la fata- 
lidad! 

¿I una unanimidad igual no se respeta? Puede haber autoridad bas- 
tante audaz para herir de frente el sentimiento público? Puede haber 
corazones bastante desheredados de todo noble sentimiento para no de- 
jarse conmover por el justo deseo de toda una sociedad? La madre que 
llora a los ánjeles de su hogar, pide entre sollozos la demolición. El es- 
poso abandonado, la exije también. Todos los dolores, todas las lágrimas, 
todas las compasiones se reúnen en un mismo coro para rogar hoi por 
la demolición i para imponerla mañana si es preciso. Intentar, después 
de esto, la reconstrucción de la Compañía es un reto al dolor. Cui- 
dado! 

Es lamentable, en verdad, que ese cruel pensamiento venga, como se 
asegura, de la clerecía chilena ; venga de donde solo debieran venir pa- 
labras de conmiseración i de caridad. El sacerdote, no puede presentarse 
altivo. i severo apadrinando un propósito que la. mayoría rechaza. Esto 
no puede ser. Nos es imposible creer las versiones que a este respecto 
se circulan. Oh! si tal fuera la realidad, la decepción seria de lo mas 
completo. 

7 



— 50 — 



¿Para qué se quiere reconstruir el templo de la Compañía? Será para 
que las madres, los hijos, los esposos vayan a él a procurar descubrir 
dónde cayó la hija, dónde la madre, dónde la hermana o dónde la espo- 
sa? Será para que se gocen en hacer revivir con la imajinaeion aquel 
cuadro desolador? ¿A qué hombre de sentimiento no horroriza tal idea? 

Estamos verdaderamente asombrados de tener que insistir en la de- 
molición de la Compañía. Nos pareeia que esto no necesitaba discu- 
tirse, que bastaba sentir para exijir esa demolición. 

Sin embargo, cuando vemos correr los dias i que nada se hace, prin- 
cipiamos a dudar i a temer que la voluntad pública no se respete : im- 
prudente i cruel debilidad seria ésta que comprometería gravemente a 
nuestras autoridades. Es posible contrariar un deseo público ; pero, un 
dolor público, jamas se contraria sin correr todos los riesgos de la te- 
meridad. 

Santiago aguarda que su palabra sea escuchada. 
Rogamos al gobierno que la escuche. 

(^Ferrocarril.) 

Al mismo tiempo que un grito unánime de asombro i horror se eleva* 
ba al cielo por la espantosa desgracia del 8 de diciembre, un clamor 
profundo, unísono i jeneral se levantó de entre todos los pueblos pi- 
diendo la demolición de las ruinas de la incendiada iglesia de la Com- 
pañía. 

El 9 de diciembre ya m reunian grupos considerables del vecindario 
para arbitrar los medios de conseguir la realización de tan jeneral deseo, 
i el 12 se ponia en manos del presidente de la República la siguiente 
petición, suscrita por innumerables firmas. 

Excmo señor: 

El infausto acontecimiento que, en la tarde del ocho del actual, ha 
cubierto de luto a Santiago i que sumirá en el dolor a la República en- 
tera, reclama del gobierno de V. E. la inmediata adopción de una 
medida que, borrando las huellas del martirio, consagre un monumento 
de eterno recuerdo a la memoria de tanta víctima inocente. Tal es el 
deseo de todo corazón chileno, i haciéndonos eco de este sentimiento 
jeneral, ocurrimos a V. E. solicitando la cesión del terreno que ocupaba 
el templo de la Compañía, para proceder desde luego i a nuestra costa 
a su demolición, a fin de realizar aquel piadoso pensamiento* 

Es incuestionable que la iglesia de la Compañía pertenece al Estado, 
U pues, como de propiedad de la congregación de J esus, pasó a la Corona 

desde laespulsion de los jesuitas de Chile. Es también incuestionable 
que el Estado puede destinar el local que hoi ocupan sus escombros, a 
un uso profano, por haber perdido aquel templo el carácter que le im- 
primiera su congregación, desde que dos veces ha sido devorada por el 
fuego la superficie interior de sus paredes, hasta el estremo de haber 



— 51 — 

sido necesario renovarla completamente al practicarse la última reedi- 
ficación, quedando de consiguiente comprendida en uno de los casos de 
execración reconocidos tanto por las leyes canónicas como por las ci- 
viles. Pero aun cuando así no fuese, aun cuando hubiera motivos fun- 
dados, no solo para dudar de la execración del destruido templo, sino 
para creer subsistente su consagración, tal circunstancia en manera 
alguna podria ser un impedimento canónico, respecto a la adopción de 
la medida que solicitamos de Y. E. 

Sabido es que en casos estremos i cuando el bien público lo reclama 
así, todo objeto sagrado puede destinarse a un uso profano, a fin de 
llenar necesidades apremiantes de la sociedad. En tales casos, aun es 
lícita la fundición de vasos sagrados i su reducción a monedas, i en 
conformidad a este principio, atendidas las circunstancias actuales i las 
poderosas consideraciones de necesidad i conveniencia públicas que re- 
claman la demolición de la Compañía, i que creemos innecesario rela- 
cionar aquí por su evidencia i notoriedad, llenará V. E. un deber sa- 
grado accediendo a nuestra petición. 

Creyendo inoficioso cualquiera comentario o disertación sobre una 
materia que se halla al alcance de todos, que está en la conciencia del 
último ciudadano : 

De V. E. esperamos se sirva hacernos la cesión que solicitamos con 
el fin indicado, o si V. E. no se creyere con facultades bastantes para 
ello, que, con la urjencia que el caso requiere, recabe V. E. del con- 
greso nacional la competente autorización, permitiéndonos entre tanto 
proceder a la demolición, para lo que no puede haber inconveniente por 
parte del gobierno» 

La municipalidad, reunida en sesión estraordinaria el mismo dia, i 
compuesta del señor intendente de la provincia que la presidia, i de los 
Alcaldes i Rejidores Sazié, Urzúa, Cifuentes, Dávila, Vijil, Ovaile, 
Campillo, Lindsay, Guerrero, Tagle, García de la Huerta, Martinez, 
Vidal, Izquierdo, Rodríguez i del Campo, aprobó el siguiente acuerdo 
para trasmitirlo a S. E. el presidente de la República. 

Excmo. señor : 

La municipalidad de Santiago conmovida por el infausto aconteci- 
miento que en la noche del 8 del actual ha sumido en el dolor a la Re- 
pública entera, reunida en sesión estraordinaria, cree cumplir con uno 
de los primeros i mas sagrados de sus deberes, al asociarse al sentimien- 
to unánime del pueblo de Santiago, para pedir encarecidamente a V. 
E. la inmediata demolición de los muros del templo de la Compañía, 
encargando V. E. al cabildo la ejecución del trabajo. 

La municipalidad, confiando altamente en el juicio recto de Y. E. no 
vacila en creer que, haciendo justicia al sentimiento público unánime- 
mente manifestado, se apresurará a satisfacerlo. 

Esta manifestación de los votos de la corporación será presentada a 



— 52 — 

V. E. por una comisión de su seno nombrada especialmente con este 
objeto. 

La municipalidad aprovecha gustosa esta ocasión para reiterar a V. 
E. las consideraciones de su adhesión i respeto. 
Sala de sesiones, diciembre 12 de 1863. 

Esta solicitud fué presentada por el rejidor don Ambrosio Rodrí- 
guez i aceptada unánimemente por la corporación. La comisión nom- 
brada para ponerla en manos de S. E. se compuso del señori ntendente 
de la provincia i de los señores municipales Vidal, Dávila, Sazie i Gue- 
rrero. 

La prensa también se hizo el eco de la aspiración jeneral i pidió a 
gritos la pronta demolición de las horrendas murallas, no por odio ni 
venganza, sino para quitar de la vista del pueblo consternado el espan- 
toso recuerdo de la catástrofe. 

El dia 14 el presidente de la República nada había resuelto aun so- 
bre la petición del pueblo ni sobre la de la municipalidad. Circulaba, 
sin embargo, la voz de que el señor arzobispo de Santiago había ofi- 
ciado al gobierno, comunicándole no tener inconveniente por su parte 
para que se demoliese las ruinas del templo. 

Un cartel habia corrido de mano en mano, en que se convidaba al 
pueblo para reunirse a las tres de la tarde en la plazuela de la iglesia 
de la Compañía para dirijirse de allí en masa al palacio de la Moneda 
i pedirle accediese a las súplicas del vecindario i de la municipalidad. 
• A las dos de la tarde cerca de dos mil personas llegaban por las ave- 
nidas de la plazuela. En ese momento el gobierno tomaba su determi- 
nación, permitiendo la demolición solicitada i encargando de ejecutarla 
al Intendente de la provincia. 

Colocado don Guillermo Matta en una de las ventanas del Consula- 
do, peroró al pueblo en cortas palabras i leyó el decreto del Supremo 
gobierno. El pueblo se dispersó al grito de ¡Viva el presidente de la 
República! 

Los telégrafos jugaban inmediatamente i comunicaron a la mayor 
parte de la República el recien dictado decreto. En Valparaíso reinaba 
una intensa ajitacion, que la lectura del telegrama covirtió momentá- 
neamente en alegría. En el teatro de la Victoria se reunió el pueblo i 
firmó una acción de gracias al gobierno. El primer nombre que figura 
al pié de ese documento es el de un fraile de la Orden de agustinos de 
esa ciudad. 



DECRETO SUPREMO 



QUE OKDENA LA DEMOLICION DE LAS RUINAS 
DE LA COMPAÑIA. 

s Santiago, diciembre 14 de 1863. 

"Núm. 1383. — En vista^de lo espuesto en la nota que antecede, he 
acordado i decreto : 

Art. 1. ° Procédase a la demolición de las murallas del incendiado 
templo de la Compañía; 

Art. 2. ° Concédese un término de diez dias para la estraccion de 
los cadáveres que están sepultados en dicho templo. 

Anótese i comuniqúese. — Pérez. — Miguel María Güemes.» 

El supremo gobierno ha cumplido un acto de justicia, que la opinión 
pública acoje con respeto i que viene a calmar la ansiedad i el dolor de 
los qne^ sufren. Si! los que hemos pedido i clamado por la destrucción 
de las paredes siniestras que circundan el recinto de esa espantosa ho- 
guera humana, la hemos pedido i clamado por humanidad, por relijion 
i por veneración a todo cuanto es sagrado. 

I qué! habria sido posible que, sobre los restos de esa hoguera, se 
hubiera levantado el altar de la plegaria? Habria podido ésta salir de 
los labios sin interrumpirse con un grito de desesperación? Imposible! 
i tal cosa habria sido una verdadera impiedad. 

El clamor público satisfecho, hora es también de que calle la voz de 
los que pretenden hacer una cuestión de dogma relijioso, de lo que es 
cuestión de sentimiento, de humanidad, de justicia i de veneración al re- 
cuerdo de las desgraciadas víctimas. La verdadera relijion no exaspe- 
ra la cólera, no ajita ni mueve las heces que destilan las pasiones, para 
que la caridad se convierta en odio, la virtud en crimen i el amor al 
prójimo en rencores i venganzas. La verdadera relijion une a todos en 
el mismo abrazo divino, i no pone, en las manos ni en los lábios de 
nadie, el arma alevosa! Caigan esos muros siniestros ; caigan esos ar- 
cos insensibles, en cuyas hendiduras han resonado los jemidos dolorosos 
de millares de víctimas! afuera esos ladrillos en cuya superficie se han 
sacudido, desesperados, los cuerpos de tantos seres queridos! Que el sol 
brillante, que la luz, esa mirada de Dios, justa, misericordiosa e igual 
para todos, ilumine ese recinto execrado! que el aire lo purifique i que 
nuestros corazones vean allí el altar de nuestros sentimientos! 

Honor, pues, al gobierno que ha cumplido ese acto de justicia i de 
humanidad. 



54 



EPISODIOS 

Bit nmni belí compañía. 



La puerta de la calle de la Bandera era sin disputa la que ofrecia un 
espectáculo mas desgarrador. Tocaban las llamas al umbral, cuando se 
vio aparecer un estranjero, inglés o norte- americano, que precipitándo- 
se dentro de las llamas parecia buscar en ellas un objeto querido. Las 
llamas lo abrasaron por todos sus miembros, la cabeza era un inmenso 
volcan, i sin embargo el desgraciado atravesaba la iglesia como un fan- 
tasma. En un momento se le vio tomar a una mujer entre sus brazos; 
talvez la conducía a la salida cuando una columna de humo i fuego en- 
volvió al intrépido salvador. 

Jío se le vio aparecer mas. Había sucumbido víctima de sus nobles 
sentimientos. 



En la noche del sábado último notaron los concurrentes al templo 
de la Compañía que al prender la media luna por donde principió el 
incendio, se escapó una llamarada que estuvo a punto de prender fue- 
go a los adornos que con tanta profusión se habían colocado en el altar 
mayor. Afortunadamente el que la prendía con una lijereza estraordi- 
naria logró apagar la llama, sofocándola con los faldones de su levita. 
Yisto el peligro no se procedió mas en aquella noche a quemar la me- 
dia luna. Ah! ¿Por qué no se hizo lo mismo en las noches sucesivas? 
¿Por qué insistir después de tan fatal anuncio en prender una bujía 
tan peligrosa? 

Empero, según se nos asegura, a no haber sido aquel el oríjen del 
incendio, no le habría faltado otros. Las cornisas del techo se hallaban 
tan caldeadas inflamables por la proximidad en que se encontraban de 
las mil bujías que las circundaban, que habría bastado la menor chispa 
para causar el incendio. Prueba de esto es la rapidez asombrosa con 
que el fuego se comunicó del altar mayor a toda la techumbre. 



Saliendo por la puerta principal que cae a la plazuela, la venerable 
señora doña Melchora Barriga, viuda de Echeverría, divisó a uno 
de sus hijos, don Julio, de 15 a 18 años, que iba en su busca para sal- 
varla. La señora con una sonrisa la mas tierna en que se retrataba 
el dolor de su martirio i la felicidad de encontrar a uno de aquellos seres 
mas queridos, tendió hácia el joven sus brazos, diciéndole : sálvame hijo 
mió! El joven la toma, empieza a forcejear, i ya abrigábala esperan- 
za de sacarla del hacinamiento en que se encontraba, cuando dos sóida- 



dos con una fuerza extraordinaria lo toman i lo quitan talvez porque 
veian en peligro su vida» El joven Julio vuelve nuevamente a tomar los 
brazos de su madre para socorrerla: esperanza inútil! el agolpamien- 
to de jente en aquella puerta se hacia instantáneamente mayor i la se- 
ñora Barriga hubo de perderse para no ver una sola vez mas a ningu- 
no de sus idolatrados hijos. 

Una hora después pasaba en la casa de la señora Barriga una esce- 
na la mas tierna i conmovedora. Sus cinco hijos, todos mui jóvenes, 
habiendo perdido la esperanza de abrazar por una otra vez siquiera a 
su idolatrada madre, se encontraban arrodillados en el patio elevando 
a Dios las plegarias mas lastimeras i haciendo los votos mas fervien- 
tes de venerar su memoria, cumpliendo todos sus consejos. La ofrenda 
que en aquel momento tributaba el amor filial, era la mas digna i me- 
recida, 

En medio del mayor apuro, cuando las llamas lo invadian todo, un 
hombre de blusa, probablemente artesano de profesión, consiguió con 
otros romper un cuadro de la puerta de la derecha que da a la capilla 
del buzón de la Vírjen, pero obtenido esto, se encontró con una gran 
mesa i detras de ella la multitud de mujeres agrupadas, tendidas, enre- 
dadas, unas sobre otras i no consiguiendo ni abrir enteramente la puer- 
ta, ni separar la mesa, trepó sobre la ella i mediante a sus esfuerzos 
soberanos, pudo salvar a cuatro o cinco personas, arrancándolas de la 
masa que las aplastaba, pero enteramente desnudas, i ya desvanecidas 
por la asfixia. Sentimos no haber podido averiguar el nombre de este 
sujeto para recomendarlo. 

En esta misma puerta fué salvada la señora Falcon de Garrido por 
los esfuerzos de un oficial al parecer de jendarmes i del señor don J. 
A. de T. 

Una señorita Juana Covarrubias fué salvada allí mismo por el arte- 
sano de que ántes hablamos, i por don I. A. de T. Este caballero pre- 
so a su vez de cien manos que se apoderaron de él en esos momentos, 
i cuando ya habia caido al suelo, fué libertado por unos cuantos jó- 
venes del pueblo, según es de calcular por las blusas blancas de brin 
que vestian. 



Otro joven, guiado también por la enerjía i el entusiasmo de la con- 
miseración, arrancó de la masa que todo lo absorbia para devorarlo des- 
pués, a la señorita Rafaela Correa i Valdivieso, próxima ya a perecer. 

Se cuenta de una niña, pero ignoramos su nombre, que después de 
correr de un lado a otro de la iglesia i viendo que era imposible atrave- 



— 56 — 

sar por sobre los montones que obstruian todas las puertas, se asiló 
debajo del asiento de un confesonario; allí se sentia ensordecida por la 
grita i los dolorosos lamentos de los moribundos, oia caer la torre, las 
campanas, i el sordo rumor de las cornisas que se desprendían. En esos 
momentos trató de salir porque se ahogaba en su escondite i salió en 
efecto, atravesando por medio del fuego de una atmósfera de llamas i 
ganó las puertas, sin mas lesiones que el pelo chamuscado i pequeñas 
quemaduras en los pies. Algunas horas después un delirio de fiebre 
se apoderó de ella; la infeliz ha visto, ha oido todo, pero lo que le de- 
sespera, lo que no puede olvidar es el silencio que se siguió a los la- 
mentos : ese silencio, dice era la muerte, ella se creyó también sin vida 
i no se da cuenta de los hechos sino como se recuerdan las pesadillas 
de la calentura. 



Un caballero ya sexajenario que se encontraba en una de las puer- 
tas, vio en el interior a una joven que imploraba protección; condolido 
se lanzó por entre el fuego i la tomó en sus hombros hasta ponerla enci- 
ma de las víctimas que yacian amontonadas en la puerta, formando esa 
muralla inespugnable que interrumpía la salvación de todos. La joven 
como venia alzada en los hombros logró salvarse saltando por encima; 
pero el pobre anciano, cansado con su pesada carga, no pudo salvar por 
sobre la aglomeración de cadáveres i pereció víctima de su acto huma- 
nitario. 



Un muchacho, como de doce años, que se encontraba sobre una cor- 
nisa próxima al techo encendiendo lámparas i notando que con el fue 7 
go se le habia cortado paso para bajarse, logró salvarse dejándose caer 
por el cordel de una de las arañas. 



Una sirviente del señor don Antonio Hurtado, única que salvó de 
entre cinco personas que han perecido de esa casa, refiere : que ella 
estaba colocada a la mitad de la iglesia, que no creyó que siguiera el 
incendio, pero que cuando trató de salir ya las puertas estaban obstrui- 
das ; que al ir de un punto al otro vio que gran número de personas 
estaban acostadas en el suelo ; que otras caian sin decir una palabra, 
que al fin no hubo otros rumores que en los grupos de las puertas. Es- 
ta desgraciada dotada de una organización robusta, después de correr 
aquí i allá, logró salir por la sacristía. Lo admirable es que no tiene 
herida ni daño alguno en su cuerpo, habiendo sido una de las últimas 
que se libró. 

Un hecho análogo refiere una sirviente de la casa del jeneral Cam- 
pino, lo que hace creer que la jeneralidad fué asfixiada por el humo i 
que las llamas vinieron únicamente a devorar los cadáveres. 

Un joven Hurtado i Barros, de 18 a 19 años, habia hecho esfuer- 
zos sobrehumanos por escapar, pero inútilmente. Después de bregar 



— 57 — 

hasta el agotamiento de las fuerzas, se retiró hacia un ángulo del altar 
de San Javier esperando la muerte. De repente oyó unos golpes en la 
muralla inmediata i al primer trozo que cayó, se lanzó por el socabon 
abierto donde pudo respirar el aire i escapar después. Por ese mismo 
punto huyeron algunos. 

Se refiere que gran número de las lámparas que iluminaban la iglesia 
se alimentaban con gas líquido. Desprendidas de los techos derrama- 
ban una estensa columna de fuego azul, que caia sobre los vestidos i 
era imposible apagar. Así se comprende como al propio tiempo que el 
techo se convertia en llamas, la concurrencia desde la puerta princi- 
pal hasta el sitio de la cúpula tan solo ofrecia el aspecto de un lago de 
fuego. 

El único gas líquido que se espende en Santiago i Valparaiso es la 
par afina o gas de carbón, líquido peligrosísimo en jeneral, sobre todo 
en las grandes concurrencias. Los periódicos de los Estados-Unidos 
repiten diariamente esplosiones terribles, muertes espantosas i acci- 
dentes graves causados por la ruptura de lámparas de parafina. 



Hai quienes aseguran que en el momento de la catástrofe alumbra- 
ban la iglesia mas de quince mil luces. Otros rebajan el número hasta 
siete mil. 

Se puede calcular que entre lámparas de gas, lámparas de aceite i 
velas encendidas, el altar mayor contenia no menos de tres mil llamas. 

En cada una de las capillas laterales, incluyendo las pilastras ador- 
nadas que miraban a la nave central, habia cuatrocientas luces. 

Pendientes del techo entre lámparas de gas i arañas cubiertas con 
velas de cera o de composición mas de dos mil. 

Una cantidad inmensa de adornos de papel, cintas de seda, flores 
de mano, trapos inflamables distribuidos en los altares, en las colum- 
nas, en los techos i en las lámparas. 

Ocho grandes altares de madera con lienzos pintados i la mole enor- 
me del altar mayor. 

Las torres de madera, la cúpula que recien se pintaba, los techos 
cubiertos de pintura i perfectamente secos. 

Muchos al contemplar una acumulación tan imprudente de materias 
inflamables tuvieron miedo i presintiendo la desgracia se retiraron. Un 
caballero Márquez de la Plata no habia llegado aun a su casa cuando 
se le anunciaba la catástrofe. 

Innumerables son los episodios conmovedores, las patéticas escenas, 
los trájicos incidentes de aquella noche horrible i para siempre memo- 
rable. 



Un muchacho como de 16 años entró por la puerta del corredor de 
la iglesia, como loco de ansiedad, a buscar a su anciana madre, como de 

8 



— 58 — 

60 años de edad. Eran como las ocho de la noche. Un laberinto de 
hombres que forcejeaban por sacar mujeres, i de personas casi exánimes 
que pugnaban por salir de la hoguera i por desprenderse de las llamas 
que las abrumaban, se presentó a la vista de aquel desgraciado mucha- 
cho. Llevaba éste un saco o bolsa en la mano. Yer i abalanzarse a su 
madre fué to<jlo uno ; pero estaba achicharrada. Sin embargo, así en 
ese estado guarda su sagrado depósito en la bolsa i echándosela a la es- 
palda sale para afuera. Es detenido por uno o varios soldados que le 
dicen que no puede llevarse una persona muerta. — ¡Es mi madre! dice 
el muchacho angustiado. — No puede salir ; deje eso ahí, le dicen los 
soldados. Insistió el desgraciado hijo con tanto ardor i tanta enerjía 
que hubieron de dejarle salir libremente. I así pudo salir con su saco i 
llevárselo a su casa. Este cuadro patético consternó grandemente a los 
que lo presenciaron. 

Otro hombre en aquel mismo lugar de la precedente escena no 
fué tan feliz como el anterior, porque al querer llevarse en peso a su 
esposa ya cadáver, se lo estorbaron firmemente. En vano esclamaba 
con el acento mas dolorido que. desgarraba el corazón de los que le 
oyeron : — ¡Por Dios! Déjenme. [El último día que vengo, a ver mi mu- 
jer! ¿Por qué me la quitan? 

Una niña de veinte i tantos años que tuvo la suerte de salvar 
milagrosamente del foco de la apretura i del fuego, refiere que se 
vio rodeada de un montón de jente que no le permitían dar un paso. 
Cayó una lamparilla de aceite sobre su cabeza i espaldas que empeza- 
ron a quemarse. Haciendo entonces un esfuerzo sobrenatural, logra 
desasirse del pelo que la envolvía, i trata de salir, pero se ve retenida 
por la crinolina ; forceja por arrancársela i al fin lo consigue. Dio al- 
gunos pasos i la tomaron de los pies ; pero las manos que los tenian 
asidos se quedaron con los zapatos de ella. Echó a andar (correr era 
imposible)]por entre el fuego i por fin se vio salva fuera de la sacristía. 



Otra señora, doña Jertrudis Sierra, se desató la crinolina i se la 
quitó, i al ponerse en salva par, este arbitrio dio su manto a otra que 
se salvaba pero enteramente, desnuda. 



En los momentos de principiar el incendio algunas damas devotas 
creyeron que aquello no seria de consecuencia i que era mejor no 
moverse, en lugar de apresurarse a salir con tiempo, Una de ellas fué 
la señora doña T** L. de I. Su hija la señorita C** que salvó de 
aquella horrible hecatombe la instó para salir pronto. "No, la dijo la 
respetable señora : quedémonos ; no pierdas tu lugar." Redobló sus 
instancias la joven con desesperación. Al redoblarse el púnico i la con^ 



— 59 — 

fusión i a la creciente invasión del fuego abrasador, vino la señora a 
tratar de salir, conociendo el peligro que corría. Ya la hija, separada de 
su madre por otras mujeres, se habia dado prisa a ponerse en salvo, 
lo que consiguió, no sabemos si por la puerta de la sacristía. Pero para 
la señora L** ya era tarde : la multitud le obstruia el paso en los mo- 
mentos en que el fuego aun no habia invadido todos los ámbitos del 
templo. Cuando pugnaba en vano por salir viendo ya la muerte, en ese 
supremo instante alcanzó a ver a su hijo don L** I** que por salvarla 
habia ido allí. La señora murió sofocada. 

Un joven que en aquellos momentos de confusión fué a sacar por 
una de las puertas de la iglesia a las mujeres que querían salir i no 
podían, tomó a una de la mano. Al instante se le aferraron del levita 
otras que luchaban con la muerte. Tuvo que soltar aquella mano i 
quitarse pronto el levita para salvar la vida. 



Otro (un oficial, según dicen), fué a hacer lo mismo que el an- 
terior: queriendo sacar a una sola mujer, se asieron de sus brazos 
unas seis mujeres que no quisieron soltarlo, por mas que él trató de 
desprenderse. Arrastrado por las de adentro, se creyó perdido irremi- 
siblemente, — "¡Favorézcanme, favorézcanme! gritaba aterrado i con 
las ansias de la muerte, dirijiéndose a los de afuera que esto presen- 
ciaban; pero fué inútil tanto clamor, pues los de afuera no se atre- 
vieron a favorecerlo por no perecer también víctimas de su buen co- 
razón. 

Otro individuo que se encontró retenido por las almas de aquel 
horroroso purgatorio, tuvo que repartir bofetones con una mano libre 
a las manos que lo tenían asido ; solo por este medio escapó de la muerte. 



Refieren que una viejita de 60 a 70 años que estaba en medio de 
la iglesia cuando sobrevino el incendio, se subió al altar de San Luis; 
desde allí saltó sobre un montón de mujeres caídas que obstruia la 
puerta, i pasando lo mas lijero que pudo por encima de ellas, dio un 
salto al corredor se puso en salvo. 

Cuentan de una animosa señorita Orella que, habiendo logrado 
escapar del incendio, suplicó encarecidamente a varios hombres fuesen 
a tal punto a sacarle a su madre i hermanas; se negaron aquellos por 
el inminente peligro que corrían. Echóles la señorita en cara su co- 
bardía, su falta de compasión, i viendo que era inútil toda súplica, se 
precipitó ella misma al lugar de la iglesia donde habia dejado a sus 
parientes i sacó a su madre. 



— 60 — 

Arrostrando todo peligro e impelido por el amor i la compasión, 
arrojóse un joven que conocemos a salvar la vida de una madre i de 
su hija, de la cual él estaba apasionado. Logró tomarlas de entre las 
que luchaban por salir ; mas a los pocos pasos le arrebataron a la niña 
las medio asfixiadas, i dejáronle solo con la madre a quien trajo a 
puerto de salvación. La niña tuvo que perecer, viendo el intrépido 
joven premiada a medias tan heroica acción. 



Cada uno narra una escena a cual mas triste, de la que ha sido 
testigo presencial, o de oidas, o actor en ella. Uno de estos nos refiere 
que un viejito vio desde afuera a su hija que le llamaba en su socorro 
con la ansiedad de la muerte. Precipitóse a salvarla. La tomó i venia 
trayéndola en hombros para la puerta cuando se halló detenido por una 
apiñada multitud de mujeres agolpadas, que le cierran el paso. La niña 
se salvó pasando por encima del pelotón de mujeres, i el anciano padre 
que fué a socorrerla, pereció envuelto por los mantos i crinolinas. 

Un caballero dio unos pocos pasos del dintel de una puerta de la 
iglesia, tan pronto como reconoció lo cerca que estaba allí su mujer 
para salvarla. La tomó i envolvió no sabemos si con la alfombra, i 
se la echó al hombro. ¡Oh fatalidad! La que habia salvado no era su 
esposa idolatrada: era una sirviente estraña. 



El que esto escribe vió en la plazuela de la Compañía a un estran- 
jero, fuera de sí, lleno de desesperación, luchar contra varios amigos 
que le contenian, pues estaba decidido a precipitarse al templo incen- 
diado a ver a su mujer, cuyo nombre repetia con el acento mas aterran- 
te i desgarrador. 

En la mañana de aquella noche fatal habian comulgado en la mis- 
ma iglesia unas dos mil quinientas personas, según dicen. Es natu- 
ral creer que la mayor parte de las víctimas de la catástrofe, si no to- 
das, murieron en gracia de Dios. No obstante, en los momentos del 
incendio, el presbítero Huberdault se acercó a las puertas de la iglesia 
corriendo algún peligro, i dio su absolución a las desgraciadas que 
adentro de la iglesia perecían en medio de las voraces llamas. 



La mayor parte de la jente se ha quemado en la iglesia después de 
asfixiada. 

Todo el mundo apoya con entusiasmo i por un espíritu humanita- 
rio la idea de la pronta demolición del templo de la Compañía. Nadie 
dejará de estar inquieto con razón hasta que no se derriben desde sus 



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cimientos las ruinosas murallas de esa iglesia. Con este objeto desde 
ayer tarde (10) se buscan suscriciones i firmas para una acta en que se 
propone solicitar del gobierno el terreno que ocupaba la iglesia i la 
destrucción de sus muros, para formar allí un jardin, en cuyo centro 
se ele varia un monumento de mármol, como el único espiatorio i 
que represente a las edades venideras el profundo dolor que nos agovia 
i recuerde la mas horrible de las catástrofes. Pero se oponen a ello 
algunos miembros de clero, porque dicen que ese sitio ha sido ocupado 
por un templo consagrado, i que por lo tanto, no debe profanarse, i 
porque el clero necesita una iglesia propia. 

Desde luego las murallas de este templo están ruinosas, i habiendo 
resistido a tres incendios, uno en la época de dominación de los jesuítas, 
otro en 1841 i otro el 8 del presente, no es posible ni conveniente ni 
humanitario que vuelva a reedificarse sobre esos muros. La parte de 
ellos que da a la calle de la Bandera amenaza desplomarse hacia aden- 
tro. Otro templo en ese mismo terreno i dentro de esas murallas seria 
no solo un peligro evidente de otra catástrofe como la que llora- 
mos amargamente, sino también una constante amenaza de destruc- 
ción contra los edificios contiguos del Congreso, del Museo i Bi- 
blioteca Nacionales, i de la manzana entera dentro de la cual está la 
Catedral, los cuales el 8 del presente han salvado milagrosamente. No 
es posible esponerse a nuevos i mayores males con la reedificación de 
ese templo. 

El clero puede tener su iglesia en cualquier otro sitio distante. El 
Estado puede cederle para ello un sitio especial. I el templo que el 
clero construya debe estar rodeado de puertas casi por todas partes como 
los ele Europa, como el nuevo de la Recoleta Dominicana, sostenidos 
solo por firmes columnas de hierro. De este modo se da libre acceso a 
la multitud que en los momentos angustiosos de un terremoto o de un 
incendio voraz i repentino se agolpa despavorida a las puertas del 
templo. 

Los templos que en adelante se construyan deben consultar esa 
medida salvadora, i tanto ellos como los existentes deben tener cada 
uno sus bombas dispuestas para cualquier caso de incendio de altar. 
Esto lo aconsejan la esperiencia, el buen sentido, la humanidad. 

De las dos mil personas que se calcula han dejado de existir has- 
ta hoi, mas de 600 pertenecen a familias decentes, conocidas i aco- 
modadas. El número de las sirvientes, lo repetimos, es incalculable. 
Lo mas sensible es que han sucumbido cabalmente las mas buenas, las 
mas virtuosas, las mas fieles i amantes, las que contaban desde ocho a 
diez años hasta cuarenta i mas años de servicio i de fidelidad a unos 
mismos patrones. Esto ha ocasionado u/ua gran carencia de domésticas, 
de lavanderas, etc. 



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Todavía quedan algunos cadáveres en el templo incendiado, apesar 
de haber sacado ayer mil doscientos i tantos en carretones i carretas. 
Continúan las escavaciones. Trasciende a mucha distancia del sitio del 
desastre el mal olor de los cadáveres, i principalmente de la grasa 
de cuerpos humanos que dejaron allí las personas quemadas. Han sido 
encontrados muchos relojes, anillos i pendientes que han sido devueltos 
a las respectivas familias. 

En las grandes desgracias que de t?rdé en tarde han aflijido a la 
humanidad se ha observado coincidencias aterrantes. 

Cinco años de existencia contaba la hermandad de las hijas de Ma- 
ría. Al terminar de cada año se celebraba una comunión jeneral, des- 
pués de la que se repartían papeles con la imájen de la Vírjen i algunos 
versos al pié. Los papeles llevaban este título : Recuerdo de la primera 
comunión jeneral, Recuerdo de la segunda comunión jeneral, etc. El co- 
rrespondiente al año de 1862 llevaba el título de Recuerdo de la cuarta 
comunión de las hijas de María. Al del presente año correspondía el 
número quinto. 

Tenemos a la vista el papel repartido en el mismo dia de la desgra- 
cia. Su título es: Recuerdo de la ultima comunión jeneral de las hijas 
de María en el año de 1863. 

Las infelices hijas de María habiañ sido convidadas con instancia 
para asistir la noche del mártes. El presbítero ligarte les habia dicho 
tenia que anunciarles un gran secreto. 



Hasta ayer a la tarde, se habían dado por la Intendencia siete órdenes 
para el inventario de los muebles i útiles de siete casas que han que- 
dado enteramente deshabitadas por el fallecimiento de sus respectivos 
dueños en la catástrofe del mártes. 



Entre los hechos mas notables acaecidos en la Compañía, se men- 
ciona el de una señorita Verdugo, la cual en medio del asombro jene- 
ral apareció sobre las murallas incendiadas i se arrojó desde allí al 
suelo, cayendo felizmente viva i sin grandes lesiones. jNo pudiendo 
salir por las puertas, trepó por un altar, ganó las cornisas i de allí no 
sabemos como trepó sobre los muros. Si este suceso no hubiera tenido 
quinientos testigos seriamos los primeros en negarlo redondamente, 
pero un pueblo entero lo ha presenciado i nos sirve de garantía. 



La fosa común en que van a sepultarse las víctimas del incendio con- 
tiene veinticinco varas en cuadro i se ocupan en cavarla cerca de dos- 
cientos hombres. Para neutralizar el hedor de la putrefacción, se ha 
arrojado a las masas de cadáveres gran cantidad de cloruro de cal i 
otras materias que disminuyan los miasmas. 



— 63 — 

Solo siete personas han podido ser reconocidas por sus deudos i esto 
mas como hipótesis que como realidad ; tristísimo consuelo que ni aun 
ha sido dado a tanta amargura! Varios hermanos i parientes de la se- 
ñora Larrain de Irarrázabal han trabajado todo el dia de ayer en el 
cementerio buscando su cadáver, pero en vano ; han reconocido unas 
tras otras todas esas osamentas, interrogado a todos los signos, pero 
lo repetimos, todo en balde. La fosa común, la madre tierra será su 
lecho, separada de la hija querida que murió junto con ella. 



Para aumentar aun mas si esto es posible las desesperantes escenas 
del mártes, nos refieren haberse encontrado al lado de sus madres cria- 
turas recien nacidas, fetos informes condenados a la muerte ántes de 
nacer! Porvenir de la patria! esperanza! todo, ha caido ahí al soplo de 
las llamas i encendidas por la ignorancia, por la locura, adueñadas de 
nuestras familias! 



Se creyó haber reconocido en la Compañía el cadáver de la otra de 
las señoritas Lecaros fallecidas, la misma juventud, un lindísimo ros- 
tro de quince años, una cabellera dorada como la de los ánjeles ; pero 
por desgracia los jirones que aun la cubrían, no eran los de la niña 
que con tanto anhelo se buscaba. Los ánjeles se asemejan entre sí. 



— 64 — 



LOS AMERICANOS DEL NORTE 

EN EL INCENDIO DE LA COMPAÑIA. 

No en vano se reconcilian los pueblos i se aman. No en vano dan 
las sociedades hospitalidad jenerosa a las almas buenas i a los corazones 
elevados. Hai horas solemnes en que la mano de Dios se encarga de 
poner en evidencia esos nobles vínculos de la fraternidad ; i esa hora 
es la que todos hemos visto llegar, en las gradas candentes del templo 
de la Compañía, para nuestros hermanos los ciudadanos de la libre 
i magnánima Union del Norte, en la noche horrible del 8 de diciembre 
de 1863! 

Hace mui pocos años que el nombre de americanos del Norte era en- 
tre nosotros solo un recelo, una antipatía o una amanaza. Pero puesta 
en claro la cuestión del filibusterismo que tenia su guarida entre los 
esclavócratas del Sur, i que solo encontraba reprobación i oprobio en 
los Estados libres del Norte, la reacción de la justicia comenzó a 
operarse en los ánimos. I Guando vimos a esa nación del Norte levan- 
tarse como un solo hombre para ir a reprimir la audacia de los ampa- 
radores de Guillermo Walker i de los sacrificadores de J ohn Brown, 
esa reacción se convirtió en una sincera simpatía, que las victorias de 
la Union han fortificado tanto como sus reveses. 

Tal conducta nuestra ha encontrado la mas cordial reciprocidad de 
parte de los americanos del Norte residentes entre nosotros. Su repre- 
sentante, el digno, el cortes i popular Tomas H. Nelson, se ha puesto 
el primero en medio del pueblo chileno, participando de todas sus fes- 
tividades nacionales i asociaciones públicas, haciéndonos oir su elocuen- 
te palabra no solo en los despachos oficiales que dirije a su gobierno, 
sino en todas las arengas que nos ha hecho escuchar en los banquetes 
populares. La conducta del Sr. Meiggs, especialmente para con el pue- 
blo trabajador i las clases indij entes, "es demasiado conocida para que 
lo recordemos aquí como un elqjio así como la de que, a ejemplo suyo, 
han usado todos sus subalternos. Recordemos solo que al entusiasmo 
de uno de ellos se debe la erección del monumento espiatorio de Ma- 
nuel Rodríguez, en la quebrada de Tiltil i la suntuosa fiesta popular 
con que se inauguró." 

Pero la cordialidad de los americanos i de los chilenos no debia mani- 
festarse solo al libar de las copas en los alegres festines. Llegó la hora 
de la catástrofe, i ellos fueron entre los mas apresurados en venir a 
ofrecer el ausilio jeneroso de sus fuerzas i de su abnegación. 

De los primeros en llegar a las puertas de la Compañía, devoradas 
ya por el fuego, fueron precisamente el Sr. Nelson i el cónsul de 
Estados-Unidos en Valparaíso, Mr. Silvey, que residiendo en la in- 
mediata vecindad del templo, trabajaron personalmente desde el prin- 
cipio, esponiendo sus propias vidas para salvar algunas víctimas. Otro 



— 65 — 

tanto hicieron los Sres. Meiggs, Keitli i algunos ex-empleados del 
ferrocarril de Valparaíso que en esa hora estaban reunidos en casa del 
primero, calle de Duarte, dos tercios de milla distante del sitio de la 
catástrofe. Nosotros mismos encontramos a los señores Meiggs i Keith 
en esa terrible noche con el rostro deshecho, los vestidos desgarrados, 
empapados de agua i con voz enronquecida hasta no poder hablar ; i 
habiendo preguntado al primero si creia que habian muerto algunas 
personas dentro del templo, nos contestó con una voz que nos heló la 
sangre Thousands (Miles!) Ai? Era uno de los pocos, el único quizá que 
no se habia equivocado en aquella angustiosa hora de indescribible con- 
fusión! Nos aseguran que el Sr. Meiggs se hacia empapar de propó- 
sito para entrar al medio de las llamas. Esto no es solo humanidad : 
es heroismo! 

Por dicha nuestra, estos sentimientos no son solo la espresion de un 
aprecio individual. Los dos documentos públicos que vamos a consig- 
nar en seguida, i para cuya publicación hemos sido autorizados por el 
ministro del ramo, ponen en alto relieve todo cuanto hemos dicho sobre 
la confraternidad de ámbos pueblos. 

Puedan esas elocuentes piezas i estas débile» líneas llevar a los ciu- 
dadanos de la Union, no solo en Chile, sino en el universo entero, la 
espresion de la gratitud profunda que por su noble conducta les deben 
los chilenos. 

Los documentos dicen así : 

"Santiago de Chile, diciembre 11 de 1863. 

ec A S. E. el secretario de R. E. de la República. 
"Señor: 

"Tengo el honor de dirijirme a V. E. para espresarle en nombre de 
los ciudadanos americanos residentes en Chile i en el mió propio 
nuestro profundo i vivo resentimiento por la terrible desgracia que en 
la tarde del martes último sobrevino a esta ciudad, trayendo la desola- 
ción i el dolor al seno de tantas familias, i el duelo a los corazones de to- 
da la comunidad. 

"El gobierno i el pueblo a quienes represento se sentirán sobrecoji- 
dos del mas profundo pesar cuando reciban esta triste noticia. Una 
calamidad tan aterrante i horrible no tiene igual en la historia del 
mundo. 

"Plegué a Aquel que guarece del viento al cordero esquilado dig- 
narse consolar a los desamparados i aflijidos, i esta tremenda dispensa- 
ción de su providencia recuérdenos en todo momento la instabilidad 
de la vida i la necesidad de hallarnos siempre preparados para acudir 
a su llamamiento, 

9 



— 66 — 

"Tengo el honor de reiterar a V. E. las seguridades de la mas alta 
consideración i respeto, quedando de V. E. 

"Obsecuente servidor. 

"Thomas JET. Nelson." 



"Santiago, diciembre 12 de 1863. 

"He tenido el honor de recibir la nota que US. se ha servido diri- 
girme ayer para significarme el profundo sentimiento causado en el 
ánimo de US. i en el de sus conciudadanos residentes en Chile por la 
terrible desgracia acaecida en esta ciudad el mártes 8 del que rije, la 
cual ha llevado el dolor al seno de numerosas familias i ha cubierto de 
luto a toda la población. Así mismo me manifiesta US. que el go* 
bierno i pueblo a quienes US. representa, esperimentarán el mas vivo 
pesar cuando reciban la noticia de esta catástrofe, i concluye US. es-» 
presándome sus votos porque el Señor conceda consuelo a los aflijidos 
i desamparados, i haga que todos considerando la instabilidad de la vi- 
da, estén siempre preparados para obedecer a los decretos de la Pro- 
videncia. 

"Mi gobierno se ha instruido con viva gratitud de lo que dejo es- 
puesto, i ha encontrado en la comunicación de US. al mismo tiempo 
que un alivio al dolor con que ha sido aflijido por esta calamidad pú- 
blica, una nueva prueba de los fraternales sentimientos que animan a 
US. i a sus dignos compatriotas en favor de nuestra República. Los 
jenerosos i activos esfuerzos que US. i ellos desplegaron el mártes por 
salvar a las interesantes víctimas del espantoso incendio, habían ya em- 
peñado la gratitud de mi gobierno, la cual se ha reavivado con la pre- 
sente manifestación. 

"Al comunicar a US. lo que precede, cumplo con un especial encar- 
go de S. E. el presidente de la República para asegurar al honora- 
ble representante i a los ciudadanos de los Estados-Unidos que han to- 
mado parte en nuestro público duelo, que la noble conducta observa- 
da por ellos en tan triste ocasión, será recordada siempre con reconoci- 
miento por el pueblo i gobierno chilenos. 

"Sírvase US. aceptar la espresióh de los sentimientos de mi mas 
distinguida consideración i aprecio, con que soi de US. 

"A i S. S. 

"Manuel A. Tocomah. 



«Al señor Encargado de Negocios i Ministro Plenipotenciario de los Estados-Uni- 
dos de Norte- América.?' 



— 67 — 



A LA JUNTA CENTRAL DE SOCORROS PARA LOS HUERFANOS I 
DESVALIDOS. 

Señores : 

Los infrascritos, nombrados para recabar de los ciudadanos de los 
Estados-Unidos, residentes en ésta, una suscricion a favor de los infe- 
lices que se quedaron desamparados por la muerte de sus protectores 
naturales, en la espantosa catástrofe del 8 del presente, habiendo de- 
sempeñado el cargo que se les confirió, tienen el honor de incluir a 
Udes. una 'nómina de los erogantes i de remitir con la presente la suma 
de dos mil ochocientos i cincuenta i cuatro pesos, monto de dicha sus- 
cricion. 

Esperando que pueda en algo aliviar las desgracias de los huérfanos 
desamparados i desvalido*:, son de Udes. — Atentos seguros servidores. 

Enrique Meiggs.— -Jas. B. Ilill.—E. C. Du Bois. 



Thomas H. Nelson , 100 

Carlos S. Rand ............ 100 

Abner I. Pearce, . „ 6 ..... 100 

Luis Ruavephus..., 100 

Juan A. Baanard 100 

Edward Koíie , 100 

Charles C. Greene 100 

Alois Feigelstock 100 

Jesse L. Wetmore 100 

John L. Thorndike M 100 

John Campbell 100 

Gustavus Ames 100 

Clack Hotíister 100 

Edward-B. Candee 100 

Benjamín T. Mahan 100 

James Me. Gilí 100 

Thomas Braniff p. p 100 

Charles T. Hillman , 100 



Al/rente....,, 1,80Q 



Del frente .1,800 



ílenry M. Keith 100 

John G. Meiggs 100 

ManfredB. Meiggs 100 

Hcnry H. Meiggs 100 

Minor K. Meiggs 100 

Tannie K. Meiggs 100 

Edward C. Du Bois 100 

Joseph B. HilU 100 

Henry Meiggs 100 

W. H. Lum.T 20 

W. H.Cilley. 20 

Daniel Baldwin ..... 20 

Carlos F. Pearce.... 20 

George Cotton 20 

A. Andrews. 20 

B. R. Robrason..... ....... 20 

David P. Thayer. 4 



Ps. 2,844 



GOBIERNO DE LA DIOCESIS. 

ARZOBISPADO DE SANTIAGO DE CHILE. 

Santiago, diciembre 10 de 1863. 

La amargura del dolor profundo que ha causado en los ánimos de 
todo el vecindario de toda esta ciudad la desventurada catástrofe del 
ocho del que rije, no debe hacernos olvidar que, entre las víctimas de 
las llamas del abrasador incendio, a las que solo podemos aliviar con 
nuestros sufrajios, las hai que necesitan otro jénero de socorros. Muchas 



— 68 — 

de las que perecieron eran madres de familia que kan dejado en la or- 
fandad i duelo criaturas desventuradas i desvalidas que pendian de 
ellas, a las que es forzoso alargar una mano caritativa. Conviene, sin 
embargo, asegurarse por los medios posibles, que a las verdaderas de- 
samparadas no se junten otras que no lo son ; así mismo que solo se 
acuda a la caridad pública en cuanto baste para el remedio del mal 
efectivo i real. Al efecto, hemos creído encargar a Udes. que, cercio- 
rándose primero del número i circunstancias de las desamparadas, soli- 
citen las limosnas suficientes i adopten los socorros a la clase de nece- 
sidad de cada una. Prevenimos a Udes. que conviene el que asocien 
a Udes. algunos otros vecinos, i desde luego les anunciamos que espon- 
táneamente han venido a ofrecernos sus servicios clon J avier Zañartu i 
don Joaquin Blest Gana. — Dios guarde a Ud. — Rafael Valentín, 
arzobispo de Santiago. 

Al señor prebendado doctor don José Manuel Orrego i presbítero don Javier Lazo. 



Santiago, diciembre 17 de 1863. 

Es necesario dejar constancia en los libros parroquiales del falleci- 
miento de las personas que desgraciadamente sucumbieron en el incen- 
dio de la iglesia déla Compañía, el 8 del que rije, para que haya como 
acreditar a los que les interesa hacerlo, la verdad de dicho fallecimiento. 
Natural es que el dolor i consternación de los deudos interesados no les 
haya dejado advertir el daño que puede ocasionarles la omisión del 
asiento de la respectiva partida, i que por esta razón hayan dejado 
de ocurrir a Ud. para dar el correspondiente aviso, por lo mismo 
es preciso suplir la falta procurando Ud. amonestar en el púlpito, en la 
misa parroquial i en todas las ocasiones que mas convenga, a todos sus 
feligreses que tengan deudos o allegados entre los finados para que 
acudan a acreditar la muerte i dar los datos necesarios para el asiento de 
la partida. También podrá Ud. valerse de las listas de nombres de los 
fallecidos que se han publicado para llamar a los que sean omisos en 
ocurrir por sí a solicitar el asiento de la partida. Sobre todo, conviene 
que Ud. con los demás curas rectores, se pongan de acuerdo para espe- 
dirse con mas facilidad en el negocio. 

Conviene que en la partida se haga mención de que el fallecimiento 
aconteció en el arriba citado incendio, i que se haga distinción entre los 
casos en que haya certidumbre de la muerte de la persona a quien se 
refiere la partida, i aquellos en que apenas hai probabilidad del hecho 
sin pruebas ciertas exhibidas por los que solicitan el asiento ; valiéndo- 
le, respecto de las primeras, en la redacción de la partida de palabras 
terminantemente afirmativas, i para las segundas, espresando que se 
dice o que tal persona asegura que falleció en dicho incendio aquel cu- 
yo fallecimiento es objeto de la partida. — 'Dios guarde a Ud.— Rafael 
Valentín, arzobispo de Santiago. 



SOCORRO A LOS HBÉRFASVOS I DESVALIDOS. 



Acta levantada en la reunión que tuvo lugar en el Conserva- 
torio de Música. 

Santiago, diciembre 13 de 1863. 

Los vecinos de Santiago que suscriben, reunidos con el objeto de ar- 
bitrar fondos para socorrer a los huérfanos i desvalidos que ha dejado 
la horrenda catástrofe del 8 del present e, acuerdan lo siguiente : 

1. ° Se nombra una comisión compuesta de los señores 

Don Rafael Larrain. Don Manuel Renjifo. 
„ Alejandro Vial. „ Ramón Picarte. 

„ Mariano E. Sánchez. „ Guillermo Matta. 

„ Alejandro Abasólo. 

Esta comisión podrá aumentarse por las personas nombradas hasta el 
número 15. 

2. ° La comisión nombrada arbitrará todos los medios conducentes a 
reunir las erogaciones voluntarias en favor de los desgraciados, nom- 
brando comisionados que colecten los fondos en todos los puntos de la 
población, designando aquellos en que pueden depositarse esos fondos. 

3. ° La comisión se entenderá por medio de alguno de sus miembros 
con las comisiones que en los demás puntos de la República se reúnan 
con el mismo objeto i percibirá los fondos que se le remitan. 

4. ° La comisión, por sí o por medio de comisionados, tomará conoci- 
miento de todos los huérfanos i desvalidos que deban socorrerse i dis- 
tribuirá entre todos ellos los fondos colectados, tomando en cuenta la 
gravedad de su desgracia i la estension de sus necesidades. 

5. ° La comisión cuidará de hacer publicar en los diarios los nombres 
de los erogantes i los de las personas socorridas, esceptuando entre 
éstas las que lo soliciten con justo motivo. 

Adicional. — Por aclamación queda nombrado miembro de la comi- 
sión don Enrique Meiggs; i don Francisco de Paula Taforó, por indi- 
cación de algunos. 

Mariano E. Sánchez. 
Rafael Larrain. 
Enrique Meiggs. 
Ramón Picarte. 
Alejandro Abasólo. 
Guillermo Matta. 
Alejandro Vial. 
Francisco de P. Taforó. 
José R. Echeverría. 
Manuel Ovalle. 



José T. Muñoz. 
José A. Pena i Lillo. 
José B. Oyarzun. 
Francisco Cuadra. 
Luis Valdez. 
Donato Morel. 
Segundino Rivero. 
Salustio Carmona. 
Manuel Domínguez. 
Francisco A. Figueroa. 



— 70 — 



Wenceslao Vidal. 
J. Miguel Gacltúa. 
Enrique Waiteih. 
A. Andreus. 
Francisco P. Leizeca. 
Wetmon. 
Juan E. Smith. 
Juan Sanfuentes. 
T. lx. Armstrong. 
Francisco Somarriba. 
Luis Echaiz. 
César Zegers. 
Luis Muñoz. 
H. Cuadra. 
Rafael Garmendia. 
Kuperto Solar. 
M. R. Infante. 
Andrés Edén Ennis. 
Juan José Aracena. 
Nicolás Luco. 
Domingo Lagunas. 
Juan Francisco Ramírez. 
Ramón Errázuriz. 
E. M. de Santa Olalla. 
Roberto Souper. 
Pedro Allende?!. * 



Guillermo Blest. 
D. Munita Infante. 
Luis Arteaga Ugarte. 
Guillermo A. Gonzales. 
José Ignacio Sotomayor. 
David Montt. 
José Agustín Infante. 
Manuel Puerta de Vera. 
Wenceslao Gómez. 
Ezequiel Guevara. 
Demetrio Vildósola. 
.Benigno Herrera. 
A. Castro Cienfuegos. 
Guillermo E. Rodríguez. 
Federico Palomera. 
Antonio Brieba. 
Pedro Félix Rodríguez, 
Nicolás Yávar. 
Rafael Carrasco. 
Juan S. Ugarte. 
Félix Bank, 
José María Farias. 
Francisco Prats. 
Manuel A. Larrain. 
José G. Palma. 



En el acto se levantó una suscricion que dio este resultado 



Mariano Elias Sánchez 200 

José Rafael Echeverría 300 

Rafael Garmendia 100 

David Montt, o 20 

Rafael Carrasco 20 

G. Du-Bord 20 

M. R. Infante «... 10 

J. S. L abarca 10 

Nicolás Yávar ............ 10 

Wenceslao Gómez............. 10 

Francisco de P. Taforó 10 

Juan B. Stappél.... 10 

Pedro Vidal 10 

Manuel A. Matta * 10 

E. Darnay i Ca 10 

F. Banfi 10 

Manuel Puerta de Vera 10 

Guillermo Blest 10 

Agustin Prieto ... 10 

Francisco Rojas Salamanca 10 

José S. Sotomayor ... .... 30 

Segundino Rivero ; 5 

N. N , 5 

Francisco Toledo 5 

Pedro F. Rodríguez 5 



Manuel Ramón Bascuíian 

José Miguel Gacítua Verdugo . 

Luis Muñoz..... 

J. A. Tiska 

D. Lagunas 

Adolfo Castro Cienfuegos 

Francisco Vidal 

Claudio Prieto . 

Francisco Pérez 

Pedro Allende.......... 

Eujenio Ortúzar 

Enrique M. de Santa Olalla.... 

Manuel Puerta de Vera 

Nicolás Luco , 

César Zegers „« 

Ruperto Solar 

Baltazar Reyes 

Francisco Aris 

Paulino López 

Pedro Fernandez 

Demetrio Vildósola , ,. 

Miguel J. Bravo 

Francisco Gandarillas 

Víctor Castro , 

Hilarión Cuadra. 



5 
4 

4 

4 

4 

4 

4 

4 

4 

4 

4 

4 

4 

2 

2 

2 

2 

2 

2 

2 

2 

2 

2 

2 

2 



Joaquín Castro.. 

Juan Sanfuentes ............ 

Juan T. Smith i 

Emilio Concha 

What.. *» 

Francisco Somarriba 

Ramón Polanco 

Tomas Arrnsrrong 

Antonio Brieba 

Miguel ¡Sevilla . 

José Estrada.... 

Víctor Libacuia 

Luis Rodríguez Velazco « 

Pedro J. Meanmes 

R. Supper 

Miguel Rosas , 

José Félix Sánchez.... 

Moisedel Fierro 

Donato Morel 

Domingo Munita 

José Andrés Tena i Lillo 



- 71 — • 

5 José Luis Lira 2 

5 Francisco Besa „ 2 

5 Eusebio Lillo , 2 

5 Guillermo Gauza 3 

5 Juan J. Aracena . . , 1 

5 Agustin Infante 1 

5 D mingo Godoi 1 

5 Cor<¡e¡io Avila ,. 1 

5 José Marchan 1 v 

5 Peiaez I 

5 Alej andró Fern an dez . „ 1 

5 Luis Echaiz. 1 

5 Francisco A. Figueroa 1 

5 Juan F. Racnirez 1 

5 Francisco Guerra 1 

5 José del T. Cárdenas 1 

5 Rudecind > Cárdenas 1 

5 J. D. Naranjio 50 

5 José Urzúa 50 

5 J. É Tapia 50 

5 



HONKAS OFICIALES 



EN FAVOR DE LAS VICTIMAS DEL INCENDIO. 

El dia 16, designado para la celebración de las honras por el señor 
arzobispo de Santiago, la ciudad amaneció de luto. Desde la mañana 
las campanas de la iglesia metropolitana doblaban acompasadamente, 
anunciando a todos los habitantes la espiacion relijiosa que pocos ins- 
tantes mas tarde debia tener lugar. 

Por orden del gobierno se habia invitado el dia anterior a todos los 
altos funcionarios de la administración, a los miembros de los tribu- 
nales superiores, los jefes i oficiales del ejército i la, ilustre municipa- 
lidad de Santiago. 

Un numeroso concurso todo enlutado cubria desde las primeras horas 
de la mañana todos los recintos del templo. La ciudad entera se habia 
precipitado allí de luto para orar por los padres, por los hermanos, por 
los hijos de tanto ser desgraciado; a orar por la no repetición del acci- 
dente desgraciado que todavía deploramos con los ojos entumecidos por 
las lágrimas. 

El presidente de la república, los ministros del despacho, los altos 
funcionarios del estado, los jefes del ejército, ocupaban la nave cental, 
en que también se notaba los miembros de los tribunales superiores de 
justicia i los miembros de la municipalidad de Santiago. 

El señor arzobispo de Santiago i algunos clérigos, junto con el ho- 
norable cabildo eclesiástico, ocupaban la parte superior del presbiterio. 
Uno de los canónigos celebró el oficio divino, al que sigueron algunas 
ceremonias del metropolitano. 

La iglesia ofrecía un aspecto solemne. Los semblantes tétricos aun 
por el miedo, la música sagrada con sus lúgubres sonidos i las preces 
de millares de almas daban a aquella espiacion un carácter solemne i 
respetuoso en alto grado. 

Se predicó por el presbítero Casanova una corta oración fúnebre 
que dio fin a la ceremonia a las doce de la mañana. 

Formaban en la plaza de la Independencia el batallón 2. ° de línea 
con sus tambores enlutados i el rejimiento de cazadores a caballo. Al 
terminar la ceremonia se retiraron el primero a su cuartel tocando mar- 
chas fúnebres i el segundo acompañando al presidente de la república 
al palacio de la Moneda. 



ORACION FÚNEBRE 

QUE PRONUNCIÓ EL PRESBITERO 

DR. DON MARIANO CASANOVA 

EN LAS EXEQUIAS CELEBBADAS EL 16 DE DICIEMBRE DE 1863 

EN LA SANTA IGLESIA METROPOLITANA 

POR LAS VICHAS Bl \Y\MM DE LA COMPAÑIA, 

Et (Estimata est affiictio éxitos illorum: 
lili autem suntinpace. 

I su muerte ha sido mirada como 
aflicción; pero ellos estañen la paz, 
Sabiduría, III. 

EXMO. SEÑOR. (1) 

Itmo. i Kvmo. SEÑOR. (2) 



¿Qué otra cosa podré yo deciros que corresponda a vuestro sentimien- 
to, a vuestras lágrimas, a vuestros recuerdos, al tráfico acontecimiento 
que hoi deploramos? ¿Qué palabras podrán ser proporcionadas a vues- 
tro dolor? ¿Cómo podré dar un alivio a tantas emociones, una esperan- 
za a tanta aflicción? 

¿Cómo os haria yo apartar en este instante la vista de aquel Calvario 
regado con tanta sangre inocente ; de esas ruinas hacinadas por la mas 
inaudita catástrofe ; i a cuyo rededor parecen vagar errantes las desgra- 



&ñor Pr 



(1) El señor Presidente de la República. 

(2) El señor Arzobispo de Santiago. 

10 



— 74 — 

ciadas víctimas, tendiendo sus brazos para que las amparen, i sentirse 
aun los doloridos ayes, el estertor de los que agonizan? 

Católicos! no pretendo yo agravar el peso de vuestro justo senti- 
miento, i menos intento pintaros los horrores de aquella noche cruel. 
Para vosotros, para mí mismo vengo a buscar los consuelos de la reli- 
jion, único consuelo verdadero, al pié de los altares, en la casa de nues- 
tro padre Dios, dedonde parten raudales de esperanza. En nuestra 
angustia pedimos al Supremo Hacedor con toda la ternura de nuestro 
corazón, despedazado por el mas terrible dolor, paz eterna para los que 
ya no existen i consuelos oportunos para los que en esta triste vida es- 
peramos aun el dia de la inmortalidad. 

La verdad mas consol adora i capaz de mitigar nuestro dolor es el 
creer que la aflicción pasajera de nuestros hermanos se ha convertido 
en una eterna dicha. Por un momento de angustias han ganado una paz 
inmortal. Et mtimata est afflutio exitus iliorum : Mi autem sunt in pa- 
ce (3). Este es todo mi consuelo, i todo el pensamiento dé mi oración. 

No insultaré vuestro dolor buscando en esta plegaría los frivolos 
adornos de la elocuencia humana. El asunto habla por sí mismo i con 
excesiva elocuencia. El llanto, los profundos jemidos, las tiernas súpli* 
cas, los cantos lúgubres, los vestid os de duelo, son el lenguaje propio de 
tanta desgracia. Yo necesitaría d e los tristes ecos del profeta elejiaco 
de Jerusalen i de sus r uinas. Noohe terrible, ¿con qué te compararé? O 
dia lamentable, que en todos lo s siglos entristecerá con un lúgubre mi* 
versario una de nuestras mas h ellas fiestas! o vanidad de la vida! o sor* 
presas déla muerte! o profundidad de los consejos de Dios! 

Inútilmente emplearia este precioso tiempo destinado a las lágrimas 
en probaros la existencia de h ¿ v id a futura. Gracias a Dios! me dirijo a 
una asamblea de católicos qw ¿ aman i reverencian la infalible enseñanza 
de la santa iglesia romana, 7 [ s { en este numeroso auditorio que me es- 
cucha hubiera uno solo que negara el mas fundado i consolador de nues- 
tros dogmas relijiosos i file > s óficos, yo le preguntaría ; si no tienes fe, si 
careces de esperanza, ¿q u é vienes a hacer aquí? Acaso a aumentar 
nuestro dolor i arrebatar nuestro único consuelo? Gracias a Dios! que 
de los labios de todos se eleva hacia el cielo ese grito magnífico de una 
fe respetuosa i sumisa : Credo, sí, yo creo! 

Entremos, pues, cat óiieos en el espíritu de la triste ceremonia que 
nos reúne al pié de es J £a tumba, 

II. 

Es cierto : nad A fag mas doloroso en la vida que la separación produci- 
da por la muer te, aun cuando esta se acerque con repetidos anuncios. I 
qué necesidad tengo yo de decirlo en este momento? Pesada es la cadena 



(3) De te Sabiduría IJJ. 



~ 75 — 

de infortunios que arrastramos desde la cuna hasta el sepulcro. Los tras- 
tornos de la fortuna, los accidentes imprevistos, la pérdida de caudales 
adquiridos con mil trabajos i fatigas, pueden en vérdad arrancarnos mu- 
chas lágrimas. Pero cuando la mano de la muerte viene a arrebatar de 
nuestro lado a seres que tiernamente amamos ; cuando viene a privar- 
nos, i de improviso, de mil hermanos i amigos, ah! señores! entonces po- 
demos sentir bien el peso del destino humano, i sin quererlo, de nuestro 
pecho oprimido se eleva hacia el cielo el clamor del desgraciado amale- 
cita : Siceine separat amara mors? (4). ¿Así es como la amarga muerte 
separa a los hombres? 

Cada vez que la sagrada escritura nos habla en sus inspiradas paji- 
nas de semejantes dolores, pide al corazón humano sus mas tiernos 
acentos, i sus ecos mas doloridos. Ya es Jacob llenando de amargura los 
últimos años de su vida porque llora a un hijo que cree muerto (5): ya 
es David maldiciendo las montañas de Grelboe, porque en su cima ha 
perecido el - escudo de los valientes. Jonatas el amigo de su corazón (6) 
o bien exhalando el grito mas doloroso que ha salido del corazón de un 
j)adre: Absalon, hijo mió, ojalá que yo hubiera muerto por ti (7). 

En tales angustias, inútiles son los consuelos humanos. Solo Dios es 
capaz de mitigar tan gran dolor. Solo el cielo puede enjugar nuestras 
lágrimas. Solo la relijion con sus sublimes máximas puede templar 
nuestro quebranto. Qué! ¿acaso la muerte viene a romper todos los la- 
zos que unen a los hombres? ¿Acaso nuestros clamores no pueden llegar 
hasta el lugar que ahora habitan los que hemos perdido? ¿Nada podemos 
deponer sobre la tumba de nuestros hermanos? 

III. 

En el seno de la Divinidad hai, católicos, una estrecha comunica- 
ción entre los miembros de la gran familia. humana. La fraternidad 
cristiana abraza a la humanidad entera en la tierra i en el cielo, en la 
felicidad i en el infortunio. Donde hai una desgracia que socorrer, allí 
acude la caridad llevando el auxilio de los que pueden aliviarla. La 
iglesia católica es una grande i magnífica sociedad que va del tiempo a 
la eternidad, i que, abrazando con una misma cadena a los que todavía 
combaten sobre esta tierra, a los que ya han sido recompensados en el 
cielo i a las almas que sufren en el purgatorio, los une estrechamente a 
todos por los lazos de un divino amor. En presencia de tan bella armo- 
nía los horrores de la muerte, por cruel que ella sea, reciben un dulcé 
lenitivo. La piedra de la tumba no es una barrera de eterna separación. 
La muerte aparece entonces cual un lijero sueño i de cada uno dé 



(4) Reg. XV. 62. 

(5) Gen. XXXVII, 34. 

(6) II Reg. I. 21. 

(7) II Reg. XVIII. 32. 



nuestros hermanos difuntos podemos repetir lo que el Salvador decia 
de la joven hija de Jairo: no está muerta, sino que duerme. Non est 
mortua puella, sed dormit (8). 

Esta comunicación de las criaturas intelij entes en el seno de la Divi- 
nidad es una tradición universal del j enero humano ; tradición ligada 
con los sentimientos mas íntimos i mas dulces, pintada por todos los his- 
toriadores, cantada por todos los poetas, inmortalizada en el lienzo i en 
el mármol por innumerables artistas, reconocida por todas las tradicio- 
nes i espresada en todos los cultos con ceremonias solemnes. 

Así es que, si los queridos hermanos que hemos perdido en esa acia- 
ga noche, gozan en este instante, como lo espero, de la visión de Dios, 
podemos conservar con ellos una útilísima comunicación, in mocando su 
amistad ; i si por las faltas propias de la humana flaqueza sufren aun 
detenidos en el lugar de la espiacion, tenemos también el no menos 
grato consuelo de aliviar sus tormentos con nuestras súplicas i nuestras 
lágrimas, con nuestros sacrificios i nuestras buenas obras. 

IV. 

Sí. Yo me figuro verlos al pié del trono de Dios cubiertos con ves* 
tiduras blancas i llevando en su mano la palma de su martirio ; porque,, 
según el Apocalipsis, "han ido de una gran tribulación, i lavaron sus 
vestiduras en la sangre del Cordero ; por esto servirán a Dios dia i noche- 
en su santo templo, encargándose el mismo Señor de enjugar las lágri- 
mas de sus ojos.;? Et absterget Deus omnem lacrymam ab occulis eorum (9). 
I a la verdad, que todas las circunstancias de su preciosa muer- 
te contribuyen a radicar en nosotros tan placentera convicción. Porque 
¿quiénes son los que han muerto? Ah católicos! lloremos nosotros al 
vernos privados de su compañía en la tierra. Sintamos su muerte los 
que no sabemos imitar sus virtudes. ¿Quiénes son, pues, los que han 
perecido? Bien lo sabéis, porque todos lo repiten en público i en pri- 
vado. Han sufrido la muerte las personas mas piadosas de nuestra so- 
ciedad, personas reconocidas por su vida caritativa, laboriosa, modesta 
i ejemplar, modelos de las mas bellas virtudes. Hablad vosotros, deu- 
dos atribulados, i contadnos para dar gloria a Dios, cuán sincera era 
su piedad, cuán entusiasta su caridad, cuan heroica su abnegación. 
Todos repiten a la vez que han perdido el ejemplo, el modelo de su 
familia i de su casa ; que se ha apagado la antorcha mas luminosa, i 
que ha sido segada la flor mas fragante. Ah! I si pudiéramos nosotros 
correr ese velo que oculta tantas virtudes que solo eran conocidas por 
Dios ; si nos fuera lícito para consolaros abrir en esta vez nuestros 
labios sellados con el mas riguroso secreto! quizás entonces, miraríais 



(8) MattheoIX. 24. 

(9) Apocal. VIL 34 et Seq. 



— 77 — 

los restos de muchas de esas víctimas con la misma veneración que los 
primeros cristianos reverenciaban los despojos de los mártires; qui- 
zás entonces, enjugaríais vuestras lágrimas diciendo : a nuestros ojos 
aparecen muertos, pero ellos están en la paz. lili auten sunt in pace. 
¿Os revelaremos todavía mas? Muchos de vosotros lo habéis visto. Al 
recorrer esos tristes lugares después de la tempestad, al recojer esos 
restos preciosos, templos poco ántes del espíritu de Dios, ¡cuántas veces 
la admiración i la sorpresa embargaron vuestras facultades, al ver caer 
de esos cuerpos devorados por la llama mas cruel, los cilicios i otros 
instrumentos de penitencia, con que muchas de esas víctimas crucifica- 
ban su carne i purificaban su espíritu!... ¡qué asombro al ver bajo la rica 
gala oculta tanta mortificación! Señores, bien lo sabéis : en aquellos 
sublimes momentos hubo ejemplos de heroica virtud. Hubo mártires 
de la pureza, que prefirieron volverse a las llamas por no permitirles su 
recato presentarse en público en el estado en que se hallaban. Tam- 
bién hubo víctimas de amor filial. Virtuosa joven que espiraste por 
salvar a tu venerada madre, que no pueda yo revelar tu nombre e 
inmortalizar tu memoria! ¡Dadme coronas para ceñir la frente de almas 
tan puras! ¡dadme flores para esparcir sobre sus sagradas tumbas! 

Apresurémonos a erijir en su honor un monumento digno de tanta 
virtud en el lugar santo en que han sido depositados sus restos; i que 
los siglos futuros contemplen admirados no solo sus virtudes, sino 
también el justo tributo de nuestro amor. 

V. 

En qué momento han perecido? precisamente cuando los sentimien- 
tos de la piedad mas tierna les llamaba a honrar a su querida madre, la 
Vírjen María, reina de los mártires i consuelo de los aflijidos. En el 
dia mas grato para el corazón chileno, el dia aniversario de la de- 
claración de aquel misterio que proclama a María Inmaculada. Sí, 
era el momento mas solemne del culto de María. Durante un mes no 
interrumpido habian honrado i amado a tan buena madre. En tan lar- 
go tiempo se habian esforzado en practicar las mas bellas virtudes, 
cultivando en el jardin de su corazón las flores espirituales. Llega- 
ba el momento de presentar a la Reina de los cielos la corona formada 
con tan hermosas flores i alegres marchaban a deponerlas a sus pies ; 
i María, no lo dudo, habrá ceñido sus frentes en la patria inmortal 
con esas mismas coronas que ellas le presentaban. Almas felices, de- 
cidnos ¿cuál fué vuestra admiración al veros en un instante en presen- 
cia de vuestra madre, oyendo los cánticos de esa Sion feliz? No ha- 
biais mil veces repetido que queríais la muerte, ántes que faltar a 
vuestras promesas? Cantad entonces el himno de vuestro triunfo, mien- 
tras que los ancianos se prosternan, los mártires ajitan sus palmas, 
las vírjenes bendicen al Cordero i los ánjeles mueven sus incensarios 
4e oro. 



— 78 — 



VI. 

¿Cómo se habían preparado para la muerte? 

Permitidme, señores, os revele lo que yo sé i lo que he oido repetir 
a mis hermanos en el sacerdocio! 

Como el cristiano fiel se considera en la tierra cual viajero, siem- 
pre está pronto a salir de esta vida i presentarse ante los umbrales de 
la eternidad. Mira este mundo como una prisión i todo su deseo es 
atravesar los espacios que le separan de aquel feliz lugar, adonde quiere 
irse toda alma, cuando dilatada por toques misteriosos, irradiada por 
los destellos de una belleza infinita, con ansias de un amor perfecto 
se siente tiranizada en este suelo i detenida por la mano del tiempo 
que la estorba unirse eternamente con el único objeto de su amor. 

Cual si una voz siniestra hubiera predicho la horrible catástrofe i 
recorriendo los negros muros de ese triste templo hubiera gritado : voz 
del oriente, voz del occidente, voz del septentrión, voz del mediodia, 
ai del pueblo! ai del templo! casi todas esas almas que hoi ya no existen 
en la tierra, se habian apresurado a confesar sus culpas con las mas 
espresivas muestras de dolor. ¿Qué el ánjel de la muerte habria batido 
sobre ellas sus negras alas i les habria hecho oir su terrible voz? ;Tu 
solo, Señor, sabes las inspiraciones felices que comunicas a tus eseoji- 
dos! Lo cierto es que mas de una al separarse de su casa presentía 
no habia de volver jamas. 

Cual se distribuía el pan de vida a los condenados al martirio en 
los primeros siglos de la iglesia, mil, dos mil, tres mil i mas toda- 
vía, acudieron a recibir el sagrado viático en ese mismo templo en 
la víspera i en el dia de su muerte. ¡Ah! ignoraban que se hallaban 
sobre sus tumbas! Lágrimas abundantes de amor i de resignación 
bañaban en esos momentos sus mejillas. I cuando el sacerdote al 
verlas arrodilladas al pié del altar i mostrándoles en sus manos la 
hostia consagrada les decía: este es el cuerpo de Nuestro Señor Je- 
sucristo que os custodiará hasta la vida eterna. Corpus Domini nostri 
Jesu- Cristi custodiat te in vitam ceternam (10); ellas exhalando amor 
por esa vida que jamas termina, responderían intrépidas ; Amen, que 
así sea! Alimentadas con tal manjar sintiéronse fuertes con fuerza divi- 
na i en su enérjico amor habrían desafiado las iras del mas cruel tirano 
i habrían subido al patíbulo a morir por su Dios. Su deseo llamó el 
martirio. Fué terrible ; pero al fin vencieron i ahora son felices : illi 
autem sunt in pace. 

VII. 

¿En qué lugar murieron? Donde desearíamos todos dar nuestro últi- 
mo suspiro, en la casa del Señor, en el lugar sagrado, i en presencia del 



(10) M. Rom. 



— 79 — 

tabernáculo de su Dios. Mas sentían que las llamas abrasasen el Sanc- 
ta sanctorum, que el que se cebase en sus propios cuerpos. Lloraban la 
desolación del santuario i que las abrasadoras llamas devorasen hasta 
el mismo tabernáculo en que residía el Dios sacramentado. 

Sus últimos sufrimientos ofrecidos en espiacion de sus pecados apla- 
carían a la Divina Justicia. Esos sufrimientos tolerados con resignación, 
sí, con resignación heroica, colmarían las medidas de sus buenas obras 
i aumentarían en grado inmenso sus merecimientos. El martirio fué 
sufrido con resignación, i ¿quién lo ignora? No lo habéis oido decir a 
alguna de esas personas que volvieron, por decirlo así, de la otra vida 
para contarnos lo que allí vieron i oyeron? ¡Qué actos de tan fervorosa 
contrición! qué suspiros tan tiernos! qué resignación tan heroica! No 
visteis, a la luz de esa formidable hoguera, a muchas víctimas arrodilla- 
das en acción de súplica, tender al cielo sus brazos i como si murmu- 
raran sus lábios aquellas palabras del profeta : "cuán hermosos son tus 
tabernáculos, Señor, Dios de las virtudes, cuán hermosos son! Mi alma 
desfallece al contemplarlos!" I pronunciada la súplica inclinaban su ca- 
beza esperando el golpe mortal. 

Altares sagrados! vosotros les visteis postradas a vuestros pies ofre- 
cer resignadas el sacrificio de su vida e implorar las divinas mise- 
ricordias! Fuisteis el mejor asilo a sus almas aflijidas i sus miradas mo- 
ribundas se fijaron en vosotros! Santos lugares de la penitencia! su 
postrer consuelo fué recordar que allí mismo habian escuchado las su- 
blimes palabras del perdón! Cátedra de la verdad divina! las enseñanzas 
de la fé animaron su corazón en sus últimas agonías. Jesús benigno! al 
veros clavado en el patíbulo bebieron con alegría el amargo cáliz que les 
presentaba el ánjel esterminador, i como vos repitieron el fíat voluntas 
tua (11); i cuando creyeron ver la ruina del universo todo, conmovidos 
los elementos i el cielo cayendo sobre sus cabezas, como vos agregaron: 
Consumatum est (12). I en ese mismo instante la soledad de los sepul- 
cros, el llanto, la desolación i la muerte fijaron en aquel lugar su mo- 
rada. Melancólicas ruinas, hacinados escombros, montones humeantes, 

los restos de los mártires, las piedras del santuario! Mi voz se ahoga 

en el pecho i a mis tristes ecos parece respondieran los clamores de 
tantas víctimas consumidas en tan formidable hoguera. 

¡Ah noche infausta! ya que cubriste con tu oscuro seno tanta desgra- 
cia, porque no ocultaste para siempre con densas tinieblas esas tristes 
ruinas! Ojalá que el sueño poderoso del olvido borre de nuestras pajinas 
el aciago 8 de diciembre de 1863. 

VIII. 

O vosotros los que fuisteis sus padres, hermanos o amigos en la tierra! 
no lloréis a vuestros hijos i amados hermanos ; porque ellos no han 



(11) Matth. XXVI, 42. 

(12) Joan. XIX, 30. 



. -80- 

muerto sino que viven. A los ojos del mundo han aparecido muertos, 
visi sunt oculis insipientium mori ; pero sus almas están en las manos 
de Dios, i el tormento de la muerte no les ha alcanzado, in manu Dei 
sunt et non tanget illos tormentum mortis. Hemos mirado su muerte como 
una calamidad, el camino por donde han marchado al separarse de nos- 
otros ha parecido que les conducia al esterminio et cextimata est afflictio 
exitus illorum, et quod a nobis est iter esterminium ; pero no, sus almas 
están en la paz, en la alegría, en la serenidad de Dios, Mi autem sunt in 
pace ; i su esperanza es llena de vida i de inmortalidad, spes illorum in~ 
mortalitate plena est (13). Purificados por la sangre del cordero i por su 
propia sangre, no han hecho mas que conquistar con su muerte una 
vida inmortal. Allá en el cielo, en esa patria de las almas grandes, vi- 
ven en el seno de Dios, mezclan su voz a los cantos de los ejércitos an- 
gélicos i arrojan a los piés del cordero inmaculado, príncipe de los már- 
tires, sus palmas i sus coronas. 

IX. 

Cesen pues, católicos, nuestros j émidos; mitiguemos nuestro amargo 
dolor i elevemos al cielo nuestras plegarias para que si alguno de 
nuestros hermanos jime aun en el lugar de espiacion, salga pronto 
purificado por los méritos infinitos de la víctima divina que acaba- 
mos de inmolar. La oración, hija del amor i de la esperanza, la ora- 
ción que se exhala de los labios del hombre, llena de gracia i de fuerza, 
teñida con la sangre de Jesucristo, salva el espacio, hace callar la jus- 
ticia de Dios i hace hablar a su infinita misericordia. Reguemos, tam- 
bién su tumba con abundantes lágrimas de sincero amor, ¿qué no po- 
demos alcanzar con nuestras lágrimas? Una lágrima enternece lo mas 
duro, desarma lo mas cruel, abate lo mas fuerte. Dios aprecia en tanto 
nuestras lágrimas que se deja vencer por ellas, pues encadenan sus bra- 
zos i triunfan de su corazón. 

Ofrezcámoles sobre todo el tributo de nuestras buenas obras ; i desde 
luego nada podemos hacer que le sea mas grato que el socorrer con nues- 
tras limosnas a los infortunados que quedan sin socorro después de haber 
perdido a sus padres, a sus hermanos i a sas protectores. Madres privadas 
de sus hijos, hijos desamparados, sin un pan para saciar el hambre, sin 
abrigo en su desnudez, sin consuelo en su orfandad. A vosotros toca 
socorrerlos. Dad i dad abundantemente, pues tenéis mas de lo que 
, podéis necesitar. Qué! ¿podrá vuestro corazón permanecer tranquilo 
en medio del fausto i de la opulencia, sabiendo que hai a vuestro lado 
quien jime en el hambre i en la desnudez? 

I nosotros todos, al pié de esta tumba silenciosa recojamos la severa 
lección que la Providencia nos envia. Los juicios de Dios son abismos 



(13) Sap. III, 1 el seq. 



— 81 — 

impenetrables. Premia o castiga a las naciones según la correspondencia 
que dan a sus beneficios. Esto nos lo atestigua la historia. Ignoramos 
los designios del Omnipotente al elevar al colmo de la gloria a las 
naciones, o al sumerjirlas, cuando menos lo esperaban, en la desolación i 
en el llanto. Solo silabemos que la serie de los acontecimientos humanos 
está de tal modo dispuesta que todo sirva para nuestro bien. ¡I qué 
emociones tan saludables no esperimentamos al contemplar esta sin 
igual desgracia! Quién podrá fiarse en la robustez de su naturaleza, 
en las precauciones del arte, en el mas dilijente cuidado! Quién podrá 
figurarse de que está mui distante de su morada la terrible parca al 
contemplar hoi a tantas caras vidas segadas en la flor de la edad! Ig- 
noramos si el sol que hoi nos alumbra volverá mañana a contemplarnos 
en la oscura fosa ; i si los suspiros que hoi nos arranca la muerte de 
nuestros hermanos van mui pronto a repetirse por nuestra propia 
muerte! Estad siempre prontos nos dice el Evanjelio, estati parati (14) 
porque no sabéis ni el dia ni la hora, sino que el Hijo del hombre 
vendrá cuando menos lo penséis, qua hora non putatis Films homtnis 
veniet (15). Infeliz de aquel que en tan terrible momento pueda decir: 
he contado las noches del dolor i mis manos están vacias de méritos 
i llenas de faltas ; mis dias han concluido i no he alcanzado a ver la 
dicha. Como el humo han desaparecido, i cuando miré a mi alrededor 
me encontré entre el polvo del sepulcro. Lloré, pero todo fué en va- 
no (16). 

"Quiera Aquel que guarece del viento al cordero esquilmado dignar- 
se consolar a los desamparados i aflijidos, i esta tremenda dispensación 
de su Providencia recuérdenos en todo momento la instabilidad de la 
vida i la necesidad de hallarnos siempre preparados para acudir a su 
llamamiento (17)." 

X. 

Almas queridas cuya muerte deploramos, delante del Señor, rogad 
por nosotros. Récia fué la tempestad ; pero al fin habéis llegado al 
puerto, miéntras que nosotros navegamos todavía en este proceloso mar. 
Vuestro sacrificio, vuestra sangre, vuestros clamores, vuestra muerte 
han de ser para la patria, para nuestros hermanos, fuente fecunda de 
inmensos bienes. ¿Qué no haréis por nosotros? ¿Qué no podrémos es- 
perar de vuestras súplicas? Miéntras que sumerjidos en la mas amarga 
pena recordamos hoi vuestra muerte, alcanzad del Señor el consuelo 
necesario para los que aquí quedan en el mas terrible dolor. 



(14) Luc. XII, 40. 

(15) Lucid. 

(16) Job. 

(17) Bellas palabras del honorable seííor don Thomas H. Nelson, Ministro de Es- 
tados-Unidos, en su pésame al Supremo Gobierno por el funesto incendio de la Com- 
pañía. ¡Qué lección para muchos de los nuestros! 

U 



— 82 — 

I ahora, solo me resta una palabra, la palabra de la separación i de la 
tristeza, la palabra del último i solemne adiós ! 

¡Adiós, víctimas queridas! ¡Adiós en nombre de cuanto amasteis en la 
tierra! ¡Adiós en nombre de vuestros padres, de vuestros hijos, de vues- 
tros esposos i de vuestros amigos que solo sienten no haberos estrechado 
en sus brazos antes de la partida! ¡Adiós en nombre de esta relijiosa 
ciudad que queda cubierta de luto, silenciosa i triste lamentando vuestra 
muerte! ¡Adiós en nombre de la iglesia chilena, vuestra querida madre! 

Mientras nos dure la vida, vuestro recuerdo jamas se borrará de nues- 
tros corazones; i al dejar esta tierra de dolor legaremos a las jeneraciones 
venideras nuestra veneración i nuestro amor hácia vosotras. Vuestro 
sepulcro s-erá eternamente glorioso. Una i mil veces regaremos con 
nuestras lágrimas ese recinto sagrado, santificado con vuestra sangre, 
ensordecido con vuestros lamentos. Una i mil veces besaremos el polvo 
de vuestra tumba respirando el aroma de vuestras virtudes, i recojien- 
do en ella el soplo de vida i de inmortalidad que os anima. 

¡Adiós i por última vez Adiós! 

Que los apóstoles, los mártires, las vírjenes i la Reina de todos ellos 
salgan a vuestro encuentro i os reciban en la eternidad. 



Santiago , diciembre 16 de 1863. 



Muí señor nuestro : 

Los infrascritos, participando del profundo sentimiento que agovia 
a esta población i al pais enjeneral, a consecuencia del infausto i horri- 
ble acontecimiento del 8 del presente, han tratado, sino de atenuar sus 
múltiples i fatales efectos, de llevar al menos algún pequeño alivio al 
hogar de las familias i de los huérfanos, que han quedado en la indijen- 
cia i a merced solo de los socorros de la caridad privada. Para llenar 
de alguna manera nuestro propósito, hemos solicitado de los suscritores 
a la "Sociedad Filarmónica" la cesión de aquella parte de la suscricion 
que se les adeuda, por no haber tenido lugar la tercera de las tres fun- 
ciones convenidas con el empresario, que lo es el señor don Agustin 
H. Prieto. Todos han correspondido espontánea ijenerosamente a nues- 
tro llamamiento como IJd. puede notarlo por el acta que orijinal acom- 
pañamos. 

En consecuencia, suplicamos a Ud. se sirva aceptar el modesto con- 
tinjente que ponemos a su disposición, como una débil muestra de nues- 
tro intenso dolor, i hacerlo recaudar de poder del señor Prieto, para 
emplearlo en el piadoso i humanitario fin que Ud. i demás miembros de 
la comisión se han propuesto. 

Aprovechamos la ocasión de ofrecer a Ud. las seguridades de nuestra 
consideración i aprecio. — SS. SS.- — Ramón Ricardo Rosas. — Rafael 
Bascuñan. 

Al señor don Guillermo Matta, 



Santiago, diciembre 18 de 1863. 

Señores i 

A nombre de la comisión nombrada para colectar socorros en fa- 
vor de los desamparados i huérfanos, os damos las gracias por vuestra 
jenerosa dádiva. Los nobles sentimientos que la acompañan son dignos 
de la juventud de Santiago i dignos de los buenos corazones. El dinero 
que iba a servir para una fiesta, servirá para una obra de caridad i 
llevará el alivio i el consuelo a la guardilla del desvalido, a la cuna del 
huérfano. I no es verdad que semejante esperanza es mas dulce i mas 
íntima que otra alguna? ¿no es verdad que ningún placer mundano 
equivale a una obra caritativa i al placer de enjugar las lágrimas de la 
desgracia? Ese camino, es el camino de la virtud, que conduce al amor 
a la patria, al amor a la familia a la relijion del deber. La juventud de 
Santiago, que así lo ha comprendido, nos da ahora una prueba publi- 
ca, manifestando que esas son sus convicciones. 

Tened vosotros la bondad de participar a vuestros compañeros fluet- 



84 ■— 

tro agradecimiento i creednos vuestros sinceros amigos. — Manuel Een- 
jifo. — Guillermo Matta. 

A los señores don Ramón Ricardo Rosas i don Rafael Bascuñan. 



Los que abajo suscribimos cedemos en beneficio de los individuos que 
han quedado sin amparo a consecuencia del horroroso incendio del tem- 
plo de la Compañía, la parte de suscricion que nos resta a las tres fun- 
ciones de filarmónica a que estábamos suscritos. — Santiago, diciembre 
13 de 1863. 



Miguel F. del Fierro. 
Ramón Ricardo Rosas. 
Rafael Bascuñan. 
Vicente del Sol. 
Domingo del Fierro. 
Claudio Sánchez. 
Rafael Gana i Cruz. 
José Luis Claro. 
Capitolino Solar. 
Sebastian Moreno. 
Félix Solar. 
José Eujenio Guzman. 
Isidoro Palma. 
J. E. Renard. 
Manuel M. dellndurraga. 
Macario Ossa. 



José Hurtado. 

Juan Rafael Velez. 

José Miguel Valdez. 

José Gabriel Palma Guzman. 

J. A. Gutiérrez. 

Diego I. Palma. 

Samuel Izquierdo. 

Por Archibaldo Armstrong, Diego Armstrong 

Ramon Antonio Carrasco. 

Por Evaristo Sánchez, Claudio Sánchez. 

Adrián de Undurraga. 

Por José Toribio Larrain, Vicente del Sol. 

Guillermo O valle. 

Eusebio Larrain. 

Luis Huneeus. 



El monto de los auxilios colectados para los huérfanos i desvalidos en 
el departamento de Santiago, ascendia el 25 de diciembre a la suma 
de 8,575 ps. 40 cts. 



Sres. D. Manuel Renjifo i Guillermo Matta. 
SANTIAGO. 

Valparaíso, diciembre 18 de 1863. 

Mui señores mios : 

He recibido la comunicación que Uds. ? autorizados por los vecinos 
de Santiago, me han dirijido a fin de que excite la caridad pública en esta 
ciudad en favor de las víctimas de la espantosa catástrofe del ocho del 
actual, que amontonó dos mil cadáveres en los escombros de la Com- 
pañía. 

Esta desgracia inmensa, que ha conmovido tan profundamente a Val- 
paraíso i sin duda alguna a la República entera, encontrará dispuestos 



— 85 — 

a los vecinos de esta ciudad, para contribuir en cuanto les sea posible 
a mitigar la suerte de los infelices que han perdido a la vez sus deudos 
mas queridos i con ellos los recursos necesarios para su subsistencia. 

Uds. pueden contar con que haré todos los esfuerzos de que soi capaz 
en el desempeño de la comisión que me han confiado i que tiene un 
propósito tan santo. 

Los auxilios pecuniarios que obtenga los remitiré a Uds. o al admi- 
nistrador del Banco de Chile don Alejandro Vial, según me lo indican 
en su comunicación. 

Sírvanse aceptar las consideracionés con que soi de Uds. A. S. S. 

J. S. Aldunate. 



Diciembre 21 de 1863. 

Los señores don Manuel Renjifo i don Guillermo Matta, autorizados 
por los vecinos de Santiago, se han dirijido a mí, a fin de que en ésta 
coopere a la obra filantrópica iniciada en la capital de buscar auxilios 
pecuniarios para los que a consecuencia de la horrible catástrofe de la 
Compañía han quedado en la horfandad i en la miseria. 

No era posible negarse a semejante invitación, sin desentenderse de 
un sagrado deber. Acepté, pues, gustoso la comisión que se me confe- 
ria, alentado por otra parte, en que la caridad nunca desmentida del ve- 
cindario sabrá proporcionar los recursos que se le piden para sus her- 
manos de la capital, que en su desgracia aguardan los auxilios que los 
habitantes de Valparaiso saben encontrar siempre que hai una necesi- 
dad por atender. 

A fin de llenar cuanto ántes la obligación que nos impone la desgra- 
cia, a cuyo remedio debemos ocurrir, he creido que el mejor medio seria 
el de nombrar una comisión compuesta de Ud. i de los señores don 
Francisco Carvallo, don Manuel Andrés Orrego, don Roberto Budge, 
don José Manuel Almarza, don Vicente Vidaurre, don Ramón Suber- 
caseaux, don H. Masenlli, don José Tomas Ramos i don Francisco In- 
fante, quienes, excitando el celo del vecindario, reúnan los auxilios que 
les fuere posible obtener para remitirlos a la comisión de Santiago. 

No dudo que Ud. i los demás señores de la comisión se prestarán 
gustosos a desempeñar esta misión de caridad, i que la sola indicación 
del objeto que se proponen será una causa poderosa para encontrar don- 
de se presenten el decidido apoyo de los vecinos de Valparaiso. 

J. S. Aldunate. 



Al señor don 



— 86 — 



SOCORRO A LOS HUÉEFANOS I DESVALIDOS. 

Santiago, diciembre 23 de 1863. 

En cumplimiento de la comisión que V. S. I. i R, tuvo a bien con- 
ferirnos con fecha 10 del presente, i en cuyo desempeño nos han acom- 
pañado don Abdon Cifuentes i don Zorobabel Rodríguez, nos cabe la 
satisfacción de acompañar dos libranzas a cargo del banco de Chile as- 
cendente al valor de 2,031 pesos 90 centavos importe total de las suscri- 
ciones que hemos recolectado a favor de los huérfanos i desvalidos que 
han quedado a consecuencia del incendio de la Compañía. 

Acompañamos igualmente una lista nominal de las personas que se 
han servido contribuir al noble pensamiento ele V. S. I. espresando al 
mismo tiempo la cantidad con que cada una ha contribuido ; i tratando 
de llenar una de las instrucciones que V. S. I. nos señaló para el des- 
empeño de nuestra comisión, adjuntamos una razón tan circunstanciada 
como ha sido posible obtener, del número i condición de los desvalidos. 
Creemos que esta lista podrá ser de mucha utilidad, sea para la distri- 
bución de las limosnas, tomando en cuenta la situación especial de cada 
solicitante, sea para auxiliar a los establecimientos en los cuales es de 
esperar que se dé colocación a muchos de los huérfanos. 

Nos ha parecido oportuno suspender la recolección, porque como con 
anterioridad i con el mismo caritativo propósito, se nombraron en una 
junta popular diversas comisiones que han recorrido la ciudad con un 
éxito correspondiente a su activo celo, hemos juzgado que continuando 
la fcuscricion contrariaríamos el encargo de V. S. I. imponiendo a la 
caridad pública un gravamen demasiado oneroso. 

De V. S. I. i R. atentos servidores. 

José Manuel Orrego. — Javier Luis de Zañartu. — Joaquín Blest Gana.—* 
Javier Lazo. 



— 87 — 

mmum mmm 



CONSULADO JEN ERAL DE LA REPUBLICA AEJENTINA, 

Valparaíso, di iembre 14 de <883, 

Señor Ministro : 

. En medio de la consternación jeneral que abate el ánimo de todas las 
clases de la sociedad, cumplo con el deber aunque doloroso, de mani- 
festar a V. E. en nombre de mis compatriotas residentes en Chile i en 
mió propio, el profundo sentimiento que nos ha ocasionado la terrible 
catástrofe ocurrida en la tarde del 8 del corriente en el templo de la 
Compañía de esa capital. 

Tin acontecimiento tan desgraciado e inaudito, que sume, en el dolor 
a un considerable número de familias i que ocasiona al pais una pérdida 
tan crecida de preciosas vidas, no ha podido menos que ser mui sensible 
a los arjentinos, que se consideran no como simples amigos de los chile- 
nos sino como queridos hermanos, porque hai una afinidad lejítima en- 
tre ámbos pueblos, constituida por el mismo oríjen i consagrada por una 
historia de glorias i sacrificios comunes. I es por esa fraternidad que los 
arjentinos lloran con los chilenos el mísero destino de tantas i tan ino- 
centes víctimas. 

Que él Padre de toda consolación quiera enjugar las lágrimas de los 
pacientes i acordarles la resignación que la virtud aconseja en los lan- 
ces amargos de la vida, sometiéndose a la voluntad divina, a esa volun- 
tad poderosa e infinita que se cumple ahora i a la cual todo está sujeto en 
el universo. 

Quiera V. E. recibir nuestro mas sentido pésame i la particular esti- 
mación i distinguido aprecio de su atento, obsecuente servidor. 

Gregorio Beéclie. 

Al señor ministro de relaciones esteriores del gobierno de Chile doctor don Manuel 
A. Tocornal. 



MINISTERIO DE RELACIONES ESTERIORES DE CHILE. 

Santiago, diciembre 17 de 1863. 

Señor cónsul : 

He tenido el honor de instruirme i dar cuenta a S. E. el Presidente 
déla República de la nota que se ha servido US. dirijirme con fecha 14 
del presente, i que he recibido ayer. En ella me manifiesta US. a su 



— 88 — 

nombre i al de sus compatriotas residentes en la República, su profundo 
sentimiento por la terrible catástrofe del 8 del actual, i la fraternidad, 
constituida por un mismo oríj en i consagrada poruña historia de gloria 
i sacrificios comunes que liga a los chilenos con los arjentinos, i que ha 
hecho a éstos llorar a la par de aquellos el mísero destino de las numero- 
sas e inocentes víctimas de aquel acontecimiento tan desgraciado como 
inaudito. Concluye US. por pedir a nuestro Padre común, a cuya vo- 
luntad todo vive sujeto, consuelo i resignación para los que padecen, i 
por ofrecerme el sentido pésame de US. i sus compatriotas. 

Acatando reverentemente los altos designios de la Providencia, aun 
no ha podido, sin embargo, sustraerse mi gobierno a la influencia del 
dolor jeneral que ha producido en el pais aquella irreparable calamidad 
pública ; i en tan penosa situación le ha servido de eficaz consuelo la 
nueva seguridad que con la comunicación de US. ha recibido de los 
fraternales sentimientos que abrigan respecto de Chile US. i sus com- 
patriotas residentes en la República. 

S. E. el Presidente me ha encargado significarlo así a US. i darle las 
mas cumplidas gracias por la amistosa solicitud con que US. i sus com- 
patriotas que residen en Chile han sabido tomar parte en nuestro duelo. 

Sírvase US. aceptar los sentimientos de mi distinguida consideración, 
con que soi de US. atento, seguro servidor. 

Manuel A. Tocornal. 

Al señor cónsul jeneral de la República- Arjentina. 



MENDOZA. 

Las grandes desgracias vuelan con la rapidez de la electricidad. 

En los puntos mas lejanos de la provincia se conocen ya los porme- 
nores del espantoso incendio que ha reducido a cenizas ¡en solo una 
hora! mas de dos mil personas, llenas de vida i de intelijencia. 

Nuestra sociedad ha sufrido un golpe terrible, con tan calamitosa 
desgracia. , 

Mendoza por esperiencia propia, por sus sufrimientos del 20 de mar- 
zo i las escenas espantosas que él produjo, puede apreciar i juzgar de- 
bidamente lo horriblemente trájico de aquel suceso que ha cubierto de 
luto la república de Chile. 

Hoi mas que nunca, nuestra sociedad se siente ligada a la de Chile, 
por vínculos tan poderosos como el de la sangre. 

La común desgracia i la gratitud! 

Nuestros dolores de ayer, i las miles de víctimas perdidas en pocas 
horas también, hacen mas desgarrador el recuerdo de este nuevo acon- 
tecimiento que, como el nuestro, no tiene precedente en la historia de 
las calamidades del mundo. 

Muí en breve harán tres años a que nuestra hermana i vecina repú- 



-~ 89 — 

blica, aterrada por la catástrofe que destruyó nuestra población, era la 
primera en enviarnos jenerosa i oportunamente toda clase de socorros 
para aliviar nuestro inmenso infortunio. 

La previsión, la espontánea filantropía de ese pueblo que sufre hoi lo 
que entonces sufria por nosotros, se revelaba en las variadas i cuantio- 
sas limosnas con que cada uno de sus hijos nafra contribuido. 

Sin los socorros oportunos de Chile, sin sus médicos, sin sus medici- 
nas, sin sus ropas, sin sus alimentos, ¿qué habría sido de tantos desgra- 
ciados cuyos miembros mutilados estaban espuestos al sol i al frió? 

Mendoza no olvidará jamás estos beneficios. 

¿Cuántos de los que entonces nos enviaban sus dádivas i pedian a 
Dios resignación i consuelo para nuestra desgracia, habrían sido devo- 
rados por las llamas en ese dia fatal? 

Bajóla tristísima impresión que este funesto suceso ha producido en 
toda nuestra sociedad, Mendoza quisiera ser la primera en asociarse 
para un acto público al justo e inconsolable dolor de los que han perdi- 
do tanto ser querido. 

En efecto, para cumplir con este deber i satisfacer un deseo sentido 
en toda la provincia, se reunieron ayer varias personas notables i acor- 
daron levantar una suscricion popular, con dos objetos ; 

1. ° Hacer suntuosos funerales para las i víctimas del incendio de la 
Compañía de Santiago debidamente, i 2. ° contribuir con todos los 
fondos sobrantes que se colecten para el monumento con que se piensa 
conmemorar en aquella capital, tan espantosa catástrofe. 

De acuerdo todos los presentes en este pensamiento, se nombró una 
comisión para la dirección de los funerales i la colecta de la suscricion 
convenida. 

La comisión n ombrada se compone de los señores : 

J eneral don Pedro P. Segura. 

;? Mauricio Villanueva. 
r> Francisco Civit. 

Hemos sido informados que en el mismo dia de ser nombrada esta 
comisión se ha ocupado con toda actividad, del nombramiento de otras 
comisión es en los departamentos de campaña para correr esta suscricion, 
i de cua nto sea concerniente alas exequias que se preparan. 

Ea seguida publicamos la nota de invitación que dirije 'ía comisión al 
público.,, i desde luego podemos asegurar que no habrá un .a sola persona 
que se niegue no solo a suscribirse, sino a tomar parte en cualquiera 
comifjion a que sea llamado. 

Hé aquí la nota a que nos hemos referido. 

NOTA DE INVITACION. 

Los que suscriben han sido honrados por muc 7 hos cii idadanos notables 
de la provincia, para levantar una suscricion pe >pular para los funera- 

12 



— 90 — 

les que deberán celebrarse con la mayor solemnidad posible en Nuestra 
Señora de Loreto, para el descanso eterno de las desgraciadas víctimas 
del espantoso incendio de la Compañía, en Santiago de Chile. 

Los que firman al aceptar este encargo, cumplen con el deber de in- 
vitar al pueblo de Mendoza para que contribuya por su parte con cual- 
quier cantidad para el objeto indicado. 

La colecta de los fondos se hará por los comisionados que se nombra- 
rán en la ciudad i la campaña. 

( Constitucional del 21 de diciembre.) 



= 91 — 



MONUMENTO 

A LAS VICTIMAS DEL 8 DE DICIEMBRE, 



Santiago, diciembre 15 de 1863. 
La Intendencia, con esta fecha, lia decretado lo que sigue : 

"Estando terminada la fosa común i guardados ya en ella los restos 
de las víctimas que perecieron en el terrible incendio del templo de la 
Compañía, en la noche del 8 del corriente, i cuyos cadáveres no han 
podido ser reconocidos por los deudos, no obstante las mas prolijas in- 
vestigaciones, i siendo necesario que se erija un monumento que eter- 
nice el sentimiento profundo producido por esta catástrofe que ha lle- 
nado de consternación i luto todos los hogares ; i deseando la Inten- 
dencia hacerse el intérprete del pensamiento jenerai a este respecto, he 
venido en acordar : 

Nómbranse las comisiones que a continuación se espresan para que 
procedan a promover i recabar suscriciones en el barrio que se les 
designa, para costear con ellas un monumento fúnebre que guarde los 
restos de las víctimas de la aciaga noche del 8 del corriente i que sim- 
bolice el santo i respetuoso dolor del vecindario de esta capital por su 
desgraciada suerte. 

Comisión para los barrios del norte. 

Don Miguel Dávila Don Carlos Rodríguez 

" Máximo Arguelles " Pedro Félix Rodríguez 

" Matías Ovalle " José María Vargas 

" Santiago Pérez Matta Coronel " José Antonio Villagran 

" Santiago Portales Comandante " Juan Dávila 
" Matías Valdivieso 



Comisión para los barrios de Yungai. 

Don Francisco Humeres Señor cura D. Pedro Juan Butafoco 

g Miguel Felipe Fierro 4 ' Manuel Cristi 

" Santiago Cumplido " José V. Larrain Espinosa 

" Carlos Mandeville Presbítero " Florentino Olivares 

" Juan Baut. Gonzales Sarjento mayor " Hipólito Beauchemin 
" Ignacio Domeyko " José Zeger Recasens 

Comisión para la parte central de la ciuclad desde la calle de la Bandera 

al oriente. 



D. Nicolás Larrain i Aguirre 
" Manuel G. de la Huerta 
Cor. de (t. Nan. " Manuel Beauchef 
" Edmundo Eastman 



D. Francisco Amagada 
" Jorje Beauchef 
" Rosauro Gatica 
" Fernando Plata Guzman 



— 82 — 



" Valentín Marcoleta 
" José Besa 

" Juan M. Valdes AMunate 
" Antón. Larrain i Aguirre 
" Rafael Plata Guzman 
" Tomas A. Martínez 
Prebendado " Miguel Sevilla 

" Joaquín Valdes Sarabía 
" Ruperto Allendes - 
" Agustín Mourgues 
" Tadeo Izquierdo 
D. Alejandro Vial 
" Igoacio Zañartu 
" José Santos Cifuentes 
" José Gregorio Castro 



D. Eli o doro F©ntecilla 
" Bereardo José de Toro 
" Carlos Sánchez 
Prebendado " Francisco de P. Taforó 
Coronel " Santiago Salamanca 

" Manuel Antonio Brisefto 
" Guillermo Matta 
" José Castillo 
" J osé Tocornal 
Cor. de G. T$. " Manuel Renjifo 

" José G. Palma Guzman 
" Juan Haviland 
" Alejandro Lurquin 
" Justino Laperssone 
" JorjeHuneeus 



Comisión para la parte central de la ciudad desde la calle de la Bandera 
al canal de Negrete. 



D. Bernardino Opaso 
Presbítero " José María Ramírez 



Id. 

Prebendado 



D. Ignacio de Reyes 
" Vitalicio López 
" Miguel Lais Antnnátegui 
" Cesario Valdez 
Señor coronel " Vicente Villalon 

" Miguel Barros Moran 
" Eulojio Altamirano 
" José de Beraales 
" Raimundo Antonio León. 
" Francisco Subercaseaux 
" Vicente Reyes 
" Juan Morandé 
" Manuel Figueroa 
" Félix Blanco Gana 
" Alejandro Reyes 
" Waldo Silva 
" Ramón Santelices 

Comisión para la parte sur de la ciudad, de la calle vieja de San-Diego 

al oriente. 



José Domingo Meneses 
Ramón de la Fuente 
" Adolfo Valderrama 
" Manuel Alamos 
Señor deán ",José Miguel Arístegui 
" Juan Miguel Riezco 
" José Ignacio Larrain 
" Eujenio Vergara 
*" Borja Valdez Aldunate 
" Ignacio Javier Ossa 
" Man. Valenzuela Castillo 
Diego Tagle 
Melchor Silva Claro 
Joaquín Cortez 



Ten. coronel 
Sarjen, mayor 



Presbítero 
Prebendado 



Ten. cor. grad, 

Coronel 

Coronel 



D. Domingo Morel 
" José Manuel Infante 
" Santiago Prado 

Blas Cañas 
" Manuel Parrefío 
" Vicenfe Cifuentes 
" Felipe Prieto 
" Manuel Antonio Marin: 
" Antonio de La Fuente 
" Santiago Amengual 
" Andrés Cifuentes 
" Ignacio Valdivia 
" Ramón Gonzales Concha 
" Guillermo Blest 
" Vicente Padin 
" JoseSemir 



D. Enrique C. Baeza 
" Rafael A. Casanova 
" Pablo Zorrilla 
Prebendado " Ramón García 
" Manuel Zegers 
" Alberto Blest Gana 
" José Antonio Montt 
" Justo Arteaga Alemparte 
" Miguel Arreta 
" Ramón Tagle 
" Pablo Gonzales 
" Santiago Labarca 
" Manuel Zapata 
" José Basterrica 
" Federico Cobos 
Ten. coronel " Manuel Antonio Faez 



— 93 — 



Comisión para la parte sur de la ciudad desde la calle vieja de San-Diego 

al poniente. 

D. Isidoro Salinas D. Erasmo Escala 

" Juan Tomas Smith Presbítero " Ignacio Bacigalupi 

" Isidoro Combet " Belisario Henriquez 

" Ramón Gómez " Agustín Padilla 

" Pedro V. Urzúa " Rafael Gonzales 

" Juan Garin " Manuel Camilo Vial 

" Enrique Meiggs " Manuel Vergara 

" José Antonio 2. ° Rojas " José María Guzman 

" Julio Zegers " Sant. Figueroa Larrain 

" Domingo ligarte " Jorje Gaski 

Coronel " Viviano A. Carvallo Tent. coronel " Miguel Faez 

Comisión especial para la parte sur de la ciudad comprendida entre 
el canal de San-Miguel i Zanjón de la Aguada. 

D. José Carlos Valenzuela D. José Ramírez 

" Victoriano Jaña " Anselmo Santa-María 

Los fondos que se colecten por las comisiones nombradas, se depo- 
sitarán en la tesorería municipal. 

Se invita a los señores injenieros i arquitectos para que presenten a 
esta intendencia los proyectos que creyeren convenientes relativos a la 
forma del monumento de que se ha hecho mérito i a la manera como 
debe ejecutarse. 

Anótese, comuniqúese i publíquese." 

Trascríbolo a para su conocimiento i fines con- 
siguientes. 

Dios guarde a Ud. 



— 94 — 

CUERPO Di BOMBEEOS DE SANTIAGO. 



De entre las ruinas del incendio de la Compañía, ha brotado la 
grande i humanitaria idea de organizar un cuerpo de bomberos que 
haga imposible la repetición de catástrofes semejantes a la del ocho 
de diciembre! La primera palabra del sentimiento herido fué la de 
arbitrar fondos para auxiliar a los huérfanos que dejan la impreme- 
ditación, la ceguedad i el fanatismo ; como habia sido su primer mo- 
vimiento salvar a las víctimas que el egoísmo i la impiedad amonto- 
naban en una inmensa, horrible i devastadora hoguera. 

Amor, olvidado i caridad para todos, era la impresión de todos los 
ánimos ; reparar en cuanto fuera posible las desgracias, la aspiración 
de todos los espíritus. Mientras tanto, ¿cómo responden a estos dictados 
de la humanidad, los que pudieran llamarse, sino reos i cómplices ante 
la lei i la justicia, los involuntarios fautores de tantas desgracias, que 
han sembrado el luto i la desolación en toda la República? 

Actos de abnegación i de civismo, en todas las clames de la sociedad, 
han sido la respuesta enérjica i elocuente, a las provocaciones que han 
lanzado imprudentemente la prensa ultra-montana, dando de ese modo 
a conocer los móviles que la gobiernan i los fines a que sirve. 

En la reunión que tuvo lugar en el Casino, a la una de hoi, se acor- 
daron entre las personas asistentes, las resoluciones que siguen: 

1. 53 Nombrar una comisión directiva interina para organizar el 
cuerpo de bomberos i adquirir los útiles i máquinas necesarias. 

2. * Aprobar i reconocer subsidariamente, como reglamento del 
cuerpo, el estatuto de la compañía núm. 3 de Valparaíso. 

3. * Citar a las personas que componen el cuerpo de bomberos 
de Santiago, para el nombramiento de oficiales, el domingo 20 del 
actual a la una del dia, en el Casino de la Filarmónica. 

La comisión directiva la formaron los señores don Enrique Meiggs, 
don José Luis Claro, don José Besa i don A. C. Gallo. 

Las personas que han suscrito a esta idea, hasta este momento, son 
103 bomberos, 44 miembros contribuyentes a su mantenimiento, 31 
auxiliares i 29 guardias de la propiedad. 



"Los que suscriben nos comprometemos al sostenimiento de las 
compañías de bomberos que se van a establecer en Santiago i a dar 
una anualidad anticipada con el objeto de que sirva para el pago de las 
bombas, escaleras, ganchos, encargados por la junta directiva que se ha 
nombrado en esta fecha. La suma porque nos suscribimos anualmente 
la darémos en cada año en la época que lo determine el director. 

Los fondos serán depositados en el banco de los señores Ossa i Ca. 



— 95 — 

a disposición del director^ para que éste disponga la remesa de fondos 
para el pago de bombas i demás útiles. — Santiago, diciembre 14 de 
1863." 

José Luis Claro. Me comprometo a dar cuarenta pesos al año 40 

Francisco Allendea. Me suscribo con cinco pesos anuales 5 

M. E. Domínguez Me suscribo con diez pesos al año * 10 

Francisco Somarriva. Me suscribo con cinco pesos anuales 5 

A. Abasólo, por diez pesos al año - 10 

Julio César Escala Me suscribo con diez pesos ármales 10 

José Tomas Valverde. Me suscribo con diez pesos anuales 10 

A. Silva i Ca. Me suscribo con veinte pesos al año 20 

Por S. P. Bordalí, R. Polanco. Me suscribo con diez pesos anuales 10 

Domingo Toro Herrera, por mi padre Domingo Toro, un peso anual... 1 
Muchall i Robles Via, nos suscribimos con cinco pesos anuales ..... 5 
Vicente Muji ;a. Me suscribo con diez pesos por una sola vez....... 10 

Rafael Villarruel. Me suscribo con cinco pesos anuales ¿> 

Gacitúa Verdugo. Me suscribo en cinco pesos anuales. 5 

Tristan Nieto. Me suscribo con diez pesos anuales 10 

Víctor W. Castro. Con oiez pesos anuales „.„. ««. 10 

Manuel Antón o Castro i J. Clemente Castro con diez pesos anuales 10 

A. A. López. Me suscribo con cinco pesos anuales 5 

Francisco de P. Orozco, Me sjs<;ribo con diez pesos anuales 10 

Eduardo L. Hempell. Me suscribo con diez pesos anuales. . . . t 10 

Buenaventura Cádiz. Me suscribo con diez pesos anuales 10 

Manuel María de Undurraga. Me suscribo con cinco pesos al año 5 

David Izquierdo. Me suscribo con doce pesos anuales 12 

E. M. de Santa-Olalla. Me suscribo con diez pesos anuales 10 

Honorio Sánchez. Me suscribo con cinco pesos anua es 5 

José Choupay. Me suscribo con cinco pesos anuales < 5 

I. E. Bouquet. Me suscribo con cinco pesos anuales. 5 

J. Bouquet. Me suscribo con cinco pesos anuales 5 

Emilio Bello. Me suscribo con cinco pesos anuales 5 

Rafael 2. ° Garfias. Me suscribo con cinco pesos anuales 5 

A. Castro Cienfuegos, con diez pesos anuales 10 

José Domingo Cortez, con cinco pesos anuales * 5 

Moisés Vargas, con cinco pesos anuales 5 

Fernando Rivadeneira, con diez pesos 10 ' 

José Ramón Diaz, con doce pesos , 12 

E. Arnut, con cinco pesos anuales ., 5 

A. Errier, con cinco pesos anuales 5 

Bernando Valderrama, con treinta pesos anuales 30 

Ramón 2.° Rivera, con diez pesos 10 

Francisco Javier Ovalle O., con doce pesos........ 12 

Juan N >üva, con diez pesos 10 

Rafael Garfias, con diez pesos anuales . „ 10 

Ramón Valdes Barra, con cinco pesos anuales 5 

Fernando 2. ° Luco, con di-z pesos anuales . 10 

Anjel C. Gallo, doce pesos anuales 12 

José Toribio Lira. Me t>u&cribo con doce pesos anuales 12 

H. Cuadra. Me suscribo con dos pesos anuales 2 

Manuel V. Blest, con cinco pesos anuales 5 

A. Jouve. Por cinco pesos 5 

Guerin Hermanos, con cinco pesos anuales.... > ¡ 5 

Benjamín V. Sotomayor. Me suscribo con cinco pesos anuales 5 



— 96 — 



Venancio Escanilla. Me suscribo con cinco pesos anuales. 

Manuel Pérez Font, con diez pesos anuales . . 

Tito de la Fuente. Me suscribo con cinco pesos anuales, 

Ramón Gómez, diez pesos anuales , 

A. Theilchenman, cinco pesos anuales 

Pedro G. Silva, diez pesos., 

C. Bascuñan, con diez pesos anuales 

Manuel Amagada, diez pesos 



5 
10 

5 
10 

5 
10 
10 
10 



LISTA DE LA COMPAÑIA DE BOMBEROS DE SANTIAGO. 

J. Luis Claro, M. Joaquín Diaz, Manuel Guajardo, Alejandro Vial, 
Ignacio Caviédes, José Besa Albino, A. Guerra, Antonio del Pedregal, 
Narciso Dávila, Jo^é G. Cádiz, Francisco Somarriva, Francisco Gue- 
rra, Rodulfo Otea, Jerman Navarrete, Julio César Escala, Adolfo 
Ortúzar, Claudio Prieto, Eulojio Solar, Cárlos Diaz, Rafael Gana, S. 
Moreno, A. Custodio Gallo, M. E. Domínguez, Agustin Larrain, Emi- 
lio Bello, Telésforo Vergara, E. Alvarez, Francisco Prast, Santiago 
Ortúzar, por carta del señor don F. S. Leighton, J. Luis Claro, P. 
Abasólo, Cárlos Besa, Domingo Toro Herrera, Tomas R. Armstrong, 
Manuel Irarrázaval, José Luis Irarrázaval, Luis Rodríguez Velasco, 
F. Donoso, Cárlos Irarrázaval, E. J. Haviland, Diego Donoso, Gui- 
llermo Larrain, Ladislao Larrain, Juan Francisco Larrain, José Luis 
Larrain, Luis A. Mancilla, Tristan Nieto, Francisco de P. Orozco, 
José Choupay, W. G. Rosn, A. A. López, Honorio Sánchez, Rafael 
Gárfias, Buenaventura Cádiz, Juan R. Villetu, David Izquierdo, Ma- 
nuel Antonio Castro, Víctor W. Castro, Wenceslao Vidal, Eduardo 
L. Hempel, J. Clemente Castro, Gazitua Verdugo, Fernando Val- 
derrama, Manuel M. de Undurraga, Nicolás Luco, J. Bouquet, De- 
metrio Ureta, P. Prast 'Pérez, Fernando Rivadeneira, I. E. Bouquet, 
C. Welker Martínez, Enrique Fonseca, Moisés Vargas, Manuel 2. ° 
Porras, Roberto Souper, Ambrosio Nieto ex-bombero, José Toribio 
Lira, José M. Alvear, José Domingo Cortez, Rafael 2. ° Gárfias, José 
Ramón Diaz. J. Luis Lira, Washington Lastarria, Francisco Javier 
Ovalle, José Aurelio Munita, A. Castro Cienfuegos, Ramón L. 
Irarrázaval, Miguel Prieto, Cárlos Sazy, Teodoro Mund, Francisco 
Gandarillas, Ezequiel Silva, E. Arnut (hijo), Alberto Mackenna, Ro- 
berto Borne, Juan N. Silva, A. Cerrier, Roberto Araya, Manuel V. 
Blest, Ramón Valdez Barra, Eduardo Buckles, Juan de D. Dinator^ 
Hilarión Cuadra, A. Jouve, Desiderio Novoa, Juan Lesly, Venancio 
Escanilla, Tito de la Fuente, Ramón Gómez, Manuel Pérez Font, A. 
Thellcheman, Pedro Gregorio Silva, Lorenzo Pérez, Amador Olivares, 
Vital N. Martínez, José Santiago Cañas, Benjamín V. Sotomayor, Fer- 
nando 2. ° Luco, Pedro Antonio Cifuentes, Remijio Costabal, Julián 
Guillermo Riesco, Juan Rafael Ahumada, Juan Francisco Polanco 
.Francisco Ahumada, Antonio S, de Saldívar, C, Bascuñan, Waldo 
González* Ignacio Larrain IL, Juan Esté van Ortúzar. 



— 97 — 



COMPAÑIA DE GUARDIA DE PROPIEDAD. 

José Santiago Tagle, Eicardo Portales/ Eamon Tagle, Hormilio 
Prieto, Saturnino Duozorroza, J. Hermójenes Alamos., Juan Francis- 
co Allendes, M. A. Matta, Guillermo Matta, Juan N. Espejo, A. Aba- 
solo, José Tomas Valverde, A. Lurquin, Adolfo Ortúzar, K. Polanco, 
Eulojio Solar, Juan Arturo Martínez, Francisco Ruiz Tagle, Juan 
jST. Velez, Vicente R. Vial, Pedro K Marcoleta, Valentin Marcoleta, 
Pedro J. Salinas, Ramón Vial, E. M. de Santa Olalla, José María 
Guzman, doctor Damián Miquel como médico de la compañía de bom- 
beros (ofrece sus servicios profesionales, por conducto del que suscri- 
be, Juan Rafael Velez), Juan Rafael Velez, José B. Elguero. 

AUXILIARES. 

Miguel Ibarra, Pascual Saavedra, Bartolo Guerra, José A. Vivanco, 
Juan J. Díaz, Fernando Toro, José Mercedes Farias, José S. Asua, 
Calixto González, Abelardo Bustamante, Narciso Peña, Manuel Mu- 
ñoz, Juan José Salinas, Juan Aguilera, Jerónimo Zapata, Domingo 
Vergara, Juan Moreno, Juan Benitez, Lino Benitez, Juan Diaz, Mar- 
cial Silva, Clemente Silva, José María Silva, José Dolores Inostrosa, 
Tomas Encina, Manuel Diaz, Tiburcio Ramírez, Matías González, 
Francisco Brito, Manuel Vasquez, Carlos Dinamarca, Pedro Bernal> 
Juan Tovar, Manuel Diaz, Lorenzo Tejeda, Juan Moran, Martin Pla- 
za, José Dolores Inostrosa, José María Silva, Juan Duran, Justo Es- 
pinosa, Juan B. Hidalgo, José Miguel Espinóla. 

NOTA. — Tanto los fondos como la nomina de los individuos que se han ofrecido 
para servir en el cuerpo de bomberos se ha triplicado hasta la fecha. 



18 



— 9é — 



Si. MINISTRO D. ÍOÉHGO SÁNTA-MARIA. 
SR. INTENDENTE D. FRANCISCO B. GUERRERO. 

Diciembre 16 de 1863. 

Señores de mi respeto i aprecio : por diferentes conductos he sabido 
que Udes. han tenido en sus manos las cartas que dicen sacó de la 
Compañía un oficial de policía en la mañana inmediáta al incendio, i 
qúe produjo en Udes. profunda indignación su lectura i la convicción 
de que dicha iglesia era un foco de inmoralidad i corrupción. Udes. no 
han reflexionado seguramente que al espresar su juicio hacían recaer 
una buena parte de las vergonzosas sospechas sobre las mismas vícti- 
mas que nos arrebató el incendio i cuya trájica muerte tiene sumidos 
en amargo duelo a sus desconsolados parientes ; pues que ellas repre- 
sentan los dos tercios talvez de las persosas que frecuentaban aquella 
iglesia. Así ha sucedido en efecto, i las palabras de Udes. i de los que 
las repiten i comentan van haciendo cundir esos odiosos rumores ; i lo 
que es peor, la maledicencia concreta sus sospechas, como era natural 
que sucediera atendida la naturaleza del asunto, sobre la porción mas 
distinguida de nuestra sociedad, como que no era de creer que las car- 
tas hubieran sido escritas por mujeres del pueblo. 

Estas sospechas son intolerables para los deudos de las víctimas, i 
tenemos un supremo interés i perfecto derecho para procurar que se 
desvanezcan a toda costa, poniendo en claro la verdad. Vínculos de 
.estrecho parentesco ligan al que suscribe con algunas de las víctimas ; 
pero de un modo especialísimo me interesa la honra de una hermana 
por mil títulos querida, i la de su apreciable hija, de cuyo buen nombre 
soi ademas como su curador un custodio obligado. En el círculo délas 
personas que las conocieron, nada tienen que temer las esclarecidas vir- 
tudes de las dos finadas ; mas como sus nombres se han publicado en los 
diarios, no puedo conformarme con que sea permitido a nadie pronun- 
ciarlos de una manera irreverente. 

Desde 1848 he compartido ademas con mi difunta hermana el cuida- 
do de su familia i de sus intereses, por encargo que me hiciera su 
esposo el señor don José Miguel Irarrázaval en el lecho de muerte ; i 
no quiero que, cuando sus tiernos hijos lleguen a ser hombres, encuen- 
tren escritos con un tisne de ignominia en las dolorosas pájinas de la 
reciente catástrofe los dulces nombres de su dignísima madre i de su 
purísima hermana. 

Aun hai mas. Mi propio nombre i el de todos los sacerdotes de San- 
tiago se halla feamente comprometido en este odioso asunto ; pues todo 
el mundo queda con derecho para hacernos cómplices de esas intrigas 
vergonzosas. El mismo sijilo con que la delicadeza de Udes. ha creído 
prudente ocultar los nombres de los verdaderos culpables, ha colocado 



— 99 — 

a los inocentes en la imposibilidad de vindicarse. Nuestra posición es 
durísima i humillante. Se empieza a poner en duda el título que tene- 
mos como hombres a la estimación de nuestros conciudadanos i al res- 
peto i confianza de los fieles como sacerdotes. En las calles i lugares 
públicos comenzamos a observar, hasta en el pueblo, signos que reve- 
lan alejamiento i .recelo, i tenemos que bajar ruborizados los ojos mu- 
chas veces, por no encontrarnos con las miradas escudriñadoras de los 
que esperan sorprender en nuestros rostros las ajitaciones de una con- 
ciencia culpable. 

Esto no puede tolerarse ; i aunque hubiera bastante abnegación para 
tolerarlo, nunca seria dado renunciar a nuestra honra, ni como sacerdo- 
tes ni como hombres ; pues de ella necesitamos para hacer el bien en la 
tierra, i a ella tienen derecho inalienable la iglesia, la familia i la pa- 
tria. 

Es preciso que cese inmediatamente este estado de cosas i que sea 
cumplidamente esclarecida la verdad. No diviso otro camino para con- 
seguirlo que la prensa misma, que se ha convertido en eco de esos ver- 
gonzosos rumores. Ruego, pues, a Udes. que tengan a bien dar a luz 
todas las cartas que han llegado a su poder, sin ocultar el nombre de 
persona alguna. 

Comprendo toda la gravedad de este paso ; pero es inevitable. No me 
digan Udes. que con la publicación que les pido van a matar el honor 
de algunas personas; pues que sin ella tampoco puede salvarse el de 
tantos cientos de seres inocentes, en cuya vida pura se está cebando la 
mordacidad. Mil veces mas sagrado es el derecho que tiene a la estima- 
ción i a la honra el inocente que el culpable. Este renuncia tácitamente 
a ese precioso derecho en el hecho de serlo. Conociendo ademas los 
documentos, talvez no aparezca tan grave i manifiesto el delito. En 
todo caso, será posible la defensa a los acusados ; los vivos responderán 
por sí mismos ; los deudos i amigos podrán responder por los finados. 

Veo todo el alcance, pero declino toda la responsabilidad de esta pu- 
blicación. Aquella pesa esclusivamente sobre los que hm tenido la im- 
prudencia de revejar esos misterios. 

Me dirijo a Udes., primero, porque me consta de un modo cierto lo 
que han dicho, aunque he oido que otros han hablado también sobre 
este asunto, i las palabras de Udes. han vulnerado mi honor i el de mis 
deudos : segundo, porque Udes. son caballeros i no pueden negarse a 
reparar la honra ajena que sin quererlo han mancillado. 

Agregaré, en conclusión, que muchos eclesiásticos me han autoriza- 
do para que solicite a su nombre de la hidalguía de Udes. la misma re- 
paración. 

Dispongan Udes, del aprecio de su A. S. i C. Q. B. S. M. 

Joaquín Larrain Gandarillas. 



— loo — 



SEÑOR PREBENDADO 

DON JOAQUIN LAKKAIN GANDAEILLAS. 

Santiago, diciembre 21 de 1863. 

Mui señor mió i amigo : 

Con tanta sorpresa como disgusto he leido la comunicación que Ud. se 
ha servido dirijirme por la prensa, en mi carácter de intendente de esta 
provincia, requiriéndome para que dé a luz las cartas contenidas en el 
titulado Buzón de la Vírjen, i que según Ud me fueron entregadas por 
un oficial de policía el dia siguiente al del incendio del templo de la 
Compañía, sin ocultar el nombre de las personas que las hubiesen sus- 
crito. Funda Ud. tan estraña exijencia en haber sabido por diferentes 
conductos que la impresión que en mí produjo la lectura de esas cartas 
fué la de una profunda indignación, i que al mismo tiempo espresé la 
convicción de que dicha iglesia habia sido un foco de inmoralidad i 
corrupción. Como deudo inmediato de alguna de las víctimas sacrifica- 
das en esa deplorable catástrofe i como sacerdote, me conjura Ud. a que 
alce el sijilo con que mi delicadeza ha creido prudente ocultar el nom- 
bre délos verdaderos culpables, a fin de que la memoria sagrada de su 
dignísima hermana i de su purísima sobrina no sea recordada jamas de 
una manera irreverente, i de que no se haga imposible la vindicación 
deUd. i de todo el clero de Santiago, cuya honra se halla feamente 
comprometida en este enfadoso asunto ; pues ha menester de ella para 
hacer el bien sobre la tierra, i a ella tienen también un derecho inalie- 
nable la iglesia, la familia i la patria. 

Antes de entrar a contestar la comunicación que antecede, debo de- 
cir a Ud. con franqueza : que si en cualquiera otras circunstancias que 
las actuales se hubiera reclamado de mí esplicaciones como las que Ud. 
ha exijido por la prensa, no habria trepidado un momento en dar por 
toda contestación el mas profundo silencio. Desde tiempo atrás profeso 
como norma de conducta el no descender a esplicar i sincerar mis actos 
oficiales, sino ante mis propios jefes ; i esto cuando las circunstancias lo 
exijan de una manera imperiosa. Solo en ellos reconozco el derecho 
perfecto de llamarme a cuenta sobre mi conducta funcionaría : i en este 
caso, nada me es tan satisfactorio como ei vindicarme de los cargos que 
la malignidad se complace en hacer pesar sobre los que ocupamos algún 
puesto elevado o bajo, en la escala honrosa pero delicada de las fun- 
ciones públicas. Ellos tienen el poder de juzgarme : no les niego por lo 
mismo el derecho de inquirir i examinar mis actos con la escrupulosidad 
mas minuciosa. En cuanto a mi conducta privada como hombre o como 
ciudadano, tampoco estoi dispuesto a aceptar la fiscalización del primero 
que pretenda arrogársela, bien sea lego o sacerdote. De ella respondo 
ante Dios i mi conciencia : i protesto con toda la enerjía que me es da- 



, • — 101 — 

ble desplegar, con ti a el derecho que el sacerdocio parece querer asu- 
mir en la persona de Ud., de introducirse en el santuario del hogar do- 
méstico, para sorprender el secreto de las conversaciones confidenciales, 
sacarlas después a plaza, i convertirlas en tema de discusión por la 
prensa. No niego que en otro tiempo estuvo el clero en posesión de 
este poder arbitrario i abusivo ; pero Ud. sabe i conoce demasiado bien 
cuanto distamos ya de esa época, cuánto han ganado desde entonces acá 
los fueros de la conciencia i de la libertad personal, para que hoi se 
tratara de hacer revivir prácticas vetustas i abusivas, que hartas lágri- 
mas han costado a la humanidad, i que nucca dejarán de ser condena- 
das por la reprobación unánime de los corazones honrados. Así, pues, 
no debe Ud. sorprenderse de que mi primer impulso, al leer la comuni- 
cación de Ud., haya sido el de guardar silencio, como la mejor respues- 
ta que a ella pudiera convenir. 

Pero, ¿habría sido prudente esta línea de conducta en las circunstan- 
cias actuales? Esta duda me ha ajitado bastante. La elevada posición 
que Ud. ocupa en nuestro clero, i mas que todo el interés que me ins- 
pira el honor de tanta víctima inocente sacrificada en la luctuosa catás- 
trofe del incendio de la Compañía, son títulos harto eminentes para 
justificar ante mis propios ojos una desviación pasajera de la norma a 
que constantemente he ajustado mi conducta. Por otra parte, Ud. se 
presenta como el adalid de esas víctimas, invoca la memoria, siempre 
cara para un deudo, de una hermana i de una sobrina, tratando de parar 
los tiros que la maledicencia pudiera asestar contra su honra : i obede- 
ciendo a los impulsos del espíritu de cuerpo, se transforma en paladín 
del clero, para defender reputaciones a que tienen un derecho sagrado- 
la iglesia, la familia i la patria, como si tales reputaciones se vieran hoi 
amagadas de un inminente peligro. ¿Cómo negar una respuesta ai reto 
que se lanza en nombre de sentimientos tan honorables? Si por mi par- 
te la rehusase, tal vez se creería que ese reto habia recaido sobre un 
hombre insensible a los acentos de la dignidad ultrajada, o que mi si- 
lencio era dictado por otros motivos que la prudencia i el respeto a la 
moral i a las conveniencias sociales. Para evitar tan falsas interpreta- 
ciones me he decidido al fin por contestar. 

Es de lamentar que Ud. haya acojido con lijereza los rumores vul- 
gares que hayan llegado a sus oidos, dando crédito a espresiones que 
he estado mui distante de proferir. Protesto a Ud. por el honor de las 
víctimas que sucumbieron en la catástrofe que Ud. i todos deploramos, 
que jamás he asegurado a nadie que el templo de la Compañía hubiese 
sido un foco de inmoralidad i corrupción. He lamentado sí que la su- 
perstición hubiera creado i fomentado en este templo prácticas impru- 
dentes, tales como la institución de eso que en el lenguaje vulgar i 
devoto de Ciertas jentes se ha apellidado Buzón de María. Semejante 
institución repugna a las ideas mas medianamente ilustradas que se 
tenga acerca de los principios de nuestra santa relijion. No es ya el 
espíritu el que se eleva a Dios i a sus santos, invocando sus favores o 



— 102 — 

su intercesión : la comunicación inmediata con ellos por medio de la fe 
i de la oración, no es suficiente : es preciso que las preces lleguen a la 
Vírjen por medio del papel, déla carta, del signo material de la escri- 
tura : de otro modo se correría el riesgo de que nuestras plegarias no 
fueran debidamente atendidas ; pues la Vírjen no llegaría quizá a te- 
ner conocimiento de ellas. Estas conclusiones absurdas i anticristianas 
se desprenden fácilmente de la predicha institución, examinada solo 
bajo el punto de vista teórico de nuestra creencia* Si se la examina 
ahora, bajo el punto de vista de los abusos a que podría dar márjen en la 
práctica, en verdad" que no se necesita de mucha perspicacia para poder 
vislumbrarlos. !SIo quiero decir por esto, que tales abusos hubiesen 
llegado a ser reales i efectivos entre nosotros : pero habría debido bastar 
la consideración de la gran facilidad que había para que se cometiese^ 
para que se hubiese puesto el mayor anhelo en impedirlo, i una prueba 
de esto encontrará TJd. en las críticas que hoi tanto torturan sus oídos, 
Lamento como Ud. esta desgracia ; pero ¿podrá imputarse a cülpa de 
mi parte el que ella se haya producido? ¿No es mas racional i justo ha- 
cerla pesar sobre los que hayan fomentado i tolerado semejante instituí 
cion? 

Es cierto que la sola vista de las cartas que me fueron entregadas 
produjo en mí una penosa impresión, la cual ha estado mui lejos de 
rayar siquiera en profunda indignación, como a Ud. se lo han ase- 
gurado. Creo que Ud. se esplicará fácilmente el motivo de esa penosa 
impresión, sin que sea necesario para ello suponer que tales cartas con- 
tenían la prueba de algún acto criminal de parte de las personas quo 
las escribieron. En las pocas que examiné, nada habia que [comprome- 
tiese el honor ni la virtud de las desgraciadas víctimas que sucumbieron 
en el incendio. Pero no pude menos que mirar con pena un hecho que 
me revelaba hasta que punto puede estraviarse el sentimiento cristiano 
i piadoso de la porción mas bella de nuestra sociedad, cuando la direc- 
ción de sus espíritus recae en manos poco prudentes. 

Al dar las esplicaciones que preceden, no crea Ud. que me anima 
otro sentimiento que el de desagraviar la memoria de las infortunadas 
víctimas, de la deshonra que Ud. parece dispuesto a aceptar con rela- 
ción a ellas. Estoi mui lejos de aspirar al favor del pueblo, dando aho- 
ra ruidosas pruebas de celo i de piedad por la honra de las que sucum- 
bieron. No creo tampoco que este sentimiento haya sido el móvil de su 
comunicación. Esto seria indigno de Ud. que profesa la humildad, i de 
mí que tengo mui justos motivos para practicarla i guardar una actitud 
modesta. Como funcionario, no he aspirado mas que al cumplimiento 
de mis deberes ; i como hombre, he lamentado en el silencio de mi 
casa, i sin ostentación de dolor, la pérdida irreparable que ha sufrido 
nuestra sociedad, i la pérdida (séame permitido hablar de mi modesta 
familia), de una hermana que era una buena i^honrada mujer. 

Pero Ud. no solo se limita a interpelarme sobre mis palabras i apre- 
ciaciones, sino que llega hasta exijirme la publicación de las cartas que 



— 103 ^ 

ge me entregaron, con la espresion inclivirlual del nombre de los que 
las escribieron. Esto equivale a pedirme que forme el inventario moral 
del mérito i virtudes de cada una de las víctimas. Ud. no quiere que 
pasen ala posteridad en el hacinamiento i confusión en que perecieron. 
Ud. se muestra en esto mas severo que la Providencia. Ella quiso que 
las llamas les diesen la igualdad de la muerte, i que la imposibilidad de 
distinguirlas les diese la igualdad del sepulcro. Pero Ud. desea que 
esta comunidad no pase mas allá del martirio : mas aun, exije imperio- 
samente que cada cual tenga una memoria propia i distinta : unas, hon- 
rosa i pura, que nadie pueda evocar sin reverencia ; otras, con mengua 
i cubiertas de oprobio. No seré yo quien se preste a servir de medio 
para hacer estas distinciones odiosas. La posteridad, como la Providen- 
cia, hará común el honor de las víctimas, como fué común su sacrificio, 
i nadie habrá entre los que viven que dé mejor testimonio que yo de 
su virtud i pureza. Esta distribución de honor i de infamia, que nadie 
hace ahora ni que se hará mas tarde, es, no obstante, la tarea que Ud. 
tiene a bien confiarme. ¿Qué he hecho yo para que Ud. me juzgue 
digno de tan vergonzosa función, tomándose Ud. por su propia investi- 
dura, la de noble ijeneroso adalid de la sociedad de Santiago? En 
verdad que lo ignoro. 

Si porque vertí ciertas apreciaciones en orden a la práctica supers- 
ticiosa a que ántes he aludido, Ud. se cree con derecho a exijir de mí 
esa revelación, permítame que le diga que semejante derecho no reposa 
mas que en el desconocimiento mas absoluto de los deberes morales. 
En efecto, ¿cómo creer de un sacerdote, acostumbrado por el asiduo 
ejercicio de sus deberes a respetar i apreciar la importancia de los se- 
cretos ajenos, se pueda atrever a exijir con calculada premeditación que 
se revelen por la prensa los misterios de la correspondencia privada? 
Para esto seria preciso que tal sacerdote no tuviera conciencia de lo 
que es, o que su razón hubiera decaído en un deplorable delirio. Res- 
pecto de Ud., la primera suposición es absurda ; i en cuanto a la segun- 
da, creo que Ud. mismo la declarará inadmisible. 

Para paliar esta abierta transgresión del deber moral de guardar los 
secretos ajenos, aduce Ud. la consideración del derecho perfecto que 
cada cual tiene a su honra, i de que no seria justo que el inocente fuera 
a confundirse con el culpable. No seré yo quien ponga en duda la ver- 
dad de estas máximas ; pero lo que niego es que ellas autoricen a re- 
velar un secreto. Si la simple sospecha de que una calumnia vaga e in- 
determinada pudiera afectar el honor de una persona inocente, autori- 
zase a ésta para exijir que se diera a luz el nombre de los verdaderos 
culpables, ¿a qué estraños abusos no conduciría la profesión de esta 
doctrina? Ella no autorizaría ya solo para defenderse justificándose, si- 
no que también permitiría defenderse difamando. I bien sabe Ud. que 
esto no se armoniza fácilmente con las máximas de la caridad cristiana, 
ni con el ejemplo que legó al mundo su divino Fundador. Cuando se 
le acusó de blasfemo e impostor, rechazó la calumnia ; pero no dijo mis 



— 104 — 

acusadores están manchados con iguales o mayores crímenes que los 
que me imputan. Este ejemplo debiera servir de norma a los ministros 
de J esucristo para modelar según él su conducta i sus exijencias. 

Por otra parte, me parece que Ud. no ha pensado seriamente, al sen- 
tar esa doctrina, sobre el alcance que ella podría tener para el ejercicio 
del mismo ministerio sacerdotal que Ud. inviste. Supongamos que un 
eclesiástico, estigmatizando desde la cátedra sagrada los vicios de la^ 
sociedad, se quejara de que la corrupción la hubiese invadido por todas 
partes ; que la fidelidad no era ya el sentimiento dominante en el cora- 
zón de las esposas; que el recato i el pudor habian dejado de ser la 
preciosa joya de las doncellas ; que en el comercio reinaban el fraude i 
la mala fe, esterilizando las transacciones ; que en el ejército cundia la 
plaga de la inmoralidad e indisciplina, prestando seguro apoyo a las 
traiciones i a la revuelta, etc. En esta filípica contra la sociedad, que 
(sea dicho de paso) no es raro oir en nuestros templos, se encerraría 
mas de un motivo de zozobra para un marido en su mujer, para un pa- 
dre en la pureza de sus hijas, para un comerciante en la lealtad de otro 
de su mismo gremio, i para la sociedad en masa, en la seguridad que 
tiene derecho a mirar protejida por la espada del ejército. Ahora bien, 
si porque es mil veces mas sagrado el derecho que tiene a la estimación 
i a la honra el inocente que el culpable, todo el que se creyera com- 
prendido en la primera clase estuviese autorizado para exijir al sacer- 
dote que revelase el nombre de los que se hallaban en la segunda, 
¿qué vendría a ser de la libertad de la prédica? De seguro que el sa- 
cerdote tendría que enmudecer en la cátedra ante los vicios i desórde- 
nes de la sociedad, o en caso que tuviera el arrojo bastante para com- 
batirlos de frente, se vería precisado a cambiar el breviario por un 
revólver i la sotana por una cota de malla. ¿I es esta la condición a que 
Ud* desearía ver sometido el ejercicio de una de las atribuciones impor- 
tantes i benéficas de su augusto ministerio? 

Estas estrañas doctrinas que Ud. se ha presentado a sostener en de- 
fensa del honor de víctimas inocentes i del respetable clero de Santia- 
go, no puedo creer que las profese otro que Ud. I aun Ud. mismo, al 
sostenerlas me parece que no ha hecho mas que obedecer a los efectos 
de un exajerado dolor por la pérdida de sus deudos. Recuerdo en este 
momento las siguientes ideas de un célebre escritor contemporáneo : 
"El amor, dice, produce mui frecuentemente el efecto de falsear nues- 
tro juicio en todo lo que concierne a la persona amada ; este es el pri- 
mer daño que nos causa : porque nada es mas desastroso para el espí- 
ritu que engañarse acerca de los caractéres de lo bueno i de lo bello, 
admitiendo bajo estos nombres lo injusto i lo repugnante. Por lo regu- 
lar adquiere la pasión tal violencia, que oscurece en nosotros el sentimien- 
to moral, i nos excita a acciones que mil veces habríamos condenado 6Í las 
hubiéramos examinado a sangre fría. Tal es la situación en que a mi 
juicio Ud. se ha encontrado al dirijirme la carta a que contesto. No 
estraño por lo mismo las peregrinas ideas que en ella vierte : deploro 



— 105 — 

sí la perturbación que se las ha hecho concebir, i aun mas, su lijereza 
para propagarlas difusamente por la prensa. No necesitaba el clero de 
Santiago del doloroso sacrificio de la persona de Ud. para vindicarse. 
Jamas la sociedad ha comprendido en un mismo juicio, ni estimado de 
igual manera a todo el personal del clero. Haciendo las justas distin- 
ciones a que la virtud i el mérito individual son acreedores, sabe mui 
bien reservar su aprecio i sus respetos para los dignos sacerdotes que 
honran nuestra clerecía, así como para los demás guarda una compasión 
piadosa. 

Se queja Ud. de — "que empieza a observarse en el pueblo, signos 
que revelan alejamiento i recelo, i que tiene que bajar ruborizado los 
ojos muchas veces, por no encontrarse con miradas escudriñadoras, etc." 
Por mi parte lo deploro de veras. "Esto es intolerable," esclama Ud., 
permítame decirlo con franqueza, que la carta de Ud. le dé derecho, ni 
a Ud. ni a los que piensan de su misma manera, a alzar la vista i a pa- 
ralizar de confusión las miradas escrutadoras. No se gana por medios 
como los que Ud. ha puesto enjuego la devoción del pueblo. Ud. cono- 
ce mejor que yo la historia del nacimiento, desarrollo i progreso ad- 
mirable de la fé cristiana ; i no será preciso enseñarle, si bien conven- 
drá recordarle, que ella ha llegado a dominar los pueblos civilizados 
por el desinterés, la piedad i la abnegación sin límites de sus primeros 
propagadores. Ante esos hombres el pueblo no alza los ojos con inso- 
lencia, sino que dobla la rodilla con veneración. 

Ud. asegura que al dirijirme la carta a que contesto, ha visto mui 
bien todo el alcance de la exijencia formulada en ella ; pero que decli- 
na en otros la responsabilidad de este paso. No comprendo, señor, lo 
que haya querido decir con esto. Espresiones semejantes profirió el ma- 
gistrado de Judea que condenó a Cristo al patíbulo. El creyó poder 
comprar la tranquilidad de su conciencia con esa fórmula fácil para 
echar sobre otros la responsabilidad de sus propios actos. Pero Ud. sabe 
mui bien cual fué el fruto que cojió ese majistrado de la transacción 
cobarde que quiso hacer con su deber i su conciencia; i desde entonces 
acá, hace 19 siglos, la humanidad condena dia a dia, i siempre con igual 
execración, la fórmula a que Ud. se acoje para sustraerse a la respon- 
sabilidad de una medida reclamada con imperio i sostenida con calor por 
Ud. mismo. 

Ojalá que las esplicaciones contenidas en esta contestación puedan 
mitigar en parte lo acerbo de su dolor i restituir a su espíritu la calma 
i serenidad perdidas. No dudo que entonces pensará Ud. de una manera 
distinta que al presente, i se felicitará interiormente de haber encontra- 
do en mí una contrariedad a la satisfacción de sus irreflexivos deáeos. 

Tengo el honor de suscribirme de Ud. afectísimo S. S. i amigo. 

Francisco Bascuñan Guerrero. 



\ 14 



SEÑOK INTENDENTE 



DON FRANCISCO BASCUÑAN GUERRERO. 

Santiago, diciembre 22 de 1863, 

Señor de mi particular respeto i aprecio : 

Vuelvo a dirijirme a Ud. para espresarle mi agradecimiento por las 
explicaciones con que en su comunicación de ayer ha salvado la honra 
de las caras finadas que nos arrebató la catástrofe del 8. Ud. ha escrito 
estas bellas palabras : nadie habrá entre los que viven que dé mejor testi- 
monio que yo de su virtud i pureza. Nos asegura que en las cartas en- 
contradas en el Buzón que Ud. leyó, nada habia que comprometiese ú 
honor ni la virtud de las desgraciadas víctimas que sucumbieron en el in- 
cendio. I si eran inocentes las personas que escribieron las cartas, vie- 
nen a serlo por necesidad las otras a quienes se supone que iban diriji- 
das. Gracias, mil gracias, señor Intendente, a nombre de la sociedad, a 
nombre de las familias de las víctimas, a nombre también del clero de 
Santiago, por su declaración. 

Ud. me dice : Es de lamentar que Ud. haya acojido con lijereza los 
rumores vulgares que hayan llegado a sus oídos, dando crédito a espresio- 
nes que he estado mui distante de proferir» Protesto a Ud. por el honor de 
las víctimas que sucumbieron en la catástrofe, que Ud. § todos deploramos, 
que jamas he asegurado a nadie que el templo de la Compañía hubiese sido 
un foco de inmoralidad i corrupción. Acepto con todo gusto esa califica- 
ción de lijereza en acoj er rumores vulgares, desde que ella sálvala re- 
putación del primer n^ajistrado de la provincia. 

Agrega Ud.: No r ie cesitaba eidero de Santiago del doloroso sacrificio 
de la persona de Ud , para vindicarse. Cualquiera que sea el sentido de 
esta frase, tambier¿ la acepto i agradezco, pues espresa un sentimiento 
de benevolencia ^ácia la corporación a que tengo el honor de pertene- 
cer. No import a que Ud. haga en seguida distinciones odiosas, i que se 
quede ignorar jdo la sociedad si su servidor pertenece al número de esos 
pobres sacer dotes indignos de .su aprecio i de sus respetos, para quie- 
nes Ud. i sus amigos solo tienen reservada una piadosa compasión. Los 
¡escluiclo^ (J e su benevolencia, no lo .habrán . sido a lo menos por los abu- 
sos a\te pudieran cometerse en el Buzón de la Vírjen, pues la honra de 
U r a.le hace reconocer que esos . abusos no han llegado a ser reales i efec- 
tivos entre nosotros. I esto es lo que en las circunstancias presentes nos 
basta. 

Las esplicaciones que Ud. ha tenido la bondad de darme hacen inne- 
cesaria la publicación de las cartas que llegaron a sus manos. Pero 
prueban al mismo tiempo que no habia inconveniente grave para dar- 
las a luz. Antes de dirijirme a Ud. sabia perfectamente que su conte- 
nido no podia comprometer la reputación de nadie. Pero, para que lo 



— 107 — 

creyera también el público era preciso que cesara el misterio con que 
se escudaba la mordacidad, i no encontré otro medio pam romperlo que 
una carta por la prensa pidiendo a Ud. la publicación de esos documen- 
tos que estaban esplotando personas mal intencionadas. Contando con 
su hidalguía, pensé que no le quedaba a Ud. otro partí .do que el pu- 
blicarlas o darnos las esplicaciones con que nos ba favorecido, i en uno 
i otro caso quedaba en salvo la honra ajena i la propia. X<a contestación 
de Ud. prueba que no andaba desacertado, i conseguido mi intento, no 
tengo motivo para arrepentirme de mi conducta. 

No quiero hacer caudal ni de las apreciaciones de Ud . ni de la dureza 
con que me trata. Por mas que difieran de las mias, r< espeto en la ma- 
nifestación de las primeras la libertad del pensamiento ajjeno ; i la seve- 
ridad del lenguaje no ha sido tampoco parte para disminuir ni en un 
ápice el aprecio que hago de la persona de Ud. i la gratitud que han 
despertado en mi alma así su satisfactoria declaración como los nobles 
motivos que lo han impulsado a darla. 

Permítame, pues, que le ofrezca los servicios de su inútil amistad su 
afmo. S. i C. 



Joaquín Larraim. Oandarillas, 



~ 108 — 



NOMINA 



DELAS 



VICTIMAS DEL INCENDIO DE LA COMPAÑIA. 



Mercedes Bascunan Guerrero, i una 

sirviente 2 
Carmen Sanfuentes i una sirviente 2 
Casa de don Mariano Urmeneta, dos 

sirvientes 2 
Casa del ministro Santamaría, un sir- 
viente 1 
Casa de doña Mariana Quiroga, una 

sirviente 1 
Casa de doña Lucía Lobo, arrenda- 
tarias 1 1 
Casa de don Pedro Cádiz, las seño- 
ritas Javiera, Rita, Carolina i Ma- 
tilde, Amelia Cádiz i una sirviente 6 
Enrique Cañas 1 
Matilde Yávar 1 
Manuela G-ormaz i dos sirvientes 3 
Casa de doña Teresa Cañas, una sir- 
viente 1 
Casa de don Benjamín Benavente, 

una sirviente 1 
Carmen Román i tres sobrinas 4 
Casa de don Vicente Larrain: doña 
Enriqueta Larrain, doña K osario 
Gómez, doña Dolores, Griselda, 
Tránsito Salfate i dos sirvientes 7 
Casa de doña María Muñoz, arren- 
datarias 3 
Casa de don Patricio Castro, un sir- 
viente 1 
Casa de doña Rosario Torres i Ve- 
lasco, un sirviente 1 
Casa de doña Dolores Ramírez una 

sirviente 1 
Eduvijes Méndez 1 
Casa de don Luis Echevers, dos sir- 
vientes 2 
Casa de don Javier Zañartu, una sir- 
viente 1 
Ascensión Sánchez 1 
Luisa Argomedo i Cármen Reyes 2 
Carmen Ovalle de O valle i sus hijas 
las señoritas Amelia, Lxiisa, Virji- 



nia, Corina i Elisa Ovalle i dos sir- 
vientes 8 
Josefa Julio de Montt, Mariana Ju- 
lio, Rosario Díaz, Juan Eduardo 
Montt, i cuatro sirvientes 8 
Ana Montt i Petronila 1-ovola, niñi- 

tas i J uaná Silva 3 
Natividad Acosta i Lucinda Olivos su 

pupila 2 
Trinidad Arístegui i sirviente 2 
Casa de don Antonio Hurtado, las 
^eño^tas Juana María, Manuela i 
Dolores Hurtado i sirviente 4 
Casa de doña Mariana Soffia., sirvien- 
tes 3 
Casa de don Tomas Correa, sirvien- 
tes 2 
Dolores B arredo i sirviente 2 
Isabel Cruz i sirviente 2 
Casa de doña María Arismendi, dos 

arrendatarias 2- 
Tgnacia, Luisa, María del Carmen 

Eyzagui' re i tres sirvientes^ 6 
Casa de don Juan Miqud dos sir- 
vientes 2 
Remedios Albano de GazTiur", sus 
hijas Ad^la i Jertrudis, Candelaria 
Escanilla i Rosita Uriondo 5 
Casa de don Pablo Cienfuego un sir- 
viente 1 
Dolores Barahona de Guerra I 
Milagro Becerra i una alumna 2 
Mercedes Vasquez 1 
Mercedes Araos 1 
Josefa Barros Moran, Rosario Mo- 
ran, Rosa Barros Valdez 3 
Dolores Lecaros i tres sirvientes 4 
Rosa, Mercedes, Rosario Olea i tres 

sirvientes 6 
Juana Cañas 1 
Rosalía Fernandez i dos sirvientes 3 
Elcira Man dio a 1 
Magdalena Arenas, Lorenza Guzman 2 
Dolores de Aguirre i dos sirvientes 3 



— 109 



María López, Jesús, Manuela i Jua- |V , v 

na Torres 4 
Dominga, Rosa i Luz Santacruz 3 
Santos, Delfina, Luz, José Manuel i 

Emilio Contreras 5 
Rosa Bravo de Díaz i su hija Clarisa 2 
Rosario Carmona i Lucero 1 
Micaela Ampuero i sirviente 2 
Ignacia i A ndrea Espinosa 2 
Pilar Le iva i su hija Concepción Qui- 
jada 2 
Rosario i Teresa Santos 2 
Eujenia Villarino 1 
Amalia i Celia Indo 2 
Juan Alberto Muñoz 1 
Soffia i Elena Infante niñitas, i doña 

Anjeia Gómez, viu< a 3 
Mana, Mercedes, Dolores, Tránsito, 

Beiigno, Manuel Kamm Lois. 6 
Ta a Quezada, de la calle de San 

Pablo 1 
Pepa Saravia i dos sirvientes 3 
Mercedes Correa Albano i dos sir- 
vientes 3 
Casa de don Juan de Dios Fernan- 

d z, dos sirvientes 2 
Rosado Castro i dos sirvientes 3 
Mariano Brieba, muerto de cansancio 
en la estincion del incendio que se 
pronunció la misma noche en su 
tienda de abarrotes 1 
Tránsito Henriquez 1 
Casa del señor Salinas, una señora 

Guzrnan i dos sirvientes 3 
Marta Caldera 1 
Agustina Saez 1 
Lui^a Pérez de Escobar i María Ca- 
rrasco 2 
Ura sirviente de don José Agustin 

Tagle _ 1 
Carmen Cristi Donoso e hijo 2 
Carmen Cuadra 1 
Melchora Barriga de Echaverría, 
hermana de don José Miguel Ba- 
rriga 1 
Doña Dominga Echavarría i una sir- 
viente 2 
Tadea Araya de Avendafío 1 
Tres niñas Cumplido i una sirviente 4 
Tres hermanas i dos prima- del señor 
juez de letra? don Francisco Baca 
Adela, Tomasa i Francisca Toledo 
Carmen Achurra de Santander,, dos 

hijas i dos sijvientr-s 
Juana Guzman de Cueto i una hija 
1 Un seminarista Doublet 
Sirvientes de la casa de Mma. Pin- 
chón 

Sirvientes de la casa de doña Carmen 

Caballero 
Mercedes Venegas de Aquebec i una 

hija 



Jesús Madrid 1 

Adela Maluenda de Riveros 1 

Petronila Muñoz 1 

Contreras (cigarrero) e hija 2 

Teodora (lavandera) amiga i dos hijas 4 

María (c «sturera) 1 
Felipa (sirviente de las señoras Lur- 

quin) 1 
Hijas de don José Manuel i de dona 

Enriqueta Lecaros 2 
Trinidad Larrain de Irarrázaval e 

hja 2 
Sirvientes de doña Cataliaa Busta- 

mante 2 
Sirvientes de don Antonio Varas 2 
Sirvientes de don Ambrosio Rodrí- 
guez 2 
Rusa Valderrama 1 
Esposa, cuñada i sirviente del alcaide 

de la cárcel don Tomas Concha 3 

Santos Larrecheda i sobrina 2 

Micaela Ampuero i dos sirvientes 3 
sirvientes de doña Mercedes Correa 

de Vicuña 2 
Rosa Portus de Tapia, dos hijas i sir- 
viente 4 
Dolores Araya de Aguirre i dos sir- 
vientes 3 
Margarita i Dolores Villarreal 2 
Ad lina Vega 1 
Sirvientes de doña Rita Bravo 2 
Sirvientes de doña Javiera Marin 3 
Carmen Prieto de Briones e hija 2 
Manuela Seco de Pardo, hija i cu- 
ñada 3 
Tadea Errázuris 1 
Julia Espinosa 1 
Hijas de don Manuel O valle 3 
Sabina Fernandez i Frías 1 
De una lavandería de la calle de San- 
to-Domingo 10 
María Luisa Rondanelli i Arteaga 1 
Ana S anches i Monte 1 
Sirvientes de doña Jesús O valle 2 
Sirvientes de doña Enriqueta Fal- 

con de Ortuzar 3 

Marcelina Albano, viuda de Pinto 1 

Juana Salomó i niño 2 
Rosa i Maria Despott, hermanas del 

canónigo 2 
Francisca i Dominga Falcon 2 
Dos hijas i una sirviente de don Joa- 
quín Gandardlas Aranguiz 3 
Jesús Cañas de Covarrubias l 
Lutgarda Cañas 1 
Mercedes Ibieta de Gonzales 1 
Niñitas Luco Huici 2 
Hijitas de doña Carmen Elízalde, 

viuda de Sánchez 2 

Sirvientes de don Juan E. Allendes 3 

IHijo i dos hijas de don José M. 

ügalde 3 



t 



— 110 — 



Ramona Solar ^(se sacó el cadáver sin 
cabeza i se reconoció por la marca 
de su pañuelo) 

Sirviente del señor Freiré 

Señora Tocornal i Briseño calle de 
la Merced) 

Cármien Pérez de Navarrete i dos sir- 
vientes 

Trini dad Figueroa de Figueroa 

Sirvientes de la señora Guzman (ca- 
lle de la Catedral) 

Sirvientes de las señoras Urriola (ca- 
lle de San- Antonio) 

Sirvientes de las señoras Valdés (ca- 
lle de la Me rced) # 

Sirviente deumo de los señores Egui- 
guren 

^Benito Uriguru 

Madame Laíarg ue, hija i nieta 

Suegra i dos hijas de don Juan Bau- 
tista Infante 

Mercedes Hurtado (hermana del se- 
ñor don Nicol as) 

Antonia Ovalle ü Bezanilla i dos sir- 
vientes 

Sirviente de dona Ignacia Cavareda 
Sirviente de doña Concepción Eyza- 
guirre 

Dolores Zamudio i hermana 
Sirvientes de doña Glosario Valdes 
Isabel Cruz Antunez i dos sobrinas 
Juana María Campos i dos sirvientes 
Irene i Delfina Verdugo 
Magdalena Martínez e hija 
Cruz Lobos 
Jesús Frutos 

Sirviente de doña Mercedes Villegas 
Juana Valenzuela de C lamino 
Salomé Camino 
Rosa i Carmen Molina 
Teresa Olea 

Tránsito Mardones (de San-Fernan- 
do) 

Ignacia Semir 
Filomena Nuñez 
Margarita Garrido 
Sirviente de doña Carmen Frías 
Carmen Gormas 
Juana Rosa López (:oinita) 
José Miguel Ibañez (niñito) 
Antonia Gonzales de Puente (de Val- 
paraíso) 

Manuel Ramos i Campo i madre 
Rosa de la Fuente de García 
Eulalia (lavandera del jeneral Neco- 
chea) , 

Dos niñas Plaza i una tia, calle de 

la Merced 
Celedonio Gallinato 
Senobia Bustamante i sirviente 
Secundina i Florencia Balacé de Vaz- 

ques, hermana e hijo 



Hermana, cuñada i sirviente de don 

Daniel Tobar 3 
La señora del Teniente Henriquez 1 
Manuela Fresno 1 
En el hospital de hombres hai muje- 
res muertas 16 
Esperanza Calderón 1 
Josefa Villegas e hijo 2 
Rosario Cañas 1 
Mercedes Torrealba 1 
Sirvientes del coronel Sessé 2 
Dolores Gutiérrez 1 
Dolores Ahumada i Santos Ulloa (sir- 
vientes de don José Ignacio La- 
rrain i Landa) 2 
Micaela, María Mercedes Gómez i 

sirviente 3 
Dolores Baraona de Ortiz (de 35 
años), Mónica Garcés (de 16 a- 
ños), Francisca Guerrero (de 13 
años), Estefanía Idalgo (de 14 a- 
ños), Francisca Garcés (de 20 a- 
ños) i Luisa Bretón (de 30 años) 6 
Muertos en la policía tres mujeres i 

un hombre 
José Cornejo, hija, sobrina i hermana 
Anjel Hernández 
Julia Ureta i Gutiérrez 
Eloísa Tagle 

Hijitas de don Bernardo Toledo 
Ocho personas de la familia de N, 

Escobar (cigarrero) 
Hija de don Patricio Díaz 
Señoritas Teran 
Carmen Urzúa 

Avelina i Margarita Navarrete; Fran- 
cisca, Cármen i Juana Salvatie- 
rra, niñita i sirviente (calle de Na- 
taniel) 

Jesús Santelices 

María Pizarro i su hija Adelina Cer- 
vantes 

Señoritas Falcon (calle Angosta) 

Cármen Rios, Teresa i Jesús Rojas 

Juana Barra, i sus hijas Tránsito i 
Dolores Lizardi 

Hijas de don José Novoa 

Cármen Roa 

Olegaria Mujica 

Cármen Verdugo i sirviente 

Juan Bautista Gonzales 

Mercedes Diaz 

Amalia Gómez Gandaríllas 

Maria Sandoval 

Jertrudis Fuentes 

Magdalena Varas 

Manuel Bravo i señora (Cañada arri- 
ba) 2 

Catalina Pimentel i sirviente 2 

Josefa Mutis i dos sirvientes 3 

Cármen Olivos 1 

Mujer e bija del cochero de don F. 



111 — 



Ignacio Ossa 2 
Sivientes de doña Margarita Egaña 

de Tocornal 7 
Mercedes Santamaría 1 
María §ilva 1 
Beatriz Diaz 1 
Matea Llanos 1 
Rosario Ramírez 1 
Delfina Ramírez 1 
Micaela Marin 1 
Mercedes Latorre 1 
Rosa Erazo i tres hijas 4 
Rosario Salazar 1 
Concordia Salazar 1 
Benita Almaza 1 
Luz Baeza 1 
Rosa Irarrazával 1 
Rosario Tagle 1 
Rosario Arangua 1 
Rosa i Dolores Bravo i dos sirvien- 
tes 4 
ídaría Engracia Urivi 1 
Matea i Mercedes Reyes 2 
Carmen Salinas de Martínez 1 
Francisca Moreno i su hijo Juan de 

la Cruz Aguire de 10 años 2 
Francisca Graset 1 
Carmen Rios de Muñoz e hija 2 
Trinidad i Rosario Rivas 2 
Elisa i Filomena Espinoza 2 
Trinidad Barrientos, alumna del con- 
servatorio de música 1 
Encarnación i Adela Diaz 2 
Rosario Alfaro 1 
Filomena Nuñez 1 
Martina Alcaino de Prado i su hija 

Damiana 2 
Antonia León de León i su sobrina 

i Irene Rodríguez 2 
María de la Paz Válenzuela de Mu- 

jica 1 
Jesús Válenzuela de Aris i su hija de 

ocho años 2 

Juana Lorca 1 

Catalina Gonzales de Sánchez 1 

Sirviente de la señora Fani 1 

Manuela Tapia (de Polpaico) 1 

Juana Plaza (de Chacabuco) 1 
Isabel Contreras de Arancibia, viuda 
del capitán de ejército don Ramón 

Arancibia 1 

Leonor Torrejon 1 

Carmen Reyes 1 
Tránsito Rojas, e hija i su cuñada 

Inocencia Pinto '3 

Mercedes Hidalgo 1 

Rosario Arellano 1 

Lucas Gonzales (zapatero) 1 

Lastenia Lizarde 1 

Gregoria Corona 1 

¿Mercedes Román 1 

Martina Guzman 1 



Juana Serrano (sirviente) i 
Dolores i Jesús Castellano 2 
Pascuala Reyes 1 
Mercedes Banda i su sobrina Clorin- 

da Claveau l 
María Castro 1 
Felipa i Agustina, sirvientes del Dr. 

don Miguel J. Semir 2 
Concepción Cárdenas i su hija Be- 
nigna 2 
María de los S. Urive 1 
Sinforosa i Rosalía Éalma, Marga- 
rita Gonzales i Eustaquio Jaque, 
de 7 años, sirviente de doña Jose- 
fa Cruzat § 
Mariana i Juana Gonzales i dos sir- 
vientes 4 
María del Carmen Silva 
Martina Valdez, antigua sirviente de 
la señora doña Dolores Larrain de 
Echaurren 
Rosa Sanfuentes i Andonaegui de 8 

años 
Isabel Puelma 

Rosenda Silva, viuda de don Ru- 
mualdo A. Gonzales i su hija Mer- 
cedes Inés 

Leandro Atalíbar Ramírez 

Juan Torres 

Lorenza Olivares de Zamorano i su 
nieta Magdalena Zamorano 

Juana Rosa Silva, hermana de don 
Bernadino Silva 

Juana Escobar de Calmett (viuda) 

Carmen Gonzales (costurera) i su 
hermana Margarita Gonzales (la- 
vandera) 2 

Dolores Avendaño, prima del señor 
chantre don Pascual Solis de Ovan- 
do, Clorinda Gonzales i una sir- 
viente 3 

Cármen Guzmas, Benigna Lujan i 
Estefanía Berrios, sirviente de la 
señora doña Dolores Meneses 3 

Margarita Quintana, sirvienta de don 
Juan Bautista Infante 1 

Bartola Garrido, D< lores i Justa, 
sirvientes de doña Rosario Gutie- 
rres 3 

Rosa Bravo de Diaz de la Vega, Cla- 
risa Diaz de la. Vega, dos sirvien- 
tes Catalina Pino i Julia Diaz 4 

Elisa Concha de Arístegui, María 
Mercedes i Damiana Arístegui 
i su prima hermana Maria Isabel 
Barrera 4 

Cármen Cuevas, sirviente del señor 
don Gregorio Ossa i Cerda 1 

Dos hijitas de don Joaquín Munita i 
una sirviente 3 

Tomasa Flore 1 

VeDtura Matheu (de 12 años) 1 



— 112 — 



Margarita Olea, sirviente de doña 

Juana María Me.- a 
Ignaeia S- sa 

Florin ¡a i Margarita Díaz, su madre 

i su madrina 
Ursula i Gabriela Escobar 
José Toma-? Roja* (niño de 12 años) 
Mariana Silva de Olivo 
Pabh Rojas de Muñ z 
María fiel Carmen Muñoz (soltera) 
Ninfa Garóes de Olea 
Cármen Quezada i Olea (soltera) 
Lorenza Pereira de Guzman 
Juana Rosa Guzman (saltera) 
Magdalena Arena 
Sirviente de d<ña Rejina Guzman 
Agustina, Filomena (de diez años) i 

Cármen Lobo (de s> is años • 
Micaela Rojas i su hija Cármen Las- 

Heras 

María i Catalina Vasauez (lavandera) 
M ría Candelaria Hierra 
Isabel Arruez de Herrera 
Jgnacia Bravo 
Tránsito Mandujano 
Juana Mandujano 
María Herrera 
Dolores Hurtado 

Mica-la Sandoval de Roldan (de 
Vrlparaiso) 

Agustina Si ¡va (suegra de don Ma- 
nuel Bravo) 

Rafaela Garrido i Briseño (de 12 
años) 

Mercedes Aldunate, sus h jas Clotil- 
de, Luisa i una tirviente 
Isabel Hernández 
Señora Ayala i cuatro pupilas 
Perpetua Luco i Bezaniila 
María Josefa Barra de Hidalgo 
Agustina Alvarez de Toledo 
Mercedes Diaz i Mercedes Solis (sir- 
vientes) 

Clara Escobar (viuda de Lozano) 

Clotilde Dañes &ter, alumna del cole- 
jio de la Sra. Cabezón de Tillarino 

Juana Morales de "Wrgara 

Cármen Lobo i Salgado 

Trinidad Arellano 

Enriqueta i Juan de D. Olivo 

Lucas Gonzales (zapatero) 

Sirvientes de don Manuel Echeverría 

María C or dero de Silva i su hij a Trán- 
sito Si va 

Francisca Peña de Machado i su hija, 
su hermana Juana i sobrinas Rita 
i Micaela Silva 

Anjela Mujica, su hermana i dos sir- 
vientes 

Eustaquia Quiroga, sirviente; de do- 
ña Josefa Cáceres 



Pabla Ramírez, sirviente de las seño- 
ras Aguirre 
Isabel A r mijo 
Mercedes Bello 
Aseen^ n Reyes 

Clarisa Lei on de RobLs (del Olivar) 

María Soto de Luna 

Mercedes ( astro 

Cármen Po icarpo 

1 árnun Rojas 

Roí a Parga 

Clarisa Silva 

Ju na í'eña 

Francisca Peña 

Adelina Macbao 

Mércele- Bnto (lavandera) 

Mi-aela i Rita Peña 

Antonia i Petronila Salvo 

D* mitila i Mercedes Sánchez 

Catalina Cuevas 

Rosa Pardo 

Manuela Clavero 

Lorenza Bustos 

Juana Salinas 

Francisca Fuentes 

Isabel Munita 

Mercedes Godoi de Arena (arjentina 

i sirviente) 
María Carrasco de Iñiguez 
\jercedes i Margarita López 
Sirvientes de los señores Bezaniila 
Sirvientes de don Luis Santa -María 
Sirvientes de don Manuel Rojas Do- 
noso 

Sirvientes de don Manuel José Gar- 
da i Concha 
Manuela Vergara 
Isabel Gallardo 

Lavandera de doña María Zorraqifa 
Arrendataria de doña Dolores YaStz 
Juan Enrique Pérez (cinco años}) 
Sirviente de don Ricardo Montanta* 
Catalina i María Vasquez 
Salomé Ramos 
Micaela Rojas e hija 
Trinidad Marcoleta, casa de don J. 

A Fresno 
Sirviente de don Pedro Salinas 
Primitiva Morales, de 12 años 
Cayetana Castillo 

Del edificio del Congreso nacional; 
l armen Reyes, Leonor Torrejon, 
Braulía Duran, Inocencia Pinto^ 
Rosario Orellara, Mereedes W _ 
dalgo i Tránsito Rios 

Jesús Madrid 

Pabla i Elias F 

Marearía ' -S alde ' 

- de la Cruz Bustamante 

a cedes i María de la Luz Mutüla 

Tránsito Jaña i sirviente 

Andrea Jaña i dos hijas 

Natalia Freiré i sirviente 



— 113 — 



Lorenza Uribe, su hija Edelmira Pé- 
rez i una sirviente 

María Candelaria Arostei e hija 

Jesús Martínez 

Pascua la ^M. Silva 

María Mercedes Grez 

Margarita Gajardo 

María Salvatierra e hija 

Clorinda Vaíenzuela 

Sirvientes de don Joaquín Olava- 
rrieta 

Carmen Diaz 

Sirviente de don Eulojio Echaiz 
Casa de las señoras Briceño, una se- 
ñora i un niñito 
Antonia Cuadra 

Matilde Herrera Manterola (catorce 

años de edad) 
Juana Salazar 
Matilde Salazar 
Micaela Gómez 
Carmen Herrera 
Antonia Jorquera 
Fabiana Abarca 
Delfina Beltran 
Carolina Fresno 
Antonia León 

Rosa Pardo i Pereira (de Rengo) 
Mari» Mercedes Gómez i una sir- 
viente 
Isabel Salas 

Petronila Benavente de Machuca 
Luis Medina 
Victoria Alfaro 

Mariana Silva de Oliva i sus hijos 
Enriqueta i Juan de Dios 2. ° 

Carmen Montolla, calle de San-Diego 
i una sirviente 

Daniel Navarrete de 10 a 11 años, de 
la calle de Teatinos 

Carmen Renjifo, arrendataria de don 
Rufino Gonzales 

Santiago Diaz, oficial deja indepen- 
dencia 

Mercedes Gonzales 

Teresa Cádiz 

Santos Ugalde 

Cárm~n Picardo 

Ascensión Espee de Henriquez (de 
Petorca) 

Mercedes Espee (de id.) 

Antonia Bebar 

Luisa Quiñones 

Rosario Lhvin de Rosende 

Mercedes Achurra i Valero i dos sir- 
vientes de don José Antonio Guili- 
zasti 

Sirvientes de don José Santiago Ta- 
gle 

Margarita i Mercedes López Mon- 
tero, sobrinas del finado coronel 
don Agustín López 



Cármen Rodríguez, sirviente de doña 
3 Margarita Vial 
2 Bernarda Mateluna (de 70 años) 
] Beatriz Torres (de 14 años) 
1 Melchora Soto 

1 Juana Martínez, sirviente de don 

1 Benjamín Larrain 

2 Manu la Cía eros 

1 Gregoria Cabellos 

Luisa R^mir^z, su hija i tres nietas 

2 Prudencio Rojas 

1 Carmen Santa-Ana 

1 Margarita Cantos 
Rusenio Carmona 

2 Sirvientes de don José Miguel Barriga 
1 La suegra del carpintero Marcos Ra- 
mírez 

1 Cuatro sirviectes de doña Carmen Ur- 
1 meneta i la hija mayor del sirviente 
1 La matrona Cavieres 
1 La mujer i dos cuñadas de un mayor- 
1 domo de don Juan Domingo Dá- 
1 vila 

1 Sarviente de doña Rosa Falcon de 

1 Garrido 

] Doña Emilia Agnirre 

1 La madre i dos hermanas de don 

1 Teudomiro i apia 
Sirvientes de doña Carmen Alessan- 

2 dri 

1 Arturo i Matilde Rodríguez 

1 María Rosario Lec^ros de Barrera @ 

1 hija R(^a i dos sirvientes 

1 Isidora Miranda 

Mercedes Bt iones, Carolina Ekart i 

3 Encarnación Makart 
Luisa Bellnurrutia 
Antonia Fuente» 
Rosario Grei 
Antonia Velard® 
Carmen Galla rd© i una hija 
Antonia Castro 
Rosalía Peña i sirviente 

1 Bartola Reyes, calle de Galvez 

1 Micaela Rojas e hija, calle de San- 

1 Isidro 

1 Dos hijas de don Fernando Carmona 
l Trinidad e Irene Pérez Carmona 

Flora Ortiz i amiga 
1 Isabel Guzman, preceptora de la es- 
1 cuela fiscal núm. 1 i una alumna 
1 Francisca Sotomayor, calle de Gal- 
1 vez 

1 Carmen Vasquez de Diaz 

Carmen Quezada i Francisca Romo 
Cármen Chavarría i su hija Sózíma 
Francisca Fernandez i Peta Bena- 
vente 

Casa de doña Isabel Torres, dossir* 
vientes, calle de la Chimba 

I Catalina Jiménez, matrona 
Concepción de Orrego ehija 
15 



— 114 — 



Dos sirvientes i dos hijas de éstas de 

la casa de doña Rosario Torres de 

Valdivieso 
Dos sirvientes de don Pedro Rojas 
Una niñita i una sirviente del señor 
Mandiola, de la calle de los Huérfanos 
Lorenza Olivares i nieta, calle de los 

Baratillos 
Petronila Carmona, calle de los 

Huérfanos 
Isabel Villalon 

Rosario Barrios de Salomó, calle An- 
gosta 

Carmen Picarte i Francisca Valen- 
zuela 

Clotilde Arredondo de Elisalde 
Dos arrendatarias de doña Candela- 
ria Novoa, calle nueva de San- 
Diego 

La mujer, una hija i sobrina del Sa- 
cristán del Buen-Pastor 

La casa de doña Petronila Menare de 
la calle de Valdivia núm. 14 ha 
quedado inhabitada 

Mercedes Solis i Mercedes Diaz, sir- 
vientes 

Mercedes Méndez, calle de Lillo 

Mercedes i ¡Margarita López, calle 
de San-Pablo 

Rita Cruz, María M. i Dolores Urtu- 
via, Trinidad i Rosario Rivas, Fe- 
lipa Moya, Magdalena Martinez, i 
su hija Matilde, i una criada 

Una sirviente de doña Agustina La- 
rrain 

Trinidad Silva de Navarro de 56 
años i su sobrino Santiago Larrain 
de 10 años 

Carmen Henriquez, Carmen Gran- 
don, i Leonor Zenteno, calle del 
Estado 

Rosario Saravía, amiga i sirviente 

Madre de don Rosalindo Molina 

Margarita i Mercedes Leiva i Carmen 
Soria 

Irene Rodríguez 

Carolina i Delfina García M. 

Casa de doña Rafaela Errázuris : Po- 
lonia Armijo, Dominga Menare, 
Dominga Rojas, Juana Pinto, Jua- 
na Olivares, Feliciana Huerta, Cár- 
men Nova, Carlota Arancibia i 
Carmen Rocha 

Casa de don Manuel Antonio Ar&n- 
guiz, Antonia Monasterio, Pedro 
Aranguiz, dos sirvientes i Rosa Va- 
lenzuela (de Rancagua) 

Dolores Arancibia, Carmen Aguiar 
con tres pupilas i una sirviente 

Carmen i Juana Martinez 

Una sirviente, Josefa Rojas, de casa 



del señor Maffei 1 
Casa de don Leandro Novoa: María 
Salinas i su hija Rafaela i doña 
María Madrid, hija de doña Dolo- 
res Domínguez de la calle de la 
Maestranza 3 
Viviana de Mercedes Otaso 1 
Carmen Rivero, de la calle vieja de 

San Diego 1 
Rosario Pino de Muños 1 
Mercedes Alegría \ 
Juana Sensano e hija i Gumecinda 

Maldonado 3 
Delí Ugarte, (Yungai) 1 
Hosa Pardo 1 
Martina Randa 1 
Dolores, Adelaida i Antonia Valdi- 
via 3 
Magdalena Arancibia 1 
Lavandera de la casa de don Rafael 

Garfias 1 
Jesús Aldunate i sirvienta 2 
María Salomé Acuña 1 
Clarisa Silva 1 
Micaela Pezo 1 
Agustina Calderón i María Cerón 3 
Ascensión Calderón 1 
Francisca Mandujano, su hija Mer- 
cedes Herrera i su nieto Nicanor 
Larrain $ 
Rosario Aldunate i sus hijas Jacoba 

i Fernanda Cañas 3 
Francisca Salinas, Mariana Salinas, 

sobrina e hija de «sta última 4 
Leonor i Nieves López i Margarita 

Bustamante 3 
Micaela Muñoz Contreras i dos sir- 
vientes 3 
Agustina Silva 1 
Rafaela Novoa i Matea Aguila 2 
Antonia Castro, Perpétua Luco 2 
Bríjida Gómez 1 
Dos sobrinas i madre de don Manuel 

Jafía 1 
Hija de J uan de Dios Espina, Mer- 
cedes Campos 2 
Mercedes L atorre 1 
Juana Moneado i Margarita Alva- 

rado " 2 

Francisca Garviso i sirviente 2 
Amalia Pulgar, Antonia Beltran 2 
María Sepúlveda, Feliciana Neiva 2 
María Herrera, Juana i Tránsito 

Mandujano (de Renca) 3 
Bartola Cornejo i su hija Margarita 

López 2 
Mercedes Brito, María Ignacia Fer- 
nandez 2 
Carmen Herrera, Antonia Aguilera 2 
Sirviente de la casa de don José 

Flores 1 
Marta Jil, Isabel Garzo, tia de don 



— 115 — 



Manuel Antonio Rodríguez 
Dolores Vargas de Hurtado, de Tiltil 
Lucía i Concepción, sirvientes de don 

Manuel García i su suegra 
Llavera del Dr. Armstrong 
Dos niñitas Carmona i dos sir- 
vientes 

Sirviente de don Tomas Reyes 
Carmen Baeza 

Francisca Morales, i Juana Muñoz 

(del campo) 
Sirvientes de la casa de don Rafael 

Larrain Moxó 
Sirviente de la casa de la señora Ur- 

queta (calle de Huérfanos) 
Cruz Elgueda (de los Linderos) 
Carmen Mardones i doña Valentina 

Ravanales 
Francisca i Melchor Ibarra i Carmen 

Boy 

Josefa Bríseño de Oliva i sirviente 
(viuda) Narcisa Viveros 

Mercedes Orellana, de Talca 

De la familia de don Pedro Araos 

Jesús Recabarren 

Enriqueta Maffatt, inglesa 

Otras dos sirvientes de casa de doña 
Ana Iñiguez 

Uno id. de don Ensebio Squella 

Francisca Saravia de Torres calle de 
las Agustinas, i una sirviente 

Rosa Sandofía 

Mercedes Ibañez 

Rosa de Gonzales de Avellano 

Concepción Lucero de Orrego i su 
hija Natalia 

Los siguientes nombres corresponden 
a las once personas de la casa de 
doña Lucia Lobo, publicadas en el 
Ferrocarril del )0 del presente: 
Agustina Aranguez, Bartola Aran- 
guez, Luisa Osorio, Mercedes Ro- 
mo, Rosa Gonzales, Juana Berrios 
de Calderón, Carmen Calderón , 
Elvira Calderón i Juana Hernán- 
dez 

Pilar Ramírez de Jiménez i su hija 
Ana María Jiménez 

Concepción Salinas, hermana del san- 
grador Eusebio Salinas i Lucia 
Barrera, de la misma casa 

Clara Gómez i su hermana Dolores 
Gómez 

Niñita Hurtado 

Mercedes Sánchez 

María del Carmen Jofré (de Peña- 
flor) 

Santos Ugalde (lavandera) 

Aurora Hernández 

Juana Caldera, sirviente de ios seño- 
res Bezanilla que figuró en con- 
junto en las listas de ayer 



Ceferina Cantillan (lavandera i cos- 
turera) 

Nicéfora de las Casas, hija de doña 
Francisca Arcos i tres hijas de una 
arrendataria 

Dulceras de Antonia Tapia 

Pilar Rojas (lavandera) 

Tres niñas Plaza de la calle del 
Colejio 

Micaela Torres (de cuatro años) 
Clodomiro Zúñiga (de seis años i 
medio) 

Josefa Garra de Hidalgo (de la Li- 
gua) 

Isabel Mancilla (de Talca murió des- 
pués del incendio) 
Manuela Garrido 

Candelaria Oróstica i su hija Jesús 

Martínez 
María Herrera i dos hijas 
María Espinosa 
Antonia Vivar 
Joaquina Salas 
María del Carmen Cerda 
Manuel Mejias i tres hijas 
Margarita Fernandez 
Ignacia Reyes (sirviente) 
Jesús Recabarren 
Manuela Gonzales 
Carmen Arguello 
Ana Chaparro 

Mercedes Roble, viuda de don Fran- 
cisco Aro, 

Dolores Cereceda i una sirviente casa 
número 66 calle de las Rosas, se 
ha lacrado por orden de la autori- 
dad 

Virjinia Vergara (del llano de Su- 

bercaseaux) 
Dominga Corro 
Dominga Cor tez de Alvar ado 
María del Rosario Gavilán 
Ignacia Reyes (como de 60 años,) 5 

madre del sirviente de don Ramón 

Briseño 
Martina Sepiílveda 
Carmen N., sirviente de don Rafael 

Carrasco 

Bernarda Alvarez i Carmen Carreño 

Cármen Moya de Valenzuela i su 
hermana María 

Cármen Montoya, Paula Fernandez 
i Natalia Calderón 

Dolores Avendaño (32 años) Clorin- 
da González de 18 i una sirviente 
(calle de la Maestranza casas de 
don José Vijil 

Antonia Gutierres, viuda de don Jo- 
sé Ponce, Juana Ramírez i Mar- 
garita Madrid (catorce años) 

Mercedes Villarruel i María Guz- 
man 



— 116 — 



Casa de don Fernando Errázuris, 
tres sirvientes, la mujer i dos hijo» 
de Pedro José Calderón 5 

Rosa Mate'una (hija del farmacéuti- 
co Mateluna) 1 

Manuel Segundo Washington, sar- 
jento mayor peruano 1 

Clotilde Olivares i Prieto i una sir- 
viente 2 

Santos Parraguez i sus nietos Mer- 
cedes i Enriqueta Montano 3 

Catalina Hidalgo i su hija 2 

Luisa Cabeza hija de don Antonio 
Cabeza 1 

María Herrera i Juana Gaete, sir- 
vientes de doña Mercedes Rodrí- 
guez 2 

Juan Enrique Pérez (de cinco años) 
hiio de Mercedes Fontecilla 1 

Clorinda Canales de 15 años, salió 
tan quemada que morirá infalible- 
mente 1 

María i Rosario Martínez (costu- 
reras) 2 

Rosario García (abuela de las ante- 
riores) 1 

Carmen Carreño, lavandera 1 

Bernarda Derso, costurera 1 

Hija de don Juan José Ruiz 1 

Juana Varga i Tránsito Pozo, arren- 
datarias de las piezas de don Mi- 
guel de la Barra 2 

María Mercedes Gonzales i María 
Guzman, casa de don Francisco 
Navarrete 2 

Clotilde Olivares i Prieto 1 

Josefa Henriquez i sobrina 'Merce- 
des Escobar (de 10 años) 3 

Luisa Vergara, suegra de los señores 
don Blas Araya i don Agustín 
Mourgues 1 

Anjela Gonzales i Cecilia López, sir- 
vientes de doña María A. Moran 2 

Dolores Acosta, de Valparaíso, i sus 
sirvientes Alicia Puebla i Carlota 
Aracena 3 

Cruz Elgueda 1 

Pascuala Vargas de Reyes 1 

María Atenas, llavera de dona Paula 
Barros de Ovalle 1 

Jertrudia Méndez 1 

Micaela Ramos de la calle de las 
Rosas 1 

María Eujenia Martínez i Gonzales, 
de Curicó 1 

Margarita Jara Morales i Carolina 
Gaete Morales, solteras 2 

Tránsito Mesa, sus hijas Roseada i 
Natalia Ruiz, i dos sirvientes 5 

Bernarda Calderón, lavandera de don 
Matías Ovalle 1 

Jacinta Gamboa de nueve años 1 



Carmen Rocha i Timotea Figueroa 
perecieron con la señora doña Ta- 

dea Errázuris 3 
Peta i Juana Garviso, sirvientes de 

doña Antonia Silva 2 
Mercedes Rodríguez, llavera de doña 
Rosalía Luco de Orrego, i hermana 

de la cofradía del Carmen 1 
Mercedes Campo, soltera de cuarenta 

i cuatro años, de Coltauco 1 

Felipa Soto, sirviente 1 

Rosa Guzman 1 

Perfecta Avila, de Rancagua 1 

Pascuala Solis, de ( uricó 1 

Sirviente de doña Rosario Rencoret 1 

Prudencia Disz 1 

Mercedes Lillo i Dolores Abasólo 1 

Petronila Morales de Menare 1 
Cruz Diaz, de Talca, cocinera en casa 

de los señores Pérez Mascayano 1 

Manuel Moya, de Chillan, 1 
Víctor Contreras i Villegas de siete 

tños, de Chillan ~ 1 

Andrea Castillo hermana del relijioso 

agustino frai Diego Castillo I 

Mercedes Cárdenas 1 
Luisa Pareja i su madre Rosario 

Torres 2 

Catalina Hidalgo 1 

María Gallardo 1 

Ursula Farias 1 

Clara i Dolores Gómez 2 

Antonio Gonzales sirviente de don 

Manuel Cruz 1 
María de la Cruz Diaz, sirviente de 

don Eujenio Figueroa 1 

Basilia Zárate, calle de Sto. Domingo 1 

Anjela Castro de Avila i su hija 2 

Pilar Ramires i su hija 2 
Dolores Avalos (cade nueva de San 

Liego) 1 

Juana Ayala 1 

Esposa de don Isidoro Baltras 1 

Hija de doña Mercedes Villagra, viuda 1 

Virjinia Vergara, de 15 años 1 

Trinidad Arellano 1 
Margarita Araya i Leonarda Peña 

sirvientes de don José M. Bravo 1 
Justa Ovalle de Pizarro 1 
Paola Pasten 1 
María Rosa Oses, de Talca 1. 
Esposa de Pedro Norambuena, de id. 1 
María Alvarez 1 
Agustina i Ascensión Calderón, Ma- 
ría Cabeza 3 
Cármen Rios i su hija María Mer= 

cedes Muñoz 2 

Juana Moneada, (viuda) i una hija 2 

Manuela Diaz, viuda 1 

Dolores Aranda i criada 2 

Andrea Jara i dos hijas 3 



— 117 — 



Casa de doña Carmen Jaría, sobrina 



i sirviente 2 
Juana Plaza i amiga 2 
Isidora Kodriguez de Díaz, sus hijes 
Margarita i Florinda Diaz i amiga 

María Marchan 4 
Carmen Casas- Cordero 1 
Carmen Callejas, sirviente de don 

Rafael Carrasco 1 
María Mercedes i María Trinidad 
Herrera, hermanas de don Pedro 
José Herrera 2 
Carmen Montoya i sirviente 2 
Antonia Vaívicüa, su hija Dolores i 

su nieta 3 
Carmen Videla 1 
Mercedes Gómez 1 
Carmen Inostrosa (de la vina) 1 
Arrendataria de casa de Juana Muñoz 1 
Casa de don Cirilo ' ádiz señorita Do- 
minga Ruiz, Mdnica de la Cruz, i 
Paula Rojas, sirviente § 
Casa de don Tuan 2. ° Miquel, Fran- 
cisca Romo i Carolina Rosas 2 



Perfecta Avila de Ramírez, de Cau- 

quent s 1 
Luisa Venegas de Agnilar 1 
Rita Morales i su abuela Lucía 2 
Francisca Aliaga, costurera, soltera 1 
IManue a Espíndola 1 
Jerónima Madrid i su tia Santos Ma- 
drid 2 
María Ortiz, soltera ) 
Dolores Venegas i Castro, viuda 1 
Santos Ovalie, aparadora, i su hija- 
Mercedes Santivañes 2 
Mercedes Quintarsiila 1 
Francisca Lillo, de casa de las seño- 
ritas Beauchef 1 
Jesús Manzo, lavandera de las mis- 
mas señoritas 1 
María Colland, lavandera de las seño- 
ras Gorrites 1 
Jesús Aldunate, viuda 1 
Mercedes Astorga, hija de don José 

Manuel Astorga i una sirviente 2 
María Escobar de Peña 1 
Inocencia Luna 1 
Domit la i Cármen, sirvientes de doña 

Antonia Estobaza . 2 
Francisca Salvatierra con una niñita 
llamada Rosaura Ibarra, de cuatro 
meses ....... 2 

Manuela Badilía i su hija Micaela 

Santivanez 2 
Cayetana ,Ponce de León, soltera 1 
Francisca Silva i Martina López, ni- 
ñas de doña, Mónica Ganosa 2 
Manuel Duran de 15 años 1 
Rosa Moreno,, calle nueva de la 
Merced 1 



i Sirvientes de don Amador de la Cerda 3 
Lorenza Guzman, Rafaela Saso i Fe- 
liciana Valdenegro, sirvientes de 
doña Rita Bravo 3 
Abelardo Montealba (de Chillan) 1 
Eduvijes García, del barrio del Are- 
nal, de doce años 1 
Cármen Pinto i su hijo Evaristo Mo- 
lina 2 
Victoria Gonzales i su hija Narcisa 

Huerta % 
Margarirn Valdivia de ocho años 1 
María Silva de Oliva i su hija Enri- 
queta <;e quince años i hermano 
Juan de Di<>s 3 
María Cordero i su hija Tránsito 

ilva 2 
Cármen Mardones i Valentina Ra- 

vanal 2 
Mónica de la Cruz Victoriano i una 

niñita, Mercedes Banda i su hija 4 
Cá raen Diaz. lavandera de la señora 

Barriga de Echeverría 1 
Francisca Castro, viuda, i su hija 

Victoria Roj s 2 
María de los Dolores, María de la Re- 
presentación i Matilde Banda S 
Ignacia Aguila 1 
Juana Valenzuela 1 
Jesús Di^z 1 
Agustina Lobos i d<~>s hermanas 3 
Isidora Salgredo de M», an 1 
Dos sobrinas de doña Pilar Guzman 

de üportus i una alojada 3 
Carolina Castro 1 
María Valverde 1 
Petronila Loyola 1 
Mercedes Herrera 1 
Ni anor Larrain 1 
Luz Gonzales 1 
Dolores Abalos 1 
N. Cabeza 1 
Juana Escobar 1 
Dos hijas i nieta de don Tiburcio 

Plaza 9 
Dolores Férman de Herrera 1 
Narcisa Reyes de 15 años i una sir- 
viente de don José Prado 2 
Cármen Mardones hija de don Remi- 

jio Mardones 1 
Ursula Sass» de López, viuda, i su 
hija Margarita, vecinos de Lampa . 
i venidos esprofeso a \ \ ^unción 2 
Natalia Calderón de 13 anos, hija de 

don Narciso Calderón l 
Cármen Gonzales i Rosario Serrano, 
sirvientes de doña Juana Lois de 
Rojas v . .... , 2 

Margarita Cortez, Antonia Montene- , w 

gro e hija 3 
Mercede Zueso de Calderón 1 
Lucía Quiñones i su nieta Rita Ortú« 



— 118 — 



zar de 14 años 2 
Casa de doña Carmen Urízar de Las- 
tra, su hija Sofía Lastra L T rízar i 
una sirviente María Puga 2 
Cármen García, Rosarlo Ovalle, mu- 
jer de un cabo de policía 2 
Joaquina Salas, María del Carmen 

Cerda 2 
Andrea Carreño, iíauricia Muñoz 2 
Bartola Figueroa (de Lampa) 1 
Catalina Astorga de 16 años, i María 

Olea 2 
María Beíz?. (del Carmen bajo) 1 
Sirviente de la casa de doña Carmen 

A rangua de Castro 1 
Juliana Torres i su hija Micaela Va- 

lenzuela 2 
Madre i dos hijas Arandas (de la calle 

del Carrion) 3 
Cruz Puebla de 14 años; Cármen 

Gonzales (zapatera) 2 
María Josefa Ramírez, Mónica i Jua- 
na Riveros 3 
Ventura Rubio, Santos Irarrázaval, 
Margarita Ayala de la casa de don 
Tránsito Coscha 3 
Rosario i Mercedes Martínez 2 
Feliciana Galvez i María Duran su 

hija # 2 

Agustina Olguin i su hija Florentina 

Inostroza 2 
María Cruz Pineda de 14 años 1 
Mercedes Leiva 1 
Santos Valdivieso i su hija Delfina 

Tovar Valdivieso de 16 años 2 
Mercedes Leiton 1 
Catalina Mateluna de Melipilla 1 
Jervacia Gonzales, sirviente de don 

Marcos Meneses 1 
Manuela Moran í su hijo José Salas, 

ambas delllapel 2 
Victoria Gonzales de Huerta i su 

hija Karcisa Huerta 2 
María Contrera viudas 1 
Luisa Jirón, viuda 1 
Matías Venegas 1 
Jermana Clorinda Rodríguez de 10 

años 1 
Cármen Santivañez, lavandera 1 
Gregoria Moralez de 14 años 1 
Cármen Baquedano, cocinera de doña 

Mercedes Robles 1 
Cármen Pacheco 1 
Isabel Venegas i su hija de 16 años 2 
Lucia Morales 1 
Ceferino Castillo 1 
Una sirviente de doña Antonia Ver- 
gara de Valdez, i 3 hijos de la 
misma sirviente 4 
Sirviente del señor don Ramón Gue- 
rrero 1 
Melchora Moya, sirviente de doña 



Juana Vargas de Jara 1 
Inés Echeverría i Sol 1 
Anjel Espinosa, sirviente de la casa 

doña Cármen Ruiz Tagle 1 
Lavanderas de la señora Donoso, re- 
sidentes de la Cañadilla que ocu- 
paban una casita de esa calle pere- 
cieron todos 4 
En la calle de las Cenizas, entre las 
de la Moneda i las Agustinas a 
mitad de la calle hai otra casa in- 
habitada desde el dia de la catás- 
trofe; sus moradores perecieron 
todos 5 
En el pasaje Puelma de la calle de 
las Cenizas habitaban dos jóvenes 
una pieza i ambos perecieron en el 
incendio 2 
Adelaida Silva de Meneses 1 
Juliana Torres i su hija mayor 2 
Mercedes Muñoz, lavandera de don 

Juan Ugarte 1 
Mercedes i Trinidad Herrera Ra 

mirez 2 
Isabel i Clemente Andrés Campos, 
^ hijos de don Andrés Campos 2 
Juana Leiva, Joaquina i Anjela Mu- 

jica i Rosario Pérez 4 
Cármen Renjifo de Moran 1 
Dolores Soto i su hija Domitila Mogo- 
yon 2 
Mercedes Pulgar 
Maria Briones, Chimba arriba 
Trinidad Tiraga i Juana Ramírez, 
ropera 

Jermana Clorinda Rodríguez, hija de 
don Agustín Rodríguez 

Rosita Moreno de la calle de ia Mer- 
ced 

Amalia Fredes i Lillo 
Dolores H« criada de don Manuel 

Lillo 
Pabla Muñoz 

Concepción Valenzuela, sirviente de 

las señoras Calvo Valenzuela 
Sirvientes de la casa de doña Justina 

Gandarillas 
Marcelina Ibarra, viuda 
Josefa Gómez 
Tránsito Pozo 
Cármen Arco 

Cármen, Margarita i Andrés, sirvien- 
tes de la señora doña Ana María 
Morandé de Arroyo 

Juana Diaz (de Curicó), deja cuatro 
hijos pequeños i dos adultos 

Jesús Palominos 

Elena Calderón i sutia Cármen Por- 
tus 2 

Francisca Flores, lavandera de doña 
Cármen Tagle 1 

Pascual Riquehne, marido de María 



— 119 — 



Valenzuela, Josefa Gallardo, ma- 
dre de la misma, i María Riquelme, 
cunada de la misma. 

Vicente- Antonio Diaz, casado con 
dona Martina Godomar 

Emilia i Julia A randa i dos sirvientes 

Sirvientes de doña Eulalia Pardo 

Rosario Flores 

Dolores Arancibia 

Doña Carmen Aguiar con tres pupi- 
las i una sirviente 
Carmen i Juana Martínez 
Isabel Salinas, calle de Cienfuegos 
Mercedes García i su hija, (de la 
Viña) 

María Éerrios, sirviente de don Die- 
go J. Benavente 
Mariana Bustillos, una sirviente i una 

muchachita 
José María Bobadilla, 'su mujer Ma- 
ría Navarrete i su hija Rudeeinda, 
naturales de Talca 
Mercedes Córdoba, Cañadilla 
Ana María Briones, de Curicó 
Sirvientes de don José Agustín Ei- 
zaguirre. 

Javier Contreras, de casa de don 
Nicolás Larrain i Rojas 

Concepción Miranda, lavandera 

Dolores Alvarez i Carmen Cato, sir- 
■ vientes de doña Rosario Echevers 

Tránsito Ogas, madre de doña Sosa- 
rio Correa 

Francisco Muños, 56 años,petaqu€-ro 

Rosa Guzman i Aguirre, calle vieja 
de San Diego 

Nicolás Flores, id. 

Juana Gaete de Osorio, antigua sir- 
viente de don Juan de Dios Fer- 
nandez Gana 

Martina Amalla 

Mercedes Ovarse, de San Felipe 
Carmen Astudillo, soltera de 19 años 
Gregoria Jofré 

Carmen Honorato, (de San Felipe) 
casada 

Rosario Morales, costurera 

Juana Muñoz, de Talca, casada 

Dolores López 

Manuela Diaz, cocinera 

Enrique Caballero, médico peruano 

Virjinia de Pabla Gonzales, calle 
de Santa- Ana 

Jesús Martínez, profesora de piano i 
arpa, i María Mercedes Herrera, 
alumna del conservatorio de mú- 



sica 

Juana Canales, híj a de Josefa Pa- 
checo 

María Rus i María Senidua, sirvien- 
tes de don Joaquín Tocornal 
María Puebla i Carlota Larenas 
Carmen i Rosa Peña, colchoneras 
Mercedes Toro, sirviente de doña 

Concepción de Errázurís 
Mercedes Montes i Solar 
Carmen Vargas, sirviente de don 

Juan Tagle 
Félix Cerda, calle de las Animas 
Paulina Yañez, cocinera, del Arenal 
Pedro Cabello 
Josefa Barrera 
Carmen Palomino 
María Cordero 
Tránsito Silva 
Lorenzo Záñiga 
Filomena Cañas 
Faustino Espinosa 
Rita Cruz 
Mercedes Steves 
Dolores Gonzales 
Jesús Diaz 
Carmen Diaz 
Anjela Castro 
Juana Gómez 
Pabla Ugalde 
Luisa Quiñones i su hija 
Rita Ortigar 
Agustina Lobo 
Filomena Lobo 
Carmen Lobo 
Juana Diaz 
Tomasa Diaz 
Lui-*a Jirón 
María Contreras 
Primitiva Mela 
Encarnación Mela 
Rosario Dinamarca 
Rosario Nuñez, de la Dominica 
Rosario Peña i Teodoro Ramos, de 

la calle de San Pablo 
Santos Quinteros, cocinera i Paula 
Muñoz, nodriza, ambas empleadas 
en casa del señor don José de 
Bernales 

Marcelina Gallardo i Mercedes Soto- 
mayor, sirvientes 

Juana Gutiérrez, de la calle de San 
Pablo 

Rosario Santander, lavandera 
Clotilde Arredondo 



— 121 — 



SIÍjSDELEG ACION 3. a DE SANTA-ANA. 

CenSO de ías personas que perecieron en el incendio del templo de la Compañía, el 
oc1k o de diciembre de 1863, dentro de los límites que corresponden a esta Subdele- 
garon, a saber: desde la calle de la Compañía, acera del norte, hasta la marjen sur 
del rio Mapocho, desde la calle del Peumo, acera del poniente, hasta la de Negrete, 
acera del oriente. 



NOMBRE 
de las calles. 


Numero. 1 


NOMBRES I APELLIDOS. 


Edad. 1 


Estado. 


Ocupación. 


Nacimiento 


1 Total. | 








añe. 











Compañía. 


69 




15 


Soltera 


Costurera 


Santiago 




— 






i2 






.... 


1 


— 


159 




45 




Se ignora 


Penco 


1 


— 






50 


Viuda 


.... 


.... 




— 


147 


Trinidad Pérez Carmona 


15 


Soltera 


N inguna 


Andes 


1 


— 






12 






1 


— 






34 




Cocinera 


Santa-Crux 


l 


— 


143 


Luisa Venegas de Arquiza... 


65 


Cásala 


Propietaria 


Santiago 




• — 


141 




28 


Soltera 


Se ignora 


.... 


l 


— 


133 




8 




Ninguna 


.... 


l 


— ' 






6 




.... 


l 


— 







20 




Sirviente 


.... 


1 


— 


131 




22 




Lavandera 


.... 


l 


— 






28 




.... 


.... 


l 


— 


129 




35 


Viuda 


Sirviente 


.... 


l 


— 


U7 




35 


Soltera 


Lavandera 


.... 


l 


— 






20 




Cocinera 


.... 




— 


113 


Jesús Cañas de Covarrubias. . 


20 


Casada 


Ninguna 


.... 


l 


— 






17 


Soltera 


.... 






— 


167 




24 




Costurera 


.... 




San ta- Ana. 


126 




32 


Viuda 


Propietaria 


.... 




— 







29 


Soltera 


.... 




l 


— 







28 


.. 


.... 


.... 




— 





"Valentina Valdivieso 


40 




Llavera 


Concepción 











12 


.. 


Sirviente 


Santiago 


j 





114 


Sabina Prias 


22 




Se ignora 


.... 


j 





112 




26 




Sirviente 


i... 


2 









46 


Viuda 


Cocinera 




2 





122 




12 


Soltera 


Ninguna 


.... 


2 





110 




23 




Se ignora 


.... 


2 





122 




45 


Viuda 


Valparaíso 


2 





261 




27 


Jasada 


Lavandera 


Se ignora 


2 


. . . 


189 
176 




47 


Viuda 


Institutora 


Santiago 


2 







19 


Soltera 


Lavandera 


.... 


2 





187 




46 




Propietaria 




2 





176 




45 


Viuda 


Lavandera 




1 





168 




13 


Soltera 


Ninguna 






" 






18 




Lavandera 


Aconcagua 


} 





173 




30 




Se ignora 


Santiago 











60 


Viuda 


.... 







160 


Mercedes Bello 


30 


Soltera 


Costurera 


.... 











30 




•••• 








154 




40 




rv mguua 








163 




28 


.. 


Se ignora _ 


.... 






159 




14 




Sirviente 








153 A 




19 












152 A 




40 


Casada 


Se ignora 


Arjentina 






152 




14 


Soltera 


Santiago 






146 




10 




Ninguna 










38 




Lavandera 








144 




18 




Institutora 












60 




Ninguna 








119 




12 
















10 












139 




60 


Viuda 








Sto.-Domingo. 


112 




60 






Talagante 










38 


Soltera 










116 




55 




Propietaria 


Santiago 










40 




Sirviente 






134 




50 






Maipo 










38 




Se ignora 


Rancagua 






144 




36 


Casada 


Ninguna 


Santiago 










14 


Soltera 




















63 



16 



— 122 — 



NOMBRE 
de las calles. 



Sto. -Domingo 



Monjas Rosas 



119 
117 A 



143 
141 

48 
52 
56 

— A 
60 
62 



NOMBRES I APELLIDOS. 



San-Pablo. 



66 



Sumas déla vuelta., 



51 B 

58 

60 A 



Jertrudis Gazmuri 

Candelaria Escanilla 

Filomena Nufíez 

Martina Alcaino. 

Dami^na Prado 

Mercedes Vasquez 

Mercedes Guajardo 

Rosario Gonzales 

Luisa Eizaguirre Larrain.. 
Ignacia Eizaguirre Eizaguirre 
Al aria del C. idem. idem.. 

Clara Espinosa 

Juana Hurtado 

Francisca Guerrero 

Dolores Barredo i Riveros 

Luisa Bretón 

Estefanía Idalgo 

8as ; lia Zarate 

Jertrudis Méndez 

Milagro Becerra de Tholar.. 

Dolores Gonzales 

Maria Mercedes Gonzales..., 

Fi ancisca Velazquez 

Dolores Barahona , 

Vicente Lucero , 

Dolores Gonzales , 

Juana Negréte 

Teresa Niño , 

Ta dea Rodríguez 

José Zamora 

[sidora Ugarte 

Carmen Avila 

Andrea Tapia 

Margarita Carrasco 

Carmen Hernández 

Dolores Cerecera 

Sofia Lastra 

Maria Puga,.,,, 

Rosa Uriondo 

Francisca Garcés 

Beroarda Mateluna 

Beatriz Torres 

Carmen Arcus 

Juana Saravia 

Isabel Cornejo 

Lorenzo Zúñiga 

Andrea Espina 

Tomasa Epina 

Cipriana Melc 

Maria Mercedes Gonzales... 

Dolores Gonzales 

Vicente Antonio Diaz 

Jesús Aldunatc . 

Carmen Reyes 

Maria M. Herrera Ramírez. 

Maria T. Herrera Ramírez.. 

Joaquina Mujica* 

Anjela Mujica 

Rosario Pérez 

Tránsito Cañas de Lois 

Benigno Lois 

Tránsito Lois 

Manuel R. Lois 

Evarista Rodríguez 

Santos Larracheda 

Mercedes Larracbeda 

Margarita Santos 

Rosario Carmona 

Gregoria Quiroea 

Carmen Astudillo 

Cárruen Santana 

Micaela Ramos 

Inocencia Luna 

Lorenza Martínez 

Lorenza Pereira 

Juana Guzman 



Estado. 



Soltera 

Soltera 

Casada 

Soltera 

Viuda 

Casada 

Soltera 



Ocupación, 



Viuda 

Soltera 
Viuda 

Soltero 

Viuda 

Soltera 

Casada 

Viuda 

Soltero 

Soltera 



Viuda 
Soltera 
Casada 
Soltera 

Viudo 
Soltera 

Viuda 

Soltera 

Viuda 

Casado 

Casada 

Soltera 



Viuda 

Soltera 
Casada 
Soltero 
Soltera 
Soltero 
Soltera 



Viuda 
Soltera 



Viuda 

Casada 

Soltera 



Nacimiento 



Ninguna 

Costurera 

Ninguna 

Costurera 

Propietaria 

Cocinera 

Sirviente 

Ninguna 



Costurera 
Lavandera 
Costurera 
Ninguna 



Dulcera 

Costurera 

Institutora 

Ninguna 

Costurera 

Lavandera 

Propietaria 

Sirviente 

Ninguna 

Costurera 

Ninguna 

Cocinera 

Zapatero 

Ninguna 

Serviente 

ÍS odriza 

Sirviente 

Ninguna 

Sirviente 
Ninguna 

Cocinera 
Se ignora 
Cocinera 
Lavandera 
Ninguna 

Costurera 

Lavandera 

Ninguna 



Sastre 
Ninguna 
Sirviente 
Ninguna 

Propietaria 

Sirviente 

Propietaria 

Ninguna 



Sirviente 
Ninguna 



Costurera 

^Ninguna 

Sirviente 

Costurera 

Lavandera 

Sirviente 

Lavandera 
Ninguna 



Swna al frente. ... 139 



Santiago 

Curicó 

Santiago 

Se ignora 
Santiago 

Se ignora 

Malloco 
Rancagua 

Santiago 



Concepción 
Santiago 



Colcbagua 
España 
Se ignora 
S. Bernardo 
Se ignora 
Valparaíso 
Santiago 

Catemu 

Colina 

Santiago 



S. Fernando 
Valparaíso 
Se ignora 

Santiago 

Curicó 

Santiago 

Rancagua 
Santiago 

San-Felipe 
Santiago 

Brasil 

Mendoza 

Santiago 



Concepción 
Santiago 



Valparaíso 
Santiago 



Valparaíso 



— 123 — 



NOMBRE 
e las calles. 



San-Pablo. 



Mapocho. 



De las Animas 



Ms. Casan ora 
Del Peumo. 



Ceniza. 



Baratillos. 



Sauce. 



Colejio. 
Negrete. 



91 F| 

31 



39 
S.n.o 



17 G 

24 Ñ" 

19 

14 
9 

21 B 

14 

24 

23 H 
27 

59 C 
8 A 

18 E 

19 F 

19 G 
21 C 

2 
44 
46 



NOMBRES I APELLIDOS, 



Suma del frente. 



Mariana Silva de Oliva... 

Enriqueta Oliva 

Juan de Dios 2. ° Oliva. . . 

Maria Inés Aguirre 

Pabla Rojas de Muñoz 

Maria del C, Muñoz 

Mercedes López.... 

Margarita López 

Tadea Quezada 

Fancisca Cantos — 

Victoria Rojas 

Maria Ignacia Fernandez..». 

Antonia Aguilera 

Feliciana N 

Cármen Herrera 

Cármen Guzman 

Mercedes Latorre 

Mercedes Vázquez 

Mercedes Román 

Maria Cádiz 

Feliciana Leiva 

Juana Pinto 

Beatriz Ciaz 

Maria Silva 

Bartola Cornejo 

Margarita López 

Maria Alarcon 

Mauricia Pérez 

Mercedes Santamaría, no hai 
datos, se supone hermana del 
clérigo Santamaría 

Francisca Grassete 

Concordia Salazar 

Dolores Erazo 

Rosario Carmona 

Margarita Santos 

Rosario Alfaro • 

Carmen García. .. 

Amalia Pulgar.... 

Antonia Bekran 

Marta Astudillo 

Juana Allendes 

Antonia León de León 

Irene Rodríguez 

Lorenza O. de Zamorano... 

Magdalena Zamorano 

Margarta Madrid 

Juana Diaz , 

Bortola Figueroa , 

Catalina Cerda 

Juana Ramírez , 

Nieves López , 

Leonor López. 

Narcisa Boza 

Dolores Venegas , 

Mercedes Ramos , 

José Antonio Larrain 

Tránsito Siva 



Suma totat. 



Estado. 



Casada 
Soltera 
Soltero 
Soltera 
Casada 
Soltera 



Viuda 
Soltera 



Viuda 
Soltera 



Viuda 
Soltera 



Casada 
Soltera 
Viuda 

Soltera 



Viuda 
Soltera 

Casada 

Soltera 

Casada 

Soltera 

Casada 

Soltera 

Viuda 

Soltera 

Viuda 
Soltera 



Viuda 

Soltero 

Viuda 



Ocupación 



Propietaria 
Ninguna 



Zapatera 
Ninguna 

Costurera 

Lavandera 

Costurera 

Ninguna 

Costurera 



Sirviente 
N inguna 



Costurera 



Lavandera 
Costurera 



Costurera 
Ninguna 



Costurera 



Cocinera 
Ninguna 



Se ignora 

Ninguna 

Costurera 

Lavandera 

Sirviente 

Costurera 

Sirviente 
Costurera 
Ninguna 



Nacimiento. 



Santiago 



Rancagua 
Santiago 



Se ignora 
Quilicura 
Santiago 



Rengo 

Santiago 

Se ignora 
S. Fernando 
Se ignora 

Calleuque 



Santiago 

S. F.' Monte 
Tiltil 

Santiago 



Colina 

Santiago 

Rancagua 

Petorca 

Quillota 

Santiago 



Lampa 
Santiago 
Aconcagua 
Santiago 



Concepción 
Santiago 



Santiago, diciembre 20 de 1863. 



Luis Palma, 
Subdelegado. 



— 124 



SOBDELEGACION SESTA DE SANTA LUCIA. 

Nómina de las personas fallecidas en la Compañía el 8 de diciembre de 1863 



NOMBRES. 



Primer distrito. 

Luita Tergara i Arangüe. 

Carmen Herrera 

Dominio, Sánchez 

Mercedes Sánchez 

Natalia Freiré 

Delfina Beltran 

Carolina Fresno 

Fabiana Abarca 

Mercedes Gómez 

Feliciana Gómez 

Marta Muñoz 

El*-uteria lbarra 

Antonia Jor quera 

Tomasa Venegas 1 

Rosario Maraya. ...... 

Mercedes Aspes 

Mariadel C. Silva 

Maria Gómez 

Pabla Figueroa 

Concepción Zúñiga . . . 



ÍPetrona Salas. 
Nicolasa Sabala 
Francisca Laba 
do 



Segundo distrito. 

Trinidad F, de Figueroa. 
Mercedes Tocornal.. ... 

Isabel Gallardo 

Catalina Jiménez 

Maria Antonia Cuadra. . . 

Carmen Cuadra 

Mercedes Cavieres ..... 
Maria de los Santos. . . . . 

Mariana Cumplido 

Eleuteria Cumplido 

Mercedes Cumplido 

Rosario Cumplido 

Micaela N 

Adelaida Rivas..... 

Marta Caldera .. 

Agu tina Saez 

Rosario Gabilan V 

Maria de la Cruz Mutíllas 
Mercedes MutíÜas. . ...... 

Margarita Bustamante. , 
Petronila» M> rales........ 

Josefa Espinosa..... 



ESTADO. 



Soltera., 
Viuda ., 
•Soltera., 

id 

id 

id 

id 

Casada. 

id 

id 

Soltera. 



Tercer distrito. 



Santos Ogalde 

Aurora Hernández.. .. : 
Maria Espinosa.... i.... 
Mercedes Achurra. . . ... . 

Maria Ib^zeta 

Mercedes lbazeta, hija de 

la entenor 

Mariana Versara 

Felipa Calderón 

Rosa Moreno 

Marta Muñoz 

Rosalia Angulo 

Juliana Riquelme 

Juana Zalazar 

Matilde Zalazar 

Mercedes Astorga 



Casada. 
Soltera. 

id 

id 

id 

id 

Viuda. . 
Soltera. 



id... 



Casada. 
Soltera. 

id 

id 

id 

id 

Casada. 
Soltera. 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

Casada, 
holtera. 

id..... 

id..... 

id..... 

id.:... 
Viuda, . 
Soltera. 



id 

id'..... 

Casada. 

Soltera, 
id 



PROFESION. 



Ventera. . . . 

id 

Lavand ra. 

id 



id 

Sirviente. . 

id 

Costurera. 



Sirviente . . 
Costurera, , 



Sirviente... 
Lavandera. 



id. 



Matrona 



id 

Sirviente. 



Lavandera-i 
Sirviente... 



id.... 
id..., 



CALLES. 



Mesias . . , 
Cañada.., 

id 

id 

Mesias... 
Tajamar 

id 

id 

id , 

id 

id 

id 

id. 

Mesias.. 

id 

id 

id 

id...... 

id 

id 



De la Merced 

id 

id 

Del Cerro.. .. 
De las Delicias 

id 

De Mesias.. ., 

id 

id 

id , 

id 

id 

id .., 

id 

& 

id. 

id....: 



id 

id. 

De. 
id. 



Valdivia. 



De Bretón. ; 

id 

id 

id 

id 



LUGAR 
de 

Nacimiento. 



Santia 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 
id. 

id. 
id. 



id. 



id 

id 

id 

id 

Runcagua. 
id 



id. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id.. 

id., 



id , 

id 

N . de la Merced 

id 

id 

id/;-.;.... 

id 

Agustinas . 

id 

id 



id..;... 

id 

Renca 

Santiago.. 
San-Felipe 



id 

id 

Santiago.. 

id 

Rensro 

Rancagua. 

id 

Sauñago.. 

id : 

id 



— 5125 — 



NOMBRES. 



Sumas de la vuelta. . 

Rosario Orell;>no 

Jertrudiz de la Fuente Bal- 

dorini'S 

Micaela Pozo 

Praneisca Garviso 

N. Ourviso, llevaba el a- 

pellido de su señora.... 

Juan* Romero 

Dolores Vill*rreal 

Mercedes Brito 

Cruz Pineda 

Atención Aspes 



Cuarto distrito. 



ESTADO. 



Soltera. . 



id 

id 

Viuda. . . 
Solara. . 
Caoa a. . 
Soltera.. 



Jenoveva Baeza , 

Adelaida Baeza 

Caroün > Baeza 

Rosa Baeza 

Merced ■ s Sotom ayor . . 

Jok< fa Baeza 

Rufina Navarro 

fíoBfi Moreno 

Rit Gar.darilla , 

Rafael* Ganrlarilla. . . 

Leonor Guajarrlo 

Mart na Valdes , , 

Mercedes Villnnueva, que-] 

mada de gravedad > 

Juana Mesas ; 

Juana Olivares \ 

Dominga Rojas , 

Dominga vientres 

Polonia Armijo 

Mana del carmen Moya 

Carlota Ar*nda 

Felicana Huerta 

Maria García 

Carmen Rocha . . . 

llosa Barros Valdes 

Enriqueta García 

Rusalia Angul 

Juliana Riquelme 

Lorenza Bustamante 



id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 
Viuda 
Soltera 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 



Quinto distrito. 



María Atenas 

Francisca Baldevenito 

Jesús Madrid 

María Go oi 

Mercedes Sojtomayor . . 

Rosario Toledo 

Juana Navarro. 

Micaela Pozo 



Suma total. 



Casarla. 
S< ltnra. 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 



id 

id 

id 

id 

id 

Casada. 
Soltera. 

id 



PROFESION, 



Sirviente . . . 



Sirviente, 
id 



CALLES. 



Agustinas, 



id 

id 

De la Merced. 



id 

id 

Del Cerro . . . 

id 

De las Delicias 

id 



De la Merced. 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

Nueva de id. 
San-Antonio . 

id 



Huérfanos 



id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id , 

De las Claras. , 

id , 

id. 

Agustinas. 



Delicias 

id 

Chirimoyo .... 

id 

id 

San-Antonio,.. 

id 

Agustinas. 



LUGAR 
de 

Nacimiento 



Santiago... 



Rengo... 
¡santiago, 
id 



id 

Rengo.... 
Santiago.. 

id 

id 

Putaendo. 



Santiago 
id.... 
id.... 

id.-... 
M^lipilla 
Santiago 

id.... 

id.... 

id.... 
Curicó.. 
Santiago 



San Fernando 
Santiago.. .. 

id 

Malloco 

Santiago.... 

id 



id 

id 

id 

id 

id 

id 

id. 

Rancagua 

id 

Sfuííoa .... 



Santiago. 

id 

Nancagut 
Santíngo. 

id 

id 

id 

id 



28 



107 



Santiago, diciembre 17 de 1863.— José María UriCffido. 



— 126 — 

NÓMINA 

DE LAS PEKSONAS QUE HAN FALLECIDO 

EN EL INCENDIO DE LA COMPAÑIA 

PERTENECIENTES A LA SUBDELEGACION 15 DEL CAMPO MARTE. 



NOMBRES I APELLIDOS. 



Anjeía Gómez de Costa.......... 

Sofía Infante 

Elena In Yante 

Margarita Quintana.. 

Concepción Salinas 

Mercedes Pulgar de Bustamante 
Feliciana Galves de Ibran...... 

Maria Ibran 

Isidoro Navarrete 

Magdalena Varas 

Manuel Antonio Bravo 

Tomasa Olivares. 

Rafael Bravo 

Gregoria Devia 

Josefa Barra de Idalgo 

Cármen Guzman 

Cármen Toledo 

Cármen Soria 

Martina Maya 

Juana Vargas 

Maria Mercedes Gres 

Margarita Fajardo 

Seferina Castillana 

Rosario Greis , 

Antonia Velarde 

Juana Muñoz 

Rosa Sandoval 

Cármen Pacheco 

Isabel Venegas < 

Total í 



EDAD. 



53 anos. 

15 — 

11 — 

38 — 

20 — 

50 — 

32 — 

2 — 

40 — 

38 — 

36 - 

40 — 

7 — 

19 — 



ESTADO. 



Viuda . . 
Soltera. 

id 

id...... 

Casada. 

id 

Viuda . . 



Casado. 
Soltera. 
Casado, 
id 



Soltera. 
Casada. 
Soltera. 
Viuda. . 
Soltera. 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

id 

Casada. 
Soltera. 
Casada. 
Soltera. 



PROFESION. 



Persona rica. 
Hija de id... 



Cocinera. . . . 
Costurera. . . 
Bodegonera. 
Lavandera.. 



Carpintero 

Hija de familia. 

Carpintero 

Dueña de casa. 



Hija de familia. 
Dueña de casa. 



Hija de familia. 



Lavandera 

Costurera 

id 

Hija de familia. 

id. id... 

id. id... 

Sirviente 

Hija de familia. 

Lavandera 

Hija de familia. 



LUGAR 

DE NACIMIENTO. 



Valparaíso. 

Id. 

Id. 
Pirque. 
Santiago. 
San-Fernando. 
Hacalgue. 
Santiago. 
San-Fernando. 
Santiago. 

Id. 

Id. 

Id. 
Taguagua. 
Santiago. 
Maipo. 
Melipilla. 
Santiago. 

Id. 

Id. 
Curicó. 
Maipo. 
Santiago. 
Renca. 
Santiago. 
Talca. 
Pichidegua. 
Perdegua. 
Santiago. 



— 127 — 

SUBDELEGACION 28 DE LA CAÑADILLA. 

Nómina de los individuos de esta sección perecidos el 8 de 
diciembre de 1863. 



NOMBRES. 



Isabel Garzo 

Lucrecia Pérez 

Cármen Araos 

Rosario Pérez. 

Margarita Pérez 

Maria Soliz 

Luisa Cabeza 

Mercedes Castro...... 

Ana Maria González. 

Maria del C. Grez 

Maria Ortiz... 

Pascuala Carero 

Rosario Lavin 

Juan Gutiérrez 

Tomasa Idalgo 

Maria Idalgo 

Petronila Rodríguez. . . 

Baldomera López 

Maria Briones 

Cármen Rodríguez.... 

Mercedes García 

Petrnila Pardo 

Rosario Ponce 

Carolina Pino 

Maria Muñoz 

Ursula Pozo 

Margarita López 

Juana Bustamante.... 

Rosa Lucero 

Dolores Astaburuaga . 

Justa Montenegro 

Bartola Berrios 

Dolores Gabeza 

Monica Rivcros 

Juana Rivesos 

Rosa Pardo Pereira... 

Mercedes Solis 

Tereza Toro 

Eduvije Sassi 

Rita Almaza 

Dominga Bravo 

Tereza Barahona 

Cármen Mejios........ 

Petronila González. . . , 
Domitila Olivarez..... 

Bernarda Zúñiga 

Petronila Salvo 

Maria Lucero 

Maria Silva 

Juana Rivero 

Antonia Salvo 

Tomaza Yañez 

Clarisa Silva 

Mercedes Castro , 

Cármen Rojas 

Maria Soto 

María Ortiz 

Anjela Muñoz 

Cármeu Galá 

Micaela Romero 

Petrona González 

Domitila Olivarez 

Dolores Cabsza 

Paulina Cornejo 

Narcisa Viveros ....... 

Juana Riveros 

Rosa Pardo 

Dolores Aranda 

Rosa Espinosa 

M ar garita Con tre r as . 
Cayetana González. . . , 



ESTADO. 



Soltera , 
Casada 

id.... 
Soltera . 

id.... 
Casada 
Soltera , 

id.... 

id.... 

id.... 
Casada , 
Soltera . 



Soltero , 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 
Viuda.. 
Soltera 
Vinda. . 
Soltera 
Viuda. . 

id.... 
Soltera . 

id.... 
Casada 

id.... 
Soltera , 

id.... 

id.... 
Casada 

id.... 
Soltera 

id.... 

id 



id.... 
Vitrea.. 
Soltera 

id.... 

id.... 



Viuda. . 
Casada 

id.... 

id.... 
Viuda.. 



Soltera 
id.... 



Viuda.. 

id.... 
Casada. 
Soltera 

id.... 

id.... 

id.... 

i*...* 



PROFESION. 



Costurera. . 
Sirviente... 
Lavandera. 
Sirviente. . . 
Lavandera. 
Bordadora. 
Costurera. . 
Sin oficio. . . 
Lavandera. 
Pianista..., 



Miñaquera 
Cosmer a . . . 
Costurera. . 

id 

Dulcera.... 
Lavandera 
Costurera.. 



Sirviente . . . 
Lavandera, 
id 



Costurera. 



Costurera. 
Sirviente., 
id 



Sirvien:e. 



Sapatcra. 
Sirviente. 



Sapatera. 



Sirviente.. 
Costurera. 



Lavandera 
Costurera.. 

id 

id 



id. 



Sirviente. . 
Costuicra. 
Cosinera.. 
Tejendera. 



Costurera. 
Colejiala.. 



Costurera. 
Costurera. 



Sirviente.. 
Lavandera, 



LUGAR 
DEL NACIMIENTO. 



Quillota 

Santiago.... 

Colina 

Santiago.... 

id 

Rengo 

Colina 

San Felipe.. 
Curicó 

id 

San Vicente. 

Colina 

Güacrlgüe.. 

Corán 

Caléo 

id 

Santiago.... 

Renca 

Curicó 

Santiago . . . 
Aconcagua.. 
Pelequén... 
Aconcagua.. 

Reugo 

Vichuquén. . 
Santiago . . . 

id. . r. 

id 

San Felipe.. 
Santiago. . . . 

id 

Colina 

Santiago 

id 

id 

Rengo 

Santago. . . . 
San Felipe . , 
Santiago.... 

id 

id 

Rengo 

JSanc^gua.., 
Santiago 

id 

Melipilla.... 
Santiago ... 

id 

id 

id 

id 

Sd 

Rengo 

Santiago.... 

id 

id 

id 

Liniache. ... 
Santiago. . . . 

id 

id 

id 

id 

Ol.var 

Aconcagua . 
Casa-Blauca 

Rengo 

Renca 

Santiago.... 

Renca 

Talca , 



128 — 



NOMBRES. 



Maria Olea 

\dela González 

Mere des Conilo 

Dolores Conilo 

Amalia Fredcs. 

Luisa, Pérez 

Ursula Pozo 

Margarita López 

Rita Armijo 

Juana Argandoña 

Feliciana Argandoña 

Lorenza Uribe . 

E^elmira Pérez 

Mercedes Córdova 

Mercedes Mena 

Josefa Videla 

Pascuala Solar 

Petronila Mata 

Bartola Garrido 

Bernarda Zúñiga 

Tomaza Ida! y o 

Maria del Rosario Negrete. 

Paulina Ibañez , 

Mana de los Anjeles Muñoz. 

Maria del C. Ma«huca 

Mercedes Machuea 

Maria Antonia Montenegro. 
Miaría M. Bruna 



ESTADO. 



Canadá .... 
Soltera . . . . 

id 

id 



Casada 
Viuda. . 
Soltera , 

id.... 

id.... 

id.... 
Casada , 



V inda. . 
Soltera 
id.... 
Viuda. . 



Soltera. 

id. . . . 

id.... 

id.... 
Viuda. . 

id.... 
Soltera . 

id.... 
Viuda. . 
Soltera . 



PROFESION. 



Lavandera. 

id 

id 



Sin oficio. 



Costurera. 

id 

id 



Costurera. 



LUGAR 
DEL NACIMIENTO. 



Tagüa-Tagüa 
Mendoza. ... 

id 

id. 

Síintia^o 

id 

id 

id 

id 

id , 

id 

'd 

id 

id 

id 

Mondoza.. .. 
Santiago 

id 

Colina 

Santiago. . .. 

id 

id 

id 

Víchuquen. ., 
Sar.tiago.... 

id 

id 

id, 



— 129 — 



NOMINA de las víctimas del incendio de la Compañía el dia 8 de 
ciembre de 1863, en la subdelegaron primera del puente de madera. 



di- 



NOMBRES, 



Primer distrito. 



Juana Reyes 

Manuela Gormaz. 



Duminga Brezuela 
Simona Guerrero.. 

Maria Rojas 

Juana Pangué 

Cármen Pérez 

Juana Santivañez.. 
Clorinda Lovo ...... 



Segundo distrito- 



Matilde Yúvar 

Dolores Vargas 

Enrique Cañas 

Javiera Cádiz 

Rita Carolina Cádiz.... 
Matilde Amelia Cádiz.. 

Maria Soto 

Mercedes Romo 

RosaGnnzales 

Juana Garrido 

Carmen Calderón 

Elvira Calderón 

Concepción Lucero.... 

Natalia Orrego 

Agustina Aranguez 

Bartola Serrano 

Luisa Osorio 

Juan Hernández 

Rosario Reyes 

Cármen Hurtado 

Carmen Moya 

Tadea Errázuris 

Cármen Rocha 

Timotea Figueroa 

Marta López 

Tomasa Pacheco 

Juana Cañas 

Eufemia Valdivia 

Maria Aranguez 

Margarita González 

Salomé Cofre 

Mercedes Mille 

Susana Huicií 

Alejandrina Huici 

Francisca Lillo 

Maria de la Cruz Diaz. . 

Carlos DublA 

Estefanía Zalazar 

Teresa Zalazar 

Perpetua Luco 

Juana Mosqué 

Juana Silva 

Jesús Frutos 

Rosario Pérez 

Dolores Cabeaas 



Tercer distrito. 



Maria Nuñez 

Maria Jerez 

Polonia Avila 

Mariana Bustillos 

Catalina Pérez 

Iguacia Aguila 

Cármen Ureta 

Elena Cald. i Labarca. 
Maria Luisa Super . . 



A la vuelta. 



Estado. 







75 


soltera 


14 


. * y •'• 


40 


viuda 


30 


soltera 


(30 


viuda 


35 


soltera 


45 


casada 


J o 


viuda 


18 


soltera 


12 






. ' V * 
viuaa 


12 


soltcrc 


20 


• ••• • 


18 




16 




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• " Y. * 




se ígnor. 


18 


soltcrtt 


50 


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15 


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40 


C£tS<lClct 


18 


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50 


viuda. 


26 


SOltei'cl 


q 




14 




21 




40 




55 




40 




40 




50 


viuda 


25 


soltera 


21 


casada 


40 


soltera 


50 




17 




18 




27 




20 




12 




10 




40 




30 
15 




25 


viuda 




soltera 


25 
50 


30 
26 




22 




18 




43 


viada 


25 


soltera 


26 




25 




30 




40 


viuda 


26 


soltera 


13 




T 









SEXO. 



hombre, 
mujer. 



hombre, 
mujer. 



DOMICILIO. 



Calles; 
Santo-Domingo 



Monjitas. .. 
La Merced. 



Santo-Domingo 



Monjitas. 



N . de la Merced 



Monjitas. 



La Merced. .., 



Las Claros. .. 



Santo-Domingo 
Ramadas... 



N, de la Merced 
Ramadas 



PROFESION 



sirvic nte . 
bord ■- r i coser 
lavandera, 
cocinera . . 



sirviente .... 
madre de fam. 
cocinera . . . . 
sirviente .... 



estudiante ... 
hija de familia 



lavandera . 



costurera 

estudiante . . . 
lavandera . .. 



no tiene 

estudiante . . 
sirviente ... 
no tiene . . . 
sirviente . . . 
de su haber, 
lavandera . 
sirviente.. . 



Cocinera . . , 
De su haber. 
Cocinera .. . 



LUGAR 
desn 
Nacimiento. 



Santiago.. 

R2ncagua. 
Santiago . . 



Yaiyaí . . 
Santiago 



Tiltil.... 
Santiago. 



Malloa . . 
se i5nor¡ 



Santiago .. 



Rengo. 



Sirviente .... 

Cocturera 

Sirviente .... 
hija de familia 



Sirviente .... 
Cocinera .... 
Seminarista. . 
Cocinera. .. .. 

Sirviente 

bija de familia 
eocinera .... 
sirviente . . 
de su haber. . 

sirvieute 

cocinera 



31 


lavandera . . . . 




sirviente .... 


9 




12 


de su haber.. 




lavandei'a. . . . 


4 


costurera .... 


4 






kijademnitlia 




estudiante — 


17 



San Bernardo. 
Santiago 

Marpú 

Andes 

Santiago 



Putaendo . 

Nos 

Talca 

Santiago . 
Runcagua. 
Sautiago . 



S. F. del Monte. 

Aalca 

Santiago.. .. 
Maipú 

San-Felipe .. 

Talca 

Paine 

Santiago .... 
se ignora.... 
Taguatagua. . 



Santiago 



— lao. — 



NOMBRES 



De la vuelta. 



Cuarto distrito. 



Mercedes Castro 

Pabla Covarrubia 

Manuela Martínez.. .. 

Dolores Gon^les 

Antonia O valle de Be- 

zanilla 

Carmen Gonzales 

Dolor- s Ríos 

Pasruala Patria 

Enriqueta Quiroga. . .. 

Pabla .Ramírez. T 

Carmen Renriquez 

Carmen Grandon 

Leonor Zenteno 

Dolores Vargas 

Rosario Martínez 

Aujel Hernández 

Agustina Olguin.. 

Florentina Inostrosa 

Rosario Martínez 

Mercedes Martínez 

Nicolás inores 

Francisca Riberos 

Juan Adriasola 

Victoria Al faro 

María 'ie la C. Merino.. 

Rosa Valenzuela 

Antonia Monasterio 

.Josefa Mutiw 

Gfegoria Mutis 

Carmen Olivos 

Ventura Rubio 

Margarita Ayala 

Santos Irarrázaval . 

Dolores Ara ya de Agui- 



Atanasia de la C. Jiquel 

Agustina Pesoa 

D lorps Opaso 

Cárm en G u zman 

Ben gna Lujan 

Estefanía (González. .. . 

Marcelina Gallardo 

Josefa Ben avente 

Rosario Navarro 

Petronila Benavente .. 

Quinto distrito. 

Encarnación Calderón. . 
Rita ESscoyedo 

^al>el Chacón 

V aria del C. Palaci-s. . 
J liana M^ria 

Vler. e ¡es Plaza. 

Catalina Pimentel 

VI aria Gallardo..... 
Catalina Gallardo... 

Maria Cuevas 

Peta Rodríguez 

Carmen Sanfuentes., 

Andrea Castillo . 

Pedro Florez 

Mercedes Base/uñan 

Guerrero 

M arcelina Sánchez . . 

Carisa Plaza 

Corina Plaza 

Adelina Plaza., , 



Suma total. 



Estado, 



soltó ra 

casada 
soltera 

viuda 
soltera 
casada 
soltera 

viuda 

soltera 

casada 

viuda 

soltera 



casado 
soltera 
viuda 
soltera 

viuda 
soltera 



casada 
oitera 



ca.-ada 
viuda 
casada 



soltera 



viuda 
soltera 
casada 
soltera 



SEXO. 



DOMICILIO. 



Santo-Domingo 



hombre 
mujer. 



hombre, 
mujer. 



Ramadas 

Santo-Domingo 
Ramadas 



de la Caridad. 



de San-Antonio 



de Mapecho. 



Las Mpnjitas. 



de la Merced, 
de las Claras. 



Santo-Domingo. 



de la Nevería. 
Altos de Tagle. 



22 g 
16 

20 e 
22 e 



PROFESION 



sirviente. 

lavandera 



de su haber 
lavandera 

llavera. 

sirviente. . 
cocinera. . 
sirviente . . 
Zapatera. . 
no tenia. . 
estudiante. .. 
Cigarrería . 
zapatera. . . . 
hojalatero . . 
zapatera . . . 
estudiante . 
zapatera . . . 



cocinero.. . 
lavandera . 



cocinera., 
lavandera. 



cocinera ... 
de su haber. 



se ignora. 
sirviente 
zapatera.. . 
lavandera . 

de fu haber, 
siavientc. . . 

cocinera 

costurera. .r 
lavandera . 
sirviente . . . 
lavanoera . 



costurera. . 
lavandera 



cocinera . 
sirviente. . 



costurera. . . 
ama 



cocinera. . . . 
hija de familia 

lavandera .. 
soldado retir. 

hija de familia 
cocinera .... 



LUGAR 
del 
Nacimiento. 



Santiago 



Tütü 

Saniiago¿. 



Aconcagua. 
Santiago ... 



Rancagua. 
Santiago . . 
Quilamuta. 

Santiago . . 



Peral 

Santiago . . 

Andes 

Colina 

Maipú.... 

S uti : o , , 



Aconcagua . 
Santiago . . . 



Rancagua. 



Santiago 
Maro».. . 



Malloco... 



Chillan. . , 
Santiago , 



Rancagua. 
Colina.... 
Santiago. . 



Tales 



Coquimbo. 

Rancagua, 
Santiago.. 



bantiago, diQiewbre 28 de 1863. 



URBANO PINEDA, 



— 131 ~~ 



Los infrascriptos, después de las mas prolijas investigaciones, forman el se- 
guiente censo de los moradores del primer distrito de la cuarta subdele- 
garon, desaparecidos en la desgraciada noche del 8 del actual en el templo 
de la Compañía de Jesús : 

1. Señorita Trinidad Arístegui i Velez, soltera, 19 años de edad, hija del señor don 

Pedro N. Arístegui i de la señora doña Trinidad Velez de Santiago. 

2. Doña Rosario Molina, viuda de don Celestino Cárdenas, de 60 años, propietaria 

natural de Santiago. 

3. Señorita Elvira Hurtado, de 3 \ años de edad, natural de Santiago, hija del señor 

don José María Hurtado i de doña Pascuala Rojas. 

4. Doña Carmen Renjifo, soltera, de edad de 55 años. 

5. Señorita María Luisa Rondanelli i Aríeaga, de edad de 13 años, hija del señor 

don Nicolás Rondanelli i de la señora doña Catalina Arteaga, soltera. 

6. Señorita Antonia Castro, hija de don Juan Francisco Castro i de doña Dolores 

Carmona, soltera, de 23 años de edad, nacida en Santiago. 

7. Antonia Gutiérrez de Ponce, viuda, 40 años, sirviente de la señora doña Dolores 

Antúnez. 

8. Señora doña Dolores Gómez, soltera, de edad de 35 años, nacida en Santiago, hi- 

ja de don José Gomes i de doña Cornelia Sandoval. 

9. Una señora, una sirviente i un niño, calle de los Baratillos, casa ntíni. 54. 

10. Rosario Vergara, viuda, 60 años, nacida en Santiago. Manuela Baquedano, hija, 

se ha hecho cargo de sus trastos. 

11. Señora doña Carmen Verdugo, soltera, edad de 60 años, hija de don Miguel Ver- 

dugo i de doña Andrea Silva. 

12. Antonia Varas, soltera, natural de Melipilla, 25 años de edad, sirviente. 

13. Juan Arriagada, niño de 8 años, sirviente, hijo de Juan Amagada i Anjela To- 

rres, nacido en Santiago. 

14. Micaela Sandoval, casada, 28 a 29 años, del sur. 

15. Francisco Muñoz, casado, natural de Santiago, 30 años de edad, petaquero. 

16. Doña Dolores Arancibia, soltera, 50 años de edad, hija de don Agustín Arancibia 

i doña María Olguin. 

17. María Castro, de 50 años, soltera, residente en esta ciudad muchos años, sirviente 

del Dr. don Miguel Semir. 

18. Felipa Reyes, 40 años, casada con Anastasio Pinto, sirviente de don Miguel Se- 

mir, residente en Santiago muchos anos. 

19. Doña Agustina Lobo, soltera, nacida en Santiago, 23 años de edad, hija de don 

José Lobo i doña Dolores Morales. 

20. Filomena Lobo, 11 años, hija de los mismos. 

21. Carmen Lobo, 7 años, id. id. 

22. Juana Martínez, soltera, hija de Pedro Martínez i Antonia López, sirviente. 

23. Tres sirvientes de la casa de la señora doña Antonia Vergara, viuda de Valdez, 

calle de la Moneda, núm. 47. 

24. Doña Rosario Santos, viuda de Tobar, - 40 años de edad, propietaria, natural de 

Santiago. 

25. Señorita Teresa Santos, soltera, 25 años, hija de don José Santiago Santos i de 

doña Rosalía Cavieres, nacida en esta capital. 



Notas. — (4) Ha dejado encerrados los trastos que tenia; el dueño de casa se ha en- 
cargado de escribir a una hermana casada residente en Valparaíso. 

(9) Por mas enpeño que se empleó a fin de saber ios nombres de estas tres personas, 
solo se consiguió saber que al dia siguiente de la catástrofe otra persona sacó los trastos 
de la casa. 



— 132 — 

26. Lucía inórales, 80 años, viuda, natural de Santiago, cocinera. 
•27. Martina Arcaino, casad?, fio años de edad, venida Curicú. 

28. Amadora Prado, soltera, 15 años, nacida en C úrico, hija de José Agustín Prado i 

de Martina Areaino. 

29. M. Leonarda Olmedo, 20 años, casada, natural de San-Fernando, sirviente. 

30. Margarita Araya, soltera. 40 años de edad, sirviente. 

31. Primitiva Morales, niña de 11 años, nacida en Santiago, hija de Luis Morales i 

Juana Diaz. 

o2. Cayetana Castillo, casada, natural de Maipo, 60 años de edad. 

33. Manuel Jesús Duran, hijo de Agustina Duran, 15 años de edad, cantor de la Ca- 

tedral, nacido en Santiago. 

34. Mercedes Silva, soltera, 15 años, nacida en San- Fernando, hija de José Ignacio 

Silva i Margarita Martínez. 

35. Jesús Martínez, soltera, 32 años, nacida en Xancagua, lavandera. 

36. Señora doña Dolores Araya de Agtiirre, casada, nacida en los Andes, 18 años dé 

edad, hija de don Francisco Arava i de doña Antonia Arancibia. 

Asi, pues, el total de las personas muertas eu el l.er distrito de la 
4.a subdelegacion de Santiago, asciende a la suma de cuarenta perso- 
na?, — Santiago, diciembre 18 de 1863. 



Miguel de la Baera. 



Eltas del Canto. 



Nómina délas personas fallecidas en el incendio del templo déla Compañía 
i que vivían en el distrito 2.° de lá subdelegación 4* á 



Agustinas 
id... 

m . . . 

Peumo. 

id... 

id... 

id... 

id... 

id... 

id.. 
Huérfanos 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id.... 

id. . . . 

id.... 

id 

id.... 

id.... 
Cenizas . . 

id.... 

id... 

id.... 

id.... 

id.... 
Compa.fi i 



id.... 
id... 
id.... 
id.... 
id.... 
id.... 
id.... 
id.... 



NOMBRES 

DS LOS 

>UE£füS DE CASA 



KJ 



Josefa Saravia .... 

id. id 

id. id 

Jármen Urme éta.. 

<d. id... 

id. id 

id. id ; 

id. id 

Isidro Urzúa. . 

id id 

¡t. C; de Pf reirá.. . . 

Járiuen Luco 

.lariáña G«nzaiez. . 

id. id........ 

id. id 

H. id. ...... 

iVimas Reyes 

Franc. J . Mandiol h 

id. id 

Ambrosio Rodríguez 

id. id... 
Carmen Palazuelos 

id. id 

id- id 

Tránsit. Rojas de N 
'uan José Cañt.8 . 

id. id 

id. id 

id. id 

id. id 

Jo efa Moreno?... 

Rita Bravo 

id. id 

Enrique Maffei.. ., 
Dominaro S. Gortoi . 
Juana MariaCampoi 

id. id 

id. id 

José María de Se asé 
Id. id 



NOMBRES 
DE LOS FALLECIDOS 



fnaefa Saravia 

l'eiexa Ramírez 

rVane Donoso de Torre 

arla Pesoa..-. 

f«sefa Pesoa 

Petronila Pesoa 

Uarónila Gon-alez 

.íartina Nuñez 

Jármen ÍJrzúa 

J :r a Martínez 

Santos Ulloa 

Lorenza A'gomed>... 

Mariana Goh/.alez 

Juana González 

vía ría del Car. Herrén 

rVai- cisca Pérez 

Delfiua Hidalgo 

tílcira Mandiola 

Dominga García 

VIercedes Muñoz 

Luisa Vargas 

Dolores Lecaros 

\laria Coronado 

Petronila Tapia 

María López 

Maria Argora. de Cañai 

Luisa Ramírez 

Catalina Cañas 

Expquiel Cañas 

Juan José Caña* 

Manuela Castillo 

Rafael a 

'Vliciana Valdenegro . 

oseta Rojas 

rSenita Criburu 

luana Maria Campos . 

Santos Encobar 

>ant-iF Araya 

Paula Venegag 

Manuela Santibañez. . . 



Sirviente 
id.... 
id.... 

Sirviente 
id.... 
id.... 



sirviente 
id. 
id. 



LUGAR 

DBl> N 1CIMIENTO. 



■alltl g» 
id. 

id. 

NancagUí 



iuntiago 

d. 
Curicó 

id. 
Santiago 

Vd 

id 

id 

ía 

id 

id 

id 
Tálcá 
Santiago 
Mendoza 
Santiago 
Vo se sabe 
Rengo 

á «n-Fernando 
Santiago 

id 

id 

id 

id 

Copiíipó 
Rancagua 

id 
Talca 

S.-J'*an i'Rep -Ar 
Ran<-agua[ientiua 
Santiago 

id 

id 

r«cna ''Perú) 



Nota. — En la columna de las edades, la letra c quiere decir calculada, i la /fija.-» 
En la profesión u oficio la raya denota que el fallecido no tenia ninguno. 

Total de los fallecidos 40. 

Santiago, diciembre 24 de 1863, 

RAMON RIVERA JOFRÉ. ♦ 



— 134 — 



SUBDELEGrACION 8. a DE LA PEO VIDENCIA. 

Santiago, diciembre 30 de 1863. 

En cumplimiento de lo ordenado en la circular de US. de fecha 12 
del presente hemos procedido a levantar el censo de los personas desa- 
parecidas en el incendio de la. iglesia de la Compañía i han resultado 
las siguientes : 



NOMBRES I APELLIDOS, 



Olegaria Mujica. ... 

Marta .Til 

Carmen Donoso 

Rosalía Donoso 

Lorenza Bustamante 

Margarita Toledo 

Francisca Serrano. . . 



EDAD. 



30 años 

20 — 

20 — 

25 — 

26 — 
18 — 
13 — 



ESTADO 



Soltera 
id..., 
id... 
id..., 
id..., 
id..., 
id.... 



Profesión, 



Ninguna 
Sirviente 

id 

id 

id 

Dulcera. 
Ninguna 



LUGAR 
de nacimiento. 



Nancagua. , 

Apoqnindo...... 

Isla de Maipo... 

id 

De la costa 

Santiago 

Camino Tajamar, 



RESIDENCIA. 



Chacra de Mujica. 
Callejón de Pozo. 

id. 

id. 
id. 

Camino Tajamar, 
id. 



Dios guarde a US. 
Señor Intendente de la provincia. 



Domingo More!. 



— 135 — 

SUBDELEG ACION 12. a DE SANTA-ROSA, 
Lista de los que se quemaron en el incendio del 8 de diciembre de 1863. 



NOMBRES. 



Madree 
hija 



Cayetana Ponce . . 
Bernardina Galves 
Herma- ( Pascuala Reyes .. 

Ignacia Reyes .... 
Simona Guerrero 
Carmen Gallardo . . 

Ana Diaz 

Josefa Orellana .. 

Ju*na Ayala 

Carmen Valenzuela . 
Maria del T. Cortés . 
Pabla Venegas .... 

Herma- f Carmen Sa^s 

I José Saes 

' Cármtn Lobo 

Trinidad Orellana.. 
Carmen Gomales .. 
Francisca Ibarra .. 
Mercedes Ibarra. . . . 
Manuela Clavero .. 
Francisca Aliaga. . . . 
Manuela Espindola . 

Rosario Pino 

Ana Chaparro 

Maria Peña 

Rosa Peña 

Urzula Escobar .... 
Gabriela Escobar. . . . 



Total 



28 



Estado. 



Soltera. 

id* 

id. 
Viuda. 
Soltera. 
•Casada. 
Soltera. 
Viuda. 
Casada. 
Soltera. 
Viuda. 
Soltera. 

id. 

id. 

id. 

id. 

id. 
Viuda. 

id. 
Soltera. 

id. 

id. 
Casada. 
Soltera. 
Casada. 
Soltera. 

id. 

id. 



PATRIA. 



Nufioa 

Santiago.... 
Codegua.. .. 

id 

Rancagua. . . 

id 

Santiago.. .. 
Nancagua . . 

Ligua 

Santiago.... 
Melip'lla.... 
Santiago 

id 

id 

Rengo 

Talca 

Colchagua .. 
Santiago 

id 

id 

Curicó 

Santiago.. .. 
Taguatagua . 

Ma*po 

Coinco 

id 

Hda. S.-Agut. 
id 



Profesión. 



Costurera 

id 

id 

id 

Cocinera 

Sirviente 

Ningnna 

Sirviente 

Ninguna 

Costurera 

Lavandera 

Sirviente 

Costurera 

Peón 

Lavandera 

Costurera 

Lavandera 

id 

id 

Costurera 

id 

id 

Lavandera 

id 

Costurera 

id 

Ninguna 

id 



RESIDENCIA. 



Santiago calle v. de S.-Diego 



id id 
id id 
id id 
id de Nataniel 
id id 
id id 
id id 
id id 
id de Galves 
id id 
id de Güemul 
id id 
id id 
id id 
id id 
id id 
id de Huérfanos 
id vieja de San-D. 
id id 
id id 
en la Granja 
calle de Galvez 
id vieja de S.-Diego 
id id 
id id 
id id 
id id 



Santiago, diciembre 30 de 1863. 

JOSE CARLOS VALENZUELA. 



— £\ f) í\ tt PfS rs y>» ^ 



INDICE. 



PAJ 

ADVERTENCIA .* iv 

Reseña histórica del templo de la Compañía .... 3 

Relación del incendio de id 7 

El verdadero oríjen del fuego •• 47 

Demolición de las ruinas déla Compañía 48 

Decreto supremo que ordena efectuarla 53 

Episodios del incendio 54 

Los americanos del norte 64 

Circular del Iltmo. arzobispo de Santiago , 67 

Socorro a los huérfanos i desvalidos, acta de la primera reunión 69 

Honras oficiales en favor de las víctimas del incendio 72 

Oración fúnebre pronunciada por el presbítero Dr. don Mariano Casanova 

en la iglesia metropolitana , . . . . 73 

Socorros a los huérfanos i desvalidos recojidos posteriormente 83 

Consulado arjentino (pésame al supremo gobierno) 87 

Mendoza, acta i suscriciones levantadas en ese punto 88 

Monumento a las víctimas del 8 de diciembre 91 

Cuerpo de bomberos de Santiago, acta de instalación 94 

Cartas cambiadas entre el señor prebendado don Joaquín Larrain Gandari- 

llasi el señor Intendente de Santiago „ 98 

Nómina de las víctimas del incendio de la Compañía 108 

Censo oficial de los que perecieron en el incendio, con esplicacion de sus 

nombres, edad, estado, ocupación i nacimiento „.„.,.. 121